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País Para Armar

Nuestra sociedad está atravesando por una crisis devastadora. Instituciones desmanteladas, muchos frentes de guerra, moral evanescente, economía guerrera, dependencia de una potencia imperial, política corrompida, sistema político desmoronado... Pero, sobretodo, la falta de fe  en nosotros mismos, de confianza en nuestro potencial, de capacidad de construcción de un mundo amable para todos. Ante semejante panorama, es necesario superar nuestra propia conciencia disminuida y  pensar en grande (lo cual raras veces hemos hecho). Es fundamental plantearse un propósito nacional robusto, viable y de largo plazo.

Pero ¿cuál sería un punto de partida? Los partidos políticos siempre plantean propuestas de muy corto plazo, basadas generalmente en un modelo económico que se concreta en unos cuantos puntos que se convierten en un programa de gobierno. En contraste es necesario plantearse un programa de país. Dentro de lo que podríamos llamar 'programas de país' quisiera referirme a uno en particular que puede transformar la conciencia nacional si se afronta desde el corazón mismo de lo que puede significar. Me refiero a lo que se ha dado en llamar proyectos de investigación e innovación, