Flavor Flav reincide en una tercera temporada buscando la mujer de su vida.
Las nuevas temporadas de realities en los que famosos en decadencia o buscando más atención buscan el amor de sus vidas, deja en claro que el formato da pie para todo menos para una pareja estable.
La tercera temporada de Flavor of Love (que está emitiendo el canal VH1), revela que cuando se trata de armar parejas en la pantalla chica estadounidense, da entender que las anteriores etapas del show en que un cantante de rap buscaba a la mujer de sus sueños no ha dado resultado.
Lo mismo ha pasado con I Love Nueva York y Rock of Love, una clonación en la que una modelo busca el hombre de sus sueños y el ex vocalista de la banda Poison trata de encontrar el equilibrio emocional entre un grupo de posibles novias.
Pero lo cierto es que con cada final de temporada, luego viene la ruptura, las diferencias irreconciliables y la necesidad de volver a la pantalla para más que amor, exponer una lucha fratricida entre los protagonistas principales y los candidatos de este tipo de programas.
Mirando con un poco de atención el modelo, lo que importa es seguir el drama de los que quieren llamar la atención frente a las pantallas y a través de un romance casi dosificado en más de diez capítulos convertirse en estrellas de televisión.
Por eso, el éxito radica en definir finalistas que por el contraste de sus personalidades se conviertan en aliados y enemigos conforme pasan sus días de convivencia. Eso no es nuevo, pero los productores de estos espacios han entendido que no se trata de innovar sino de crear nuevos conflictos.
De ahí que se repiten las payasadas de Flavor Flave en su programa; el roquero Bret Michaels regresa con sus guitarra y sus motos tratando de desempolvar la fama de símbolo sexual que una vez alcanzó con la banda Poison, mientras que New York le sigue los pasos terminando con Tailor Made (un idilio que se vio recientemente en Colombia), para ahora sí, encontrar su media naranja.
Los espacios se construyen bajo un molde básico en el que todo sucede en una casa, hay algunas salidas a espacios abiertos para crear las situaciones con el protagonista y se 'adoba' con testimonios antes y después de las eliminaciones o cuando sucede algo imprevisto.
"No busco el amor en mi show, solo comprensión", dijo Flave en una entrevista en Ciudad de México, lo cual no deja duda acerca de su programa.
Sin embargo, en este formato pareciera que todos ganar: Bret, Nueva York y el mismo Flavor reciben una inyección de reconocimiento y los participantes (sobre todo los finalistas) hasta llegan a participar en otros realities o a firmar contratos para sus propios espacios en televisión.
No es gratuito que muchas de las mujeres que trataron de seducir a Bret Michaels hayan desarrollado una carrera en el modelaje. Lo mismo sucedió por ejemplo con Punk de I love Nueva York, quien firmó un contrato para conducir un programa deportivo. Los efectos secundarios se convierten en la mejor opción de un formato en el lo único que no trasciende es el amor.
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