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Cultura china: del comunismo al mercado

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Foto: AP

Aproximación de un experto sinólogo a la vertiginosa transformación que se podrá palpar en el contacto mundial de los olímpicos.

Es el 8 de agosto en la noche, la gran fiesta de los Olímpicos 2008: un estallido de fuegos artificiales iluminará el cielo de Pekín. "Un solo mundo, un solo sueño" es su lema. Sin olvidar la tragedia, atrás quedaron las lágrimas por el terremoto en Sichuan.

¿Cómo es el ambiente espiritual y cultural de China en el gran momento de las Olimpíadas? Empecemos por los cambios más externos: la moda, algo que en China obedece más a la transformación del modelo económico que a una transición de épocas. Parecería increíble compararlo con lo que se veía en la China de Mao: mujeres que en aquella época vestían holgados pantalones unisexo de uniforme color gris o azul se ven ahora envueltas en atrevidas y multicolores prendas de marca, mientras que hombres de altos ingresos andan trajeados a la occidental, la corbata, símbolo de su nueva estampa.

En barrios populares y en atafagados cruces de avenidas, la bicicleta y los trajes grises o azules son muestra viva de la gente que quedó atrás en el maratón del desarrollo. El ocasional asalto a nuestra vista de jóvenes de cabellos 'punk', de escandalosas tinturas, se aprecia más como una explosión pasajera que como una interiorización espiritual de lo occidental. Son raros los besos de parejas en las calles y en esto prima más que el veto del régimen, el puritanismo tradicional.

¿Y qué de las expresiones culturales y artísticas? ¡Cuánta agua ha corrido bajo los puentes en estas siete décadas desde cuando Mao escribió su célebre ensayo 'Foro de Yenán sobre Arte y Literatura'! Su guía era el realismo socialista; allí el líder chino afirmaba que en la sociedad socialista todas las formas de creación artística debían consagrarse a obreros y campesinos.

Fue durante la llamada revolución cultural (1966-1976) cuando las ideas de Mao tuvieron un efecto más contundente y destructivo sobre la creación artística. En ese 'decenio de caos' sólo se podían ver las denominadas 'cuatro obras modelo', entre las que se contaban un ballet titulado 'La muchacha de los cabellos blancos' y dos dramas: 'La Linterna Roja' y 'El asalto a la guarida del tigre'. Más absurdo aún: la centenaria Ópera de Pekín fue proscrita al ser calificada, junto con los libros de Confucio, como un producto feudal.

¡De qué modo ha cambiado China desde entonces! Si en economía y tecnología los chinos han asimilado, transformado y devuelto a Occidente gran parte de lo que de allí recibían, en cultura se observa algo también singular: literatos, pintores, músicos, por más occidentalizados que parezcan, se niegan a prescindir de la herencia cultural. Hacerlo sería un salto al vacío de catastróficas consecuencias.

Suele afirmarse que las reformas iniciadas por Deng Xiaoping son el único ámbito de la transformación.

Es parcial e inexacto en lo que se refiere a las expresiones artísticas. Sigue habiendo una línea oficial del Partido Comunista sobre los campos creativos pero, a diferencia de los tiempos de Mao, es más retórica que práctica, algo así como la receta confuciana cuyo rótulo prohíbe algo y, sin embargo, no impide su consumo.

Las artes plásticas y el cine en especial vienen gozando de un clima de mayor libertad y, aunque en menor grado, también la literatura vive un momento floreciente.

Para que la nueva pintura china se impusiera se ha requerido de condiciones especiales como los esfuerzos de coleccionistas como el ex cónsul de Suiza en China Uli Sigg y el acceso a casas de subastas como Sotheby's y Chistie's. Los nuevos pintores buscan afanosamente formas de expresión originales, pero antes de encontrarlas han tenido que digerir en tiempo récord todo cuanto a los extranjeros les costó siglo y medio: expresionismo, surrealismo, cubismo, Miró, Picasso...

El primer Premio de Arte Contemporáneo chino de 1998 conectó a los artistas plásticos con el vanguardismo europeo; luego accedieron a la Bienal de Venecia y por ese mismo camino, a los grandes centros del arte en Occidente. Vinieron en 1999 dos grandes exposiciones de arte chino contemporáneo en E.U. que despertaron el vivo interés del más prestigioso historiador del arte chino antiguo, Wu Hung, catedrático de Harvard. Los pintores chinos siguen vinculados al mundo real y se aferran a lo figurativo.

Pugnan por escapar de múltiples cargas: la herencia de la estética maoísta, la larga historia del país, el impacto de la moda, la presión del mercado internacional, etc. Sin embargo, el arte chino hoy es en general sorprendentemente auténtico. A diferencia del pasado, hoy se pueden describir lados oscuros de la vida.

Atención merece el nuevo cine chino, en el cual se observan dos tendencias: la primera, con cierto sabor del neorrealismo italiano, del cine expresionista, ingenuo y testimonial, de un Zavattini o un Visconti.

Quien mejor la representa es el director Zhang Yimou en su primera etapa. La trilogía compuesta por 'Sorgo Rojo' (1987), 'Ju Dou' (1990) y 'La linterna roja' (1991) lo lanzaron y al cine chino al estrellato al obtener, las dos últimas, premios en Cannes y Venecia y ser nominada al Oscar la primera.

