¿Y si mañana le quitan sus derechos?

¿Y si mañana le quitan sus derechos?

Las minorías sexuales sienten el ‘totazo’ de las puertas que se les cierran, dice Laura Robles.

Laura Robles

Editora de Redes Sociales de El Tiempo

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Cortesía

22 de enero 2018 , 04:48 p.m.

Imagine que toma el riesgo de dejarlo todo e irse a vivir a otro país. Al principio las cosas marchan bien, consigue un apartamento en un lindo edificio, sus vecinos son muy amables, la gente lo ayuda a adaptarse a su nueva vida, obtiene un buen empleo y se enamora de alguien que tiene todo lo que usted soñó.

De un momento a otro, el Gobierno de ese nuevo país rompe relaciones con su tierra natal y hace que ambos pueblos se odien. Sale a la calle y recibe insultos, la Policía lo golpea, su jefe lo despide, le niegan el derecho a la salud, lo echan de su casa y ahora no consigue quien le rente un nuevo lugar. Por si fuera poco, le dicen que su pareja y usted deben separarse porque son de estados enemigos y no tienen derecho a casarse o vivir juntos.

Usted no entiende nada. ¿Le cierran todas las puertas solo por ser quien es?, ¿le niegan el derecho a amar a quien quiera porque usted es “diferente”? (ni siquiera se había puesto a pensar en que tuviese un “derecho a amar”), ¿le quitaron todas las oportunidades a usted, que no rompe la ley y que paga impuestos?, ¿lo volvieron un ciudadano de segunda? ¡Pero si usted no le hace daño a nadie!

Lo triste del asunto es que esta situación la han vivido sectores poblacionales en el pasado a lo largo y ancho del mundo. Solo hasta hace cincuenta años, gracias al caso ‘Loving versus Virginia’, el Tribunal Supremo de Estados Unidos acabó con la prohibición de las uniones interraciales en ese país y sentenció que el derecho al matrimonio era “uno de los derechos civiles elementales del hombre”. Estamos hablando de que hace medio siglo los negros todavía tenían prohibido por ley amarse con los blancos en 16 estados de ese país.

¿Qué situación parecida se vive en pleno siglo XXI? La de los miembros de la comunidad LGBTI. Tan similares son los panoramas, que desde 2013 en Estados Unidos se ha citado el ‘Loving versus Virginia’ en las discusiones sobre matrimonio igualitario en el país norteamericano. El sociólogo francés Frédéric Martel reseña en su libro ‘Global Gay’ que cuando los propios padres del expresidente Barack Obama se casaron, su unión era ilegal en varias partes de ese territorio.

Martel explica que, a raíz de su historia familiar, el primer presidente negro de los Estados Unidos cambió su tibia posición frente a la comunidad LGBTI y decidió asumir el asunto de los derechos de los gais como un tema de derechos humanos. A Obama esta pelea “le ha parecido poco a poco como la continuación lógica de la lucha por los ‘civil rights’ inaugurada por Martin Luther King”, detalla el académico.

En Colombia se sigue matando a la gente por ser 'marica'

Si nos vamos a Colombia, las minorías sexuales aún sienten el ‘totazo’ de las puertas que se les cierran en la cara. Claro, desde 2007 la Corte Constitucional ha dado pasos para disminuir la brecha de derechos frente a los heterosexuales. Hoy en día pueden tener una unión marital de hecho, recibir la pensión de su compañero permanente, adoptar y tener un matrimonio civil. Todo esto en el papel y sin el apoyo del Congreso que, por ejemplo, dejó vencer los plazos dados por la Corte Constitucional para legislar sobre la adopción igualitaria.

Sin embargo, la ONG Colombia Diversa asegura que ha “podido comprobar, entre funcionarios y entidades, prácticas encaminadas a negar o entorpecer el cumplimiento de los derechos reconocidos a las personas LGBT y a las parejas del mismo sexo en Colombia”.

Se debe sumar la discriminación aún imperante en el ámbito laboral, las zonas residenciales y los espacios públicos en general. Los prejuicios contra la comunidad dificultan la igualdad de acceso a oportunidades y propician la violencia hacia sus miembros. En Colombia se sigue matando a la gente por ser “marica”.

Cuando a usted, heterosexual, le hablan de derechos de los homosexuales, siente que no es de su incumbencia. Cuando se le pone el apellido ‘gay’ a matrimonio, adopción o cualquier otra palabra, inmediatamente la mayoría se desconecta del problema.

Cuando se le pone el apellido ‘gay’ a matrimonio, adopción o cualquier otra palabra, la mayoría se desconecta del problema

Tal vez una solución para que este tema pellizque a todos es cortar esa cola del lenguaje. Que comencemos a entender, como Obama, que esto es un asunto de derechos humanos, no de minorías. Que pelear por una sociedad donde todos tengamos garantizada una vida digna nos incumbe a todos y que amar también es un derecho, tal vez uno de los más importantes.

*Laura Robles es editora de Redes Sociales de EL TIEMPO. Este blog fue escrito exclusivamente para el reportaje 'A nadie le importó' de EL TIEMPO y GDA.

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