He aquí una historia que tiene todo su potencial para ser interesante, generar suspiros, crear identificación y provocar complicidad.
Una que comienza donde todas las historias de melodrama terminan. Una que cuenta la reinvención de la mujer una vez la traición le llegó en forma de torpeza masculina y maldad de 'guasámpira'.
Lo mejor de esta nueva telenovela: la historia. La quiero a morir es una historia de reinvención de la mujer, en esto muy colombiana y vital espejo femenino; una historia buena. Se le cree, por ser común, porque se le ha vivido. Proponer el eje central en lo femenino convirtiendo a lo masculino en pura escenografía es otro hallazgo.
Pero, muy a lo Caracol, esta telenovela es poco cuidada en la realización, exhibe demasiado cliché y sobreactuación en los personajes, brilla por su exceso de chistín, que diluye el drama, documenta la poca dirección y promueve un ridículo grotesco popular.
Uno se pregunta: Con semejante historia que tienen, ¿por qué no tormársela en serio? ¿Por qué lo popular debe ser tan excesivo en su derroche de falta de mesura? ¿Por qué la señora mala debe hablar como travesti? ¿Por qué el señor mecánico dominado debe ser un chascarrillo? ¿Por qué Margarita Ortega debe jugar a ese sainete y no opta por construir un personaje?
La respuesta: A Caracol le funciona así. Si el rating aparece, poco importa la pobreza estética o la falta de incursión dramática en los personajes o establecer pequeños guiños de realidad. A Caracol le funciona que todo se vea como producción de pobre, que los actores sean los mismos en todas las novelas, que la comedia sea puro cuentachistes, que no haya dirección, ni actuación, ni realización. Le funciona así. ¡Uno debe ser el equivocado!
Caracol acierta en que la gente quiere ver telenovelas que se parezcan mas a Sábados Felices y sus cuentachistes que a dramas sociales o historias melodramáticas, en las que se tome en serio y con recurso lo popular, o haya iluminación narrativa o las actuaciones sean recursivas o que la cámara cuente. ¡Eso de la estética y el cuidado audiovisual no importa al televidente, que quiere solo reír!
La quiero a morir es una buena historia, porque habla de la mujer abandonada que debe comenzar de cero y, en ese drama, todos nos reconocemos. Hay libreto y con eso basta. Lo otro, la televisión con decoro, eso no importa. Caracol no piensa la marca, ni el largo plazo; le gusta el rating rápido y lo consigue. ¡El equivocado es uno!
OPINIÓN
ÓMAR RINCÓN
CRÍTICO DE TELEVISIÓN
orincon61@hotmail.com
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