Nico Rosberg y Lewis Hamilton, las 'flechas' de la F1

Nico Rosberg y Lewis Hamilton, las 'flechas' de la F1

Los dos pilotos de Mercedes ha peleado por el título de la categoría desde la primera carrera.

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Nico Rosberg y Lewis Hamilton, pilotos de Mercedes.

Foto:

REUTERS

26 de noviembre 2016 , 09:40 p.m.
Rosberg, con el alma combativa por ganar

La vida del alemán Nico Rosberg en la Fórmula 1 como piloto titular comenzó en el 2006, cuando, después de ganar el GP2 Series, se unió a la escudería Williams. Su idea era seguir los pasos de su papá Keijo Erick ‘Keke’, competidor durante varios años de su carrera en la Gran Carpa y ganador del título en 1982, a bordo de un Williams-Ford. Fue su inspiración y una imagen para emular. Por eso, a sus 31 años es una muestra de combatividad y no desfallecer, no obstante su edad. Hoy, en Abu Dabi quiere su primer título mundial.

Rosberg suma 204 carreras, con 23 victorias, 55 podios, 30 poles y 20 vueltas rápidas. Un historial envidiable para el líder de la temporada 2016 y quien espera, de una vez por todas, conseguir un título que colme de emoción a toda su familia.

“El deseo de mi madre era que me convirtiera en jugador de tenis; tenía algo de talento. Pero cuando estaba sentado en el techo del carro de mi padre en su última competición DTM, en Hockenheim, noté que ese era un momento decisivo en mi vida, porque entendí que lo que yo soñaba era convertirme en un competidor de carreras. Miles de personas estaban ese día animando a mi papá, y la recuerdo como una experiencia increíble”, le dijo el alemán a EL TIEMPO.

Rosberg se subió a un auto de F1 por primera vez a los 6 años. Aunque nacieron en Alemania, su familia vivía en Mónaco, por lo que Nico daría sus primeros pasos como piloto en las competiciones del sur de Francia. Temprano empezó a dar créditos: ganó la Liga Côte d’Azur en la categoría de 10 a 12 años. El año siguiente ganó el campeonato francés de la misma categoría. Esto lo llevó a la Fórmula A, y ahí también brilló. Los triunfos grandes estaban por llegar.

En 2003 y 2004, Rosberg participa en la Fórmula 3 Euroseries. En su primera temporada logró una victoria y el octavo puesto general; el año siguiente ganó tres carreras, lo que lo llevó a obtener la cuarta posición en el campeonato. Además, en la temporada 2005 fue también probador del equipo Williams.

Sus títulos más importantes se dieron Fórmula BMW Adac (2002) y el GP2 Series (2005), título que le valió su definitiva y deseada llegada a la F1.

Sin embargo, Nico Rosberg no ha sido el mayor protagonista en la Gran Carpa. Tuvieron que pasar 8 años desde su aterrizaje a la Fórmula 1 para poder subirse en el podio final. En su estreno en la categoría terminó en el decimoséptimo puesto y después ahondó entre los 10 primeros. Sufría mucho, no encontraba la mejor forma de su coche y asimismo no se daban golpes de autoridad.

“En cada fin de semana hay muchas cosas que pueden suceder y están fuera de tu control. Por eso lo que hay que hacer es centrarse en realizar tu trabajo de la mejor manera. Eso es lo que mejor me ha funcionado y el motivo por el cual siento que estoy más fuerte que nunca”, dijo el alemán.

Luego de estar durante dos años en la sombra del supercampeón Lewis Hamilton, en este 2016 se enfocó en que sería capaz de lograr ponerlo en jaque. Encontró el mejor ritmo y con los avances de la escudería Mercedes, encontró el rendimiento ideal para estar cerca de entregarle a la familia Rosberg el segundo título mundial.

Sin embargo, él es humilde, risueño y amable. Siempre que se acercan a preguntarle por su posible campeonato, él prefiere decir que su fórmula es el trabajo y disfrutar el automovilismo como cuando dio sus primeros acelerones.

