'Secuestrar' los medicamentos es un crimen

'Secuestrar' los medicamentos es un crimen

No se sabe cuál es el costo real de la investigación para la producción de los mismos.

18 de mayo 2017 , 10:49 a.m.

Los medicamentos de alto costo están “secuestrados” por un periodo de 20 años de acuerdo con el sistema de patentes reglamentado por la Organización Mundial del Comercio, según explica Germán Velásquez, consejero especial para Salud y Desarrollo del Centro Sur en Ginebra y ex-Director del Departamento de medicamentos de la OMS.

Este mecanismo hace que no sea posible producir las versiones genéricas de estos fármacos, lo que bajaría el costo a niveles de competencia. Al ser caros, los usuarios y los sistemas de salud pierden capacidad de acceso y la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se hace inalcanzable, según el experto.

Pero el gremio de las farmacéuticas internacionales tiene otro concepto. Gustavo Morales, presidente de la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos de Investigación y Desarrollo (Afridro), hay que tener claro el valor de las patentes: “Una patente es un declaración que hace el estado donde le dice a un particular, oiga señor particular, usted se inventó esta nueva tecnología y esa nueva tecnología es un aporte, es una innovación, y por lo tanto como usted hizo el esfuerzo de innovar yo le reconozco que durante unos años usted tiene el derecho a la exclusividad de explotar ese producto”.

Y agrega: “Hasta ahora es gracias a las patentes que las empresas farmacéuticas innovadoras logran recuperar la inversión de miles de millones de dólares que hacen para desarrollar nuevos productos y gracias a que pueden recuperar esa inversión pueden seguir haciendo nuevas innovaciones… “el día que haya un nuevo modelo que reemplace a las patentes y que no desestimule la innovación, pues bienvenido pero el mundo no se ha inventado un nuevo modelo”.

La postura de Afidro sobre los altos costos de los medicamentosEntrevista con Gustavo Morales Presidente De Afidro
Gustavo Morales, de Afidro

Gustavo Morales, presidente de Afidro

Los medicamentos son caros porque a estas alturas no se sabe cuál es el costo real de la investigación para la producción de los mismos. Lo que sí se empieza a conocer es que países que antes podían pagar por esas medicinas sin reparo alguno, como Francia y Estados Unidos, ya están protestando por casos como el sofosbuvir, para curar la hepatitis C.

Por ejemplo en Francia con el precio del sofosbuvir, solo el 1 por ciento de los habitantes podría permitirse tener hepatitis C según la ONG Médecins du Monde.

“Es la primera vez en la historia que el problema de acceso a medicamentos no es solo en el sur, también en el norte”, afirma Velásquez.

En otras palabras, el alto costo de los medicamentos es lo que ha hecho que diversas organizaciones en el mundo llamen la atención de países en vía de desarrollo para que se unan y busquen salidas.

Una de ellas es imponer licencias obligatorias a los fármacos de alto costo para producir genéricos. Velásquez dice “por qué no juntarse Chile, Brasil y Colombia y decir que van a hacer una licencia para producir sofosbuvir y punto”. Para las organizaciones civiles como Ifarma y Misión Salud esa es la salida, para el Ministro de Salud colombiano también lo es, pero resulta casi imposible.

“La forma como lo hicimos en Colombia (caso Imatinib y la regulación del precio de manera directa) creo que le ha mostrado a América Latina un camino distinto a esa vía tortuosa y compleja, casi imposible de las licencias obligatorias. Tanto así que la industria farmacéutica está viendo como una amenaza la forma como Colombia resolvió el problema, lo cual para ellos es incluso peor que las mismas licencias obligatorias, porque es más rápido obtener los mismos resultados”, dice el ministro Gaviria.

Otra de las salidas es la propuesta por Oscar Andia, de la ong Observamed, y consiste en que los estados, como el colombiano, corrijan la debilidad institucional al conceder todos los medicamentos que los usuarios exigen, sin que sea debidamente autorizado y validado por comités especiales de científicos. “En nuestro país se ejercita el derecho a la salud como en ningún otro latinoamericano, pero nadie defiende el sistema, nadie prueba la pertinencia del uso de los medicamentos más costosos”, dice.

Pero si bien son salidas, en la medida en que los países no se unan en torno a una lucha frontal contra los altos costos de medicamentos, los ejercicios no pasarán de ser eventuales y solitarios.

Mientras se bajó el precio de imatinib para controlar los gastos por un lado, por el otro 79.233 pacientes vivos con infección por VIH, cuya atención individual cuesta 4.7 millones de pesos al año (medicamentos de alto coso, laboratorios y seguimiento clínico, según datos del Minsalud, representaría 372.000 millones de pesos anuales.

Germán Holguín, de Misión Salud, dice que el camino a explorar es que los gobiernos apoyen la propuesta que ya hicieron 27 organizaciones civiles latinoamericanas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y es que el bloqueo al acceso a medicamentos genéricos necesarios para la salud y la vida, en la medida que se traduce en enfermedad, discapacidad y sufrimiento y en la muerte de 10 millones de personas anuales a nivel global y 700.000 anuales en Latinoamérica, sea considerado como un crimen de lesa humanidad, explica.

Pero en ello tampoco hay acuerdo: “Decir que esto es un crimen de lesa humanidad y dar una pelea de derechos humanos, de alguna manera puede ser menos eficaz que buscar otros escenarios que sean más propicios”, responde el ministro de Salud Alejandro Gaviria, con lo que también está de acuerdo Velásquez.

En el fondo y la forma hay desacuerdos, y mientras esto ocurra, las medidas para enfrentar a las farmacéuticas no dejarán de ser paliativos.

El divorcio entre las industrias biotecnológicos y genéricos
Alberto Bravo Borda

Alberto Bravo Borda, presidente de la Asociación de Industria Farmacéuticas de Colombia (Asinfar).

Foto:

Cortesía Asinfar

Alberto Bravo Borda, presidente de la Asociación de Industria Farmacéuticas de Colombia (Asinfar), tiene una postura dura contra el monopolio de los biotecnológicos. En entrevista con EL TIEMPO esto dijo:

El Ministro de Salud considera que en gran medida la crisis del sistema de salud se debe a los altos costos de algunos medicamentos, especialmente los biotecnológicos. ¿Usted qué opina?

El Ministerio de Salud y diferentes estudios señalan que buena parte de la crisis del sistema de salud colombiano obedece a lo que yo llamo precios abusivos de monopolio de algunos medicamentos derivados de las patentes y otras protecciones. En el 2015, por ejemplo, según Observamed, 10 productos biotecnológicos facturaron más de 750.000 millones de pesos, lo que ha llevado a una situación financiera insostenible.

Por ello es que resulta indispensable la competencia, el control de precios y el uso de las flexibilidades autorizadas en la normatividad internacional, como las licencias obligatorias, las importaciones paralelas, etc.

ONGs que manejan el tema de los costos de los medicamentos en Colombia consideran un crimen de lesa humanidad que la ciudadanía no acceda a medicamentos de alto costo o, en su defecto, genéricos para poder tratarse. ¿Qué opina?

En Colombia, el derecho a la salud de la población está consagrado en la Constitución como fundamental. De ahí que cualquier elemento que perturbe, impida o limite su acceso a los medicamentos, entre ellos los altísimos precios de un puñado de fármacos, lo consideramos como un atentado de primer orden contra la salud y la vida de los colombianos. Viabilizar y facilitar su acceso a los medicamentos es una obligación del Estado y de la sociedad colombiana que no pueden poner por encima de ese derecho los intereses comerciales de unas cuantas farmacéuticas multinacionales.

¿Se puede buscar un punto medio entre farmacéuticas que producen medicamentos de alto costo y tienen patentes y la industria de genéricos para beneficiar a la población?

La historia, tradición y accionar de las farmacéuticas internacionales me lleva a pensar que no es posible llegar a ese punto medio debido a su desmesurada ambición de ganancias. El mejor ejemplo es el del laboratorio estadounidense Gilead, que produce el sofosbubir para el tratamiento de la hepatitis C a un costo de 64 dólares, pero lo venden a 84.000 dólares, sí, 84.000 dólares, para un periodo de 12 semanas.
En promedio, de acuerdo con la Onudi, los países andinos invierten entre 1 y 2 por ciento del PIB en la compra de medicamentos. La misma organización dice que las importaciones de solo medicamentos biológicos en Ecuador y otras naciones andinas han crecido exponencialmente en el último lustro y ya representan el 30 por ciento de todos los medicamentos importados y advierte que esos productos son muy caros.

Lo que queda, entonces, es que, como en el sonado caso del imatinib, cuya marca comercial es Glivec, haya un más severo control de precios que el aplicado a este medicamento, utilizar las flexibilidades mencionadas y exigir la derogatoria del decreto 670 del Ministerio de Comercio, que, en lugar de facilitar el acceso de la población que necesita ese producto, le puso más trabas a la expedición de una licencia obligatoria.

¿Colombia con relación a otros países, cómo está frente al tema de medicamentos de alto costo en cuanto a precios y acceso?

La estrategia de precios de las farmacéuticas multinacionales es global. Así que no debe haber mucha diferencia en los precios fijados para Colombia y para los países vecinos, aunque en algunos casos son mucho más caros en nuestro país que en otros países de la región. En todo el mundo la población tiene serias e infranqueables barreras al acceso a medicamentos.

Por eso, y de nuevo, es necesaria la competencia, que para el segmento de los biotecnológicos son los llamados biosimilares, gracias a la cual los abusivos precios que imponen las multinacionales podrían caer hasta en un 60 por ciento.

El top de los medicamentos costosos que se suministran en Colombia

Juxtapid, disminuye el colesterol
El Juxtapid, que no estaba en el POS, es una medicina importada, producida por el laboratorio Valentech, reduce los niveles sanguíneos del colesterol ‘malo’ y se usa junto con una dieta baja en grasa. Vale $110’050.909 un frasco de 28 cápsulas de 20 miligramos.

Viekira Pak, para la hepatitis c
No estaba en el POS, es importado, lo produce Abbvie y se usa para el tratamiento de pacientes con el virus de la hepatitis C (VHC) crónica, e incluye a los que tienen un tipo de enfermedad hepática avanzada llamada cirrosis. Vale $30’694.384 la caja de 56 tabletas (28 días de tratamiento).

Remodulin, dilata las arterias
Medicamento no POS, importado, producido por United_Ther. Dilata las arterias y disminuye la cantidad de sangre que bloquea las plaquetas en su cuerpo. Baja la presión arterial en la arteria pulmonar que va del corazón a los pulmones. Vale $29’975.000.

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