Foto: Archivo particular
Tiffany Pollard, 'New York' (izq.) pasó de concursar en un 'reality' a tener su propio programa.
Los famosos que buscan pareja en televisión terminan solos, pero reimpulsan sus carreras.
La explosión de programas de telerrealidad en los que famosos en decadencia o buscando más atención buscan el amor deja claro que el formato da pie para todo, menos para una pareja estable.
La reciente emisión de la tercera temporada de Flavor of Love (El sabor del amor), que emite VH1, da a entender que las anteriores etapas del programa, en las que el rapero Flavor Flav buscaba novia, no han dado resultado.
Lo mismo ha pasado con I Love New York (Amo a Nueva York), en el que una modelo busca el hombre de sus sueños, y Rock of Love (Rock del amor), que muestra al ex vocalista de Poison, Bret Michaels, tratando de encontrar el equilibrio emocional entre un grupo de posibles novias.
Todos comparten la palabra 'Love' y también las rupturas después de cada temporada, así como las diferencias irreconciliables que llevan de nuevo a sus protagonistas a la pantalla. Analizando el modelo, importa más el drama de los que quieren volverse estrellas que el romance mismo, los conflictos de la competencia y el deseo predecible de los que concursan por convertirse en estrellas de televisión.
Por eso, el éxito no es el matrimonio como final feliz. Los productores prefieren mantener el truco de fomentar la pelea y las diferencias. "No busco el amor en mi programa, solo comprensión", dijo Flav.
En este formato -eso sí es cierto- todos ganan: los anfitriones reciben una inyección de reconocimiento y los participantes se abren espacio en otros programas e, incluso llegan a tener su espacio propio.
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