“¿Soy el mejor piloto del año? Dejo que juzguen los aficionados”, respondió a este diario con la ilusión de una edad madura poder subirse al olimpo de la F1.

Hamilton, el piloto al que no le sirve ser segundo

Su frialdad como persona al expresarse ante los medios y técnicos de sus equipos muestra a un piloto calculador, que no deja nada al azar, lo que lo convierten en uno de los corredores más inteligentes de la historia de la Fórmula 1.

Lewis Hamilton, a sus 31 años de edad, tiene tres títulos mundiales, y su mensaje para todos los rivales siempre ha sido claro: “Soy el mejor campeón posible de la F1”.

Tras ganar el campeonato de las Series GP2 en el 2006, Hamilton debutó en Fórmula 1 en el 2007, con McLaren y al lado del español Fernando Alonso, que venía de convertirse, con Renault, en el doble campeón mundial más joven de la historia.

Entre el asturiano, que había llevado el ‘1’ a McLaren, y el talentoso debutante inglés no tardaron en saltar las chispas. Justo el tiempo que tardaron la prensa británica y Bernie Ecclestone en darse cuenta de que estaban ante el mejor producto posible para un deporte que es al mismo tiempo espectáculo, guerra industrial y, sobre todo, un gigantesco negocio.

El mundo del motor como deporte estaba ante un acto nuevo. Hamilton no solo era un corredor con muchas cualidades, rápido, feroz, sino que podía ser el primer piloto de raza negra en proclamarse campeón. Ese aspecto, en especial, atrajo a millones de seguidores. Era Lewis contra todos.

En sus primeros cinco grandes premios sorprendió: logró la misma cantidad de podios. Luego, Hamilton festejó su primer triunfo en Canadá, antes de repetirlo en Estados Unidos una semana después, en el último Gran Premio disputado en Indianápolis.

El piloto británico, que apuntaba a convertirse en el campeón más joven de la historia –plusmarca que ostentaba su compañero– se quejó ante los medios ingleses de que su equipo había favorecido a Alonso en Mónaco. Y a partir de ese momento, todo el asunto comenzó a írsele de las manos a Ron Dennis, jefe de equipo de esa escudería.

Fue entonces cuando todo se fragmentó entre Hamilton y Alonso. El británico llegó a la Gran Carpa para demostrar que no iba de paso, que no se conformaba con victorias de carrera, sino que su firme objetivo era convertirse en campeón una y otra vez; todos los años que pudiera. Finalmente, en ese año del debut se quedó con el subcampeonato, mientras Kimi Raikkonen se puso la corona.

Con Alonso lejos, el año siguiente Hamilton ya se convertía en indiscutible rey y señor de una escudería que afirmaba llevar “en la sangre”. Mejoró en uno los cuatro triunfos del 2007 y le ‘birló’ el título, ante su público paulista y en la última curva, al brasileño Felipe Massa, y lo superó por un punto.

Luego pasó a Mercedes, en donde tuvo malas temporadas. Sin embargo, Hamilton resistió más comentarios en su contra cuando acabó la temporada con solo una victoria. Y a partir de ahí demostró a los detractores de su cambio de equipo que los grandes equivocados habían sido ellos. El 2014 se convirtió en el primer año de la dictadura deportiva de Mercedes, que tomaba el testigo de Red Bull.

Asimismo, si un año atrás hubo lugar a dudas y se establecieron claras reglas internas de no agresión, el 2015 sirvió como confirmación definitiva de que el líder indiscutible de Mercedes es Hamilton, quien ganó su tercer título.

Ahora Hamilton no tiene techo. Él es el único que puede bajar sus récords, y por eso piensa siempre en ir adelante. Quiere seguir inmortalizando su nombre.

FELIPE VILLAMIZAR
Redactor de Deportes
En Twitter: @FelipeVilla4

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