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Vecinos a la colombiana

Vecinos es muy Caracol porque tiene a su máxima estrella Robinson Díaz, se hace en tono popular y es una comedia fácil.

Pero hay una diferencia, esta vez es una producción un poco más cuidada en lo visual y con la fuerza de seducción de Flora Martínez.

La historia: sujeto popular y extrovertido y extravagante y chabacano y chistosín, por suerte del destino, se va a vivir a donde los ricos y, aunque no pegue en ese estrato y sea todo un inconveniente, todo le sale bien.

Tan bien, que sin saber cómo y de la nada enamora a la más bella, rica, tierna, billetuda y de buen gusto.

¿Le suena? Sí. Pedro, el escamoso, Los Reyes y ahora Vecinos.

Esto no tiene nada de extraño porque en televisión se cuentan siempre los mismos cuentos, porque el televidente quiere gozar con un placer conocido y disfrutar las variaciones de situaciones, tono, estilo y forma.

Los actores: Se cuenta con una bella que poco está en pantalla pero tiene el amor incondicional del público, doña Flora Martínez; siempre seductora.

El señor Robinson Díaz siempre les ha gustado a los televidentes, lo quieren y lo gozan. La buenona está en cuerpo de una mujer sexypopular como Sara Corrales.

Lo serio viene por Luis Mesa y la vena humorística la pone Fernando Solórzano.

La actuación: Toda la televisión colombiana se ha vuelto sobreactuada y más cuando es comedia; el señor Robinson y doña Sara abusan del gesto y la exageración, pero a la gente le parece bien y, es más, le gusta.

El exceso gestual y la poca búsqueda interior de los personajes parece que se volvió sinónimo de buena actuación televisiva. Por eso, emociona lo de doña Flora, porque se ve más dramático y sutil.

La clave del éxito de esta comedia está en que los personajes y las situaciones se parecen a las de por aquí, que sus chistes producen risa en estas comarcas, que genera identificación porque este taxista, estos arribistas, estas familias, estos vecindarios, esos cuentachistes y esas músicas dan cuenta de cómo somos los colombianos.

Poco importa que muchas veces todo parezca excesivo, casi grotesco y de pura montadera, porque así somos los de por aquí.

* * *

CNTV, ahora a pensar en los dos nuevos canales. La televisión colombiana se merece no solo un canal privado más, sino dos.

¿Por qué? Porque económicamente hay campo para más negocio; creativamente necesitamos más diversidad de formatos y contenidos; ciudadanamente requerimos más pluralidad en información, entretenimiento y referentes culturales; políticamente necesitamos más competencia en opinión e investigación; industrialmente estamos con productores y creadores independientes que necesitan dónde trabajar.

¡Son dos más, señores y señoras!

OMAR RINCÓN
CRÍTICO DE TELEVISIÓN
orincon61@hotmail.com

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