Énfasis necesarios

Énfasis necesarios

Nancy Prada, coordinadora del enfoque de género del CNMH reflexiona sobre las violencias contra LGBT

Nancy Prada, coordinadora de Enfoque de Género de CNMH

Nancy Prada es una de las personas que más ha estudiado y analizado las violencias contra las personas LGBT, que se han dado en el marco del conflicto armado en Colombia.

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Cortesía CNMH

22 de enero 2018 , 04:47 p.m.

Cuando Margarita tenía catorce años, su familia todavía insistía en llamarle Marcos, todo porque había nacido con pene. Como si solo los hombres pudieran tener uno. Aunque no entendía por qué, Margarita se dio cuenta, desde muy niña, que todos los demás la veían como un niño, y que despreciaban sus esfuerzos por hacerles ver la verdad, sus esfuerzos por ser Margarita. Se reían de ella en la escuela. La insultaban en los caminos. Su madre rezaba en voz alta por la sanación del hijo que el demonio había poseído. Su padre intentaba componerla a golpes, y, como no pudo, la echó de la casa poco antes de cumplir 15 años.

Margarita estaba en séptimo grado, pero al colegio tampoco volvió, porque gastó lo que tenía en un pasaje de bus que la alejara de aquella familia dolorosa. No conocía a nadie en el nuevo pueblo. Por la carretera de entrada, los hombres le gritaban cosas desde sus carros. Le ofrecían algunos pesos a cambio de sexo. Durante un par de noches se resistió, porque sentía mucho miedo de hacerlo, pero a la tercera, cuando ya no tuvo más dinero y había calculado sus opciones, aceptó la propuesta de alguno. Aprendió rápido dónde pararse, cómo conseguir más clientes. Pensaba que aquello sería pasajero, intentó otras cosas varias veces, pero las puertas cerradas le enseñaron que no tenía mejores opciones. La calle, por su parte, era el único espacio para ser, así que Margarita se quedó.

Las violencias que han sufrido las personas de sectores sociales LGBT no comenzaron con la guerra, sino mucho antes, en su familia, en su vida cotidiana

La mitad de los clientes eran hombres de los camiones, que se estacionaban un rato y después seguían, que tenían sus esposas y sus hijos y sus vidas en otra parte; la otra mitad eran hombres del lugar, de los que andaban armados y cobraban las vacunas, que tenían ahí sus esposas y sus hijos pero que salían a veces a buscar travestis. A escondidas, claro. Nadie podía saber que, de noche, los machos andaban en esas, porque de día se dedicaban a limpiar el territorio de todo lo indeseable, a imponer castigos, a administrar los negocios. Uno en particular, el primo de El Patrón, buscaba mucho a Margarita. Le hacía regalos y promesas.

La muchacha acababa de cumplir dieciocho años la noche en que su amiga, otra travesti con quien se paraba cada noche en la carretera, la vio por última vez: se subía a la moto de uno de los hombres de El Patrón. Margarita no regresó esa noche, ni la siguiente. A su amiga le llegaron rumores, que coma callada, que así terminan las sapas, que tú vas a ser la siguiente, que te damos horas para irte, así que ella se montó al siguiente bus y se marchó.

El cadáver de Margarita nunca apareció. Muchos años después el hombre que se la llevó en la moto declaró que el Patrón la había mandado matar. Que la echaron al río.


Los esfuerzos de memoria histórica a lo largo del país han logrado rescatar del olvido cientos de historias como la de Margarita. Y junto a las historias de personas trans, historias de lesbianas, de gays y de personas bisexuales que, por ser quienes son, han sufrido múltiples formas de violencia en el conflicto armado. El Registro Único de Víctimas cuenta a la fecha más de dos mil declaraciones.

La naturalización de estas formas de violencia es tanta, que resulta necesario hacer explícitamente algunos énfasis:

  • Las violencias que han sufrido las personas de sectores sociales LGBT no comenzaron con la guerra, sino mucho antes, en su familia, en su vida cotidiana. Lo que hizo la guerra fue exacerbar las condiciones de violencia que ya existían.
  • Esas formas de violencia contra personas de sectores LGBT (las cotidianas y las de la guerra) están relacionadas entre sí. Los actores armados aprenden en la cotidianidad el desprecio hacia quienes son homosexuales o quienes hacen tránsitos por el género, y luego, amparados en su poder, pretenden aniquilar de los territorios esas presencias. Es posible trazar, entonces, una línea causal que va desde los discursos discriminatorios hasta los asesinatos.
  • Las violencias que sufren las personas de sectores sociales LGBT no terminan con la guerra, porque con el silencio de los fusiles no desaparecen las violencias cotidianas, las que ejercen los padres, las maestras, los colegas, las instituciones. Para estas víctimas, la única garantía posible de no repetición es la eliminación de la homofobia y la transfobia estructurales.
  • ¿Por qué los mismos actores armados que tenían relaciones sexuales con Margarita fueron los que la mataron? Todavía queda mucho por esclarecer.

* Nancy Prada es coordinadora del enfoque de género del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia. Este blog fue escrito exclusivamente para el reportaje 'A nadie le importó' de EL TIEMPO y GDA.

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