Foto: AP
Jackeline Rentería en el podio con la medalla de bronce que ganó en lucha en Pekín. Fue la segunda y última presea colombiana en los Juegos Olímpicos que terminan el domingo.
Por medallas y puntos el país mejoró de Atenas 2004 a las Justas que terminan este domingo. La evolución desde Sydney 2000 es estable, pero relativa.
Los resultados mandan en la alta competencia. Ese debe ser el primer factor para evaluar a Colombia en los Olímpicos de Pekín-08. Por la tabla de medallería se superó la actuación de hace cuatro años, pues una plata y un bronce valen más que los dos bronces de Atenas-04.
Así, la que termina este domingo es la tercera mejor Olimpiada del país, debajo de Sydney-2000, por el oro de la pesista María Isabel Urrutia; y de Múnich-72, por la plata del tirador Helmut Bellingrodt y los bronces de los boxeadores Alfonso Pérez y Clemente Rojas.
El Comité Olímpico Internacional contabiliza, además, otra tabla paralela: la de los puntos que les dan a los ocho primeros puestos de cada competencia. En los pasados Juegos, Colombia ganó 30 y ahora lleva 48.
Además, 67 atletas conformaron la delegación más grande del país para unos Olímpicos. En ella se invirtieron, en los últimos cuatro años, 21.000 millones de pesos jamás vistos para preparación.
Todo aquel que clasifique debe ir, así sus reales opciones sean reducidas o nulas. Hay quienes creen que a los Juegos solo deberían asistir los de reales chances de medalla o figuración y que no se justifica tamaña inversión para un par de preseas. ¿Será mejor no ir al Mundial de Fútbol porque ser campeones o semifinalistas es casi utópico?
El Comité Olímpico Colombiano (COC) tenía dos tipos de expectativas: unas públicas y otras privadas. En las primeras se declaró que el objetivo de participación era superar a los 54 atletas de Atenas-04 y que la meta era tres medallas en pesas.
Privadamente se esperaban llevar entre 70 y 75 deportistas y ganar al menos cinco preseas, para lo que tenían fe en diez nombres entre pesistas, ciclistas, tiradoras con arco, boxeadores y taekwondistas. Por eso, en la intimidad del COC, por un lado se habla con satisfacción de la evolución numérica, pero hay desazón, pues el botín pudo ser mejor.
¿Con quién podemos compararnos? Sería ingenuo poner al otro lado de la balanza a las superpotencias del primer mundo deportivo, como Estados Unidos o China; o incluso equipararse con España, Gran Bretaña, Cuba o Brasil. Por definición, el rival natural es Venezuela, a quien esta vez se superó por la plata de Salazar. Ellos solo obtuvieron un bronce, con un modelo político-deportivo ahora más parecido al cubano y con mayor capacidad económica.
Frente a los otros países del área andina, Colombia, en general, es superior, excepto por la brillantez del marchista ecuatoriano Jéfferson Pérez. Un parangón similar se da con Panamá, que ahora tiene un oro con el atleta Irving Saladino. Hasta con México, que en plena etapa de transición, ganó dos oros en taekwondo.
Los números demuestran que Colombia progresó desde el 2000. En 24 años, de Múnich-72 a Atlanta-96, Colombia ganó seis medallas. Ahora, en apenas ocho ganó cinco. Sin embargo, esa evolución tiene un crecimiento reciente relativo. De Sydney a Pekín, la cantidad de podios y medallas es similar (uno o dos). El ascenso en puntos olímpicos ha sido moderado, con totales dentro del mismo parámetro de rendimiento. Hay una mejora, pero no escandalosa (ver Colombia vs. Colombia).
Hoy, el deporte olímpico nacional es el levantamiento de pesas, basado en la contratación de un técnico extranjero de calidad: el búlgaro Gantcho Karouskov. Aquí estaba la materia prima. Gantcho, en 18 años de labor, la seleccionó y esculpió a campeones.
Las pesas demuestran que proyectar procesos específicos a mediano y largo plazos es una vía. Ese modelo ya lo usó el tiro con arco: se contrató al entrenador coreano Myun Park, y el equipo femenino ya existe para el mundo. En el boxeo, se tuvieron clasificaciones en los pesos altos, de la mano del cubano Jesús Martínez.
¿Por qué no imitar la fórmula en disciplinas prometedoras con grandes prospectos, como el atletismo de velocidad, en el que se llegaron a tener resultados alentadores con el equipo femenino de la posta 4x100?
¿Por qué no copiar el esquema para el tiro deportivo, disciplina que para Colombia desapareció? ¿Por qué no hacerlo en deportes de combate, que dan muchas medallas o en disciplinas como el bicicrós?
Eso es más viable que una reorganización total de la política deportiva estatal, para generar modelos parecidos al cubano -en el que el deporte es asunto vital de su política-, o al jamaiquino -que tiene una organización educativa desde los primeros grados de escolaridad para descubrir y formar a sus velocistas-. Además, la falta de capital hace que sobresalgan deportes individuales. Resulta menos costoso que preparar equipos de fútbol o béisbol.
Hubo progreso desde Sydney-2000, pero entre Atenas y Pekín, Colombia ha mantenido una evolución estable y relativa.
GABRIEL MELUK
Editor de Deportes
gabmel@eltiempo.com.co
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