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Literatura sobre hechos históricos cada vez gana más espacio en el país

Cuatro escritores colombianos, que publicaron novelas de este género durante el año que termina, hablan del tema.

El 2008 fue un año hasta cierto punto generoso en la publicación de novelas históricas. El hecho de que varias de ellas aparezcan entre los libros más vendidos es estimulante, pero no es todo.

La novela histórica es un género que, por naturaleza, suele tomar distancia de las modas literarias, y esto hace más difícil su consumo.

En el 2008 vieron la luz El país de la canela (Norma), la segunda de una trilogía de William Ospina sobre la conquista de América; El hombre de diamante (Planeta), que completó una serie de Enrique Serrano y que habla de los primeros cristianos; Lara (Alfaguara) de Nahum Montt, que escudriña y recrea los hechos que rodearon el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla en épocas del  narcotraficante Pablo Escobar, y, por una línea más o menos similar a la de Serrano, apareció El Nuevo Reino (Planeta) de Hernán Estupiñán, novela premiada en España que aborda los asuntos de la fe en tiempos de la transición de la Colonia a la República en la Nueva Granada.

EL TIEMPO consultó la opinión de estos cuatro escritores, que sobrepasan los 40 años de edad, para saber cuáles fueron sus motivaciones y por qué resolvieron hacer de la historia su materia literaria.

Las preguntas:

1. ¿Por qué una obra que habla de hechos que aparecen tan lejanos puede despertar el interés de los lectores de este siglo?

2. ¿Qué tanto hay de contestatario en su obra?

William Ospina, 'El país de la canela'

1. Si bien los hechos pertenecen al pasado, la memoria es un hecho presente. Así como se dice que toda generación tiene que volver a traducir a los clásicos, también toda nueva generación tiene que volver a leer la historia, desde nuevas perspectivas y desde nuevas preguntas.

Toda literatura habla de su propia época, no importa cual sea su tema aparente, y en Memorias de Adriano, de Yourcenar, se habla de las preocupaciones de la Europa contemporánea, y, como decía Borges, la novela Salammbó, de Flaubert, que habla de Cartago en tiempos de las guerras púnicas, "es una típica novela francesa del siglo XIX".

2. Nuestra literatura presente interroga mucho sobre las violencias actuales, las violencias urbanas, de Colombia. A mí me ha interesado una suerte de arqueología de esa violencia, el   rastreo de sus orígenes.

Siento que las causas de la actual violencia colombiana, la riqueza que producen las drogas, los cultivos prohibidos, los conflictos por la tierra son muy semejantes a las que permitieron las violencias del siglo XVI, el oro, las piedras preciosas, las perlas y también la tierra.

Pero las rebeldías más importantes en un escritor son sus búsquedas con el lenguaje. Para mí lo fundamental de estas novelas de tema histórico es el esfuerzo por ver si nuestra lengua contemporánea, la que nos han dejado los grandes autores latinoamericanos de la época, es capaz de reconstruir a nuestros ojos una edad tan abigarrada como el primer siglo de la Conquista, y un mundo tan increíble como lo que era esta América hace cinco siglos.

Enrique Serrano, 'El hombre de diamante'

1. El hombre contemporáneo siente el extraordinario vértigo del pasado, una fascinación por el pasado, todas las épocas en las que se vivía y se percibía de un modo más lento y más apasionado.

2. Creo que el solo hecho de no seguir la moda, de determinar la época en la que uno escribe, es una prueba de rebeldía; pero ese salto en el tiempo supone necesariamente la complicidad del lector. En El hombre de diamante quise exaltar la época del primer cristianismo y tratar de ver una religión que hoy declina como un credo, por aquel entonces, joven y vigoroso.

Nahum Montt, 'Lara'

1. La distancia de los hechos la define el olvido, esa especie de caja negra en que se ha convertido nuestra historia y que la literatura pretende descifrar, reinterpretar, recrear. Lo curioso es que en esos hechos, en mi caso, el asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, se encuentran en el origen de muchos problemas que nos agobian en la actualidad y que aún no hemos podido resolver: la corrupción política, la impunidad, el poder del narcotráfico, la indiferencia social.

2. Más allá de posturas contestatarias o de rebeldía, en Lara prevalece una intuición estética  respecto de la historia y es que el presente se escribe con los restos y con las huellas del pasado. Si alguna función social tiene el escritor, cosa de la que aún dudo, es ver lo que otros no ven y contarlo lo mejor posible.

Hernán Estupiñán, 'El Nuevo Reino'

1. La fe no es un hecho contemporáneo ni un asunto de moda: es parte esencial del hombre. En la génesis bíblica, desde el Paraíso, Adán y Eva cuestionaron su fe, porque fueron dotados por el Creador de cuerpo, alma y espíritu en la visión trinitaria y perfecta de Dios. Creer o no es una opción que compete al hombre de todos los tiempos; por eso, Pablo de Tarso les dijo a los Corintios, en tiempos de los primeros cristianos, que los que creemos llevamos el aroma de Cristo para bien o para mal, en muerte para los que van a muerte y en vida para los que vamos a vida, porque la trascendencia del espíritu no es asunto menor que pueda mirarse con desprecio.

2. Quienes apelamos a la historia para hacer literatura somos inconformes. Soy un rebelde desde la fe: allí donde muchos niegan a Dios, yo lo reafirmo con convicción en mis novelas. En este sentido voy a contracorriente, aunque me digan loco. Cuando comenzó el ruido a raíz de la publicación de El Nuevo Reino, las mujeres de la casa, mi esposa y mi hija, me dijeron: '¿Cómo vas a hacer para defender a Dios desde la literatura?' Yo les respondí: 'Con el mismo derecho con que otros defienden ciertas posturas  desde su ateísmo, ese sí, religioso y grosero'.

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