Las autoridades culturales han mirado siempre estas obras como productos para el mercado extranjero, divorciadas de la realidad china. Pero conscientes de que el genial cineasta ha disparado a nivel internacional el prestigio del cine chino, lo nombraron director de la parte coreográfica y ceremonial de los Olímpicos. Dejándose llevar por su mundo interior lleno de imágenes, en su segunda etapa Zhang incursiona en el cine como espectáculo y crea 'Héroe', película en la que se despliegan en toda su fantasía las artes marciales chinas.

Esta nueva tendencia lo acerca a Hollywood, pero lo distancia de la crítica de cine china, que, como en la pintura y la literatura, se mantiene fiel al concepto de que el arte debe tener bien plantados sus pies en la realidad.

¿Y la literatura? Sólo a partir de la política de reformas y apertura de la década del 80, a los chinos les llegó, en una especie de catarata, la novelística de Borges, seguida de la de Rulfo y poco después, de García Márquez. Ahora, se encuentran saciados del llamado 'realismo mágico' y miran ante todo a la narrativa de E.U. y Europa.

Alrededor de 1980, impulsada por el movimiento de emancipación ideológica, la literatura alcanzó una prosperidad nunca vista. Los colosales cambios en la vida del pueblo penetraron como un torrente en el área literaria. Se produjo una identificación entre la demanda objetiva de la época, la aspiración de los lectores y el sentimiento de los autores. Son ya cosa del pasado los tres realismos: socialista, crítico y mágico.

Lo que se abre paso son las historias de caballeros andantes, expertos en artes marciales, las aventuras de magia y las novelas de amor en las que no puede faltar el sexo explícito.

Muchos de los nuevos narradores se inician a través de los blogs y páginas web, donde alcanzan una notoriedad mayor que la de sus colegas en otras partes. Los narradores han puesto de moda el relato de sus experiencias sexuales en primera persona, como es el caso de Wei Hui, la novelista de 'Shanghai Baby', que en su obra elabora un coctel de sexo, drogadicción y amoríos con extranjeros.

Un novelista más serio, que suena para Nobel, es Mo Yan, conocido como 'el Kafka chino', autor de 'Grandes pechos amplias caderas', obra que retrata la historia de su país en el siglo XX, marcada por la penuria y la guerra. Están de moda blogs y e-books a través de los celulares. Los chinos, entre quienes se cuentan 300 millones de internautas, son mucho más adictos a los medios electrónicos que los occidentales.

Una moda entre enamorados es escribirse poemas como mensajes de texto. A diferencia de artistas y escritores en Occidente, los chinos no son tan sensibles a temas como derechos humanos, libertad de expresión, ejercicio de la democracia. Allí, a la literatura se la percibe más como divertimento, como un escape al estrés cotidiano.

2008, Pekín, Olímpicos, algo que Mao nunca imaginó. Deng Xiaoping estuvo mucho más cerca de este sueño. Mao se estremecería hoy, tal vez afirmaría de nuevo su vocación rebelde ante la visión de esta nueva China de mujeres de magnates sentadas al timón de descapotables Ferraris, sus muñecas abrochadas por relojes Cartier y unos hijos únicos ('pequeños emperadores'), a quienes sus padres les exigen tanto que, después de clases de inglés y piano −símbolos de estatus en esta nueva época-, caen rendidos sobre sus lechos.

No obstante, algo de lo cual son conscientes los chinos es que todo lo que poseen no lo tendrían sin la epopeya de Mao para devolverles su dignidad.

En el siglo XVIII, el también revolucionario filósofo francés Voltaire afirmó que no había existido en la historia de la humanidad un pueblo como el chino, que en el transcurso de más de 4 mil años no cambiaba un ápice. ¿Qué diría si viviera en el XXI? "China está cambiando" no es solamente una frase que por todas partes se repite, es una verdad contundente y comprobable en todos los ámbitos. Incluso tragedias como el reciente sismo en el noroeste revelan cambios profundos en la percepción y la mentalidad china, que hoy se muestra más abierta, más dada a comprender.

Cifras gigantes

China es el tercer productor de cine mundial. Más de 200 películas en 2007, cifra que la puso detrás de E.U. e India. Los cines de todo el país acumularon una taquilla de US$ 250 millones en 2007.

China "es el mercado de libros más grande del mundo". Según el New York Times, sólo una librería de Pekín, la Book City, cuenta con 230 mil volúmenes. En 2007 la venta de libros llegó a US$ 8 mil millones, la quinta parte del mercado estadounidense (US$ 40 mil millones). Con un ingreso per cápita 30 veces menor que el estadounidense, China tiene un mayor consumo de libros por habitante.

En 2007, de los 171 mil títulos en China, 100 mil eran nuevos. En total, ese año se imprimieron 7 mil millones de ejemplares. Para atender ese mercado hay 568 editoriales controladas por 80 grupos, propiedad del Estado.

China posee más de 2.300 museos con cerca de 20 millones de objetos expuestos, tuvieron más de 180 millones de visitantes en 2007.

En China se venden cerca de 97 millones de diarios al día.

A finales de 2005, China tenía 3.700 bibliotecas públicas de nivel provincial, con cerca de 430 millones de volúmenes.

China se convirtió en 2007 en el país con mayor número de usuarios de internet, con 271 millones de internautas.

POR ENRIQUE POSADA CANO Director del Observatorio Virtual Asia Pacífico de la U. Tadeo Lozano: www.utadeo.edu.co/asiapacifico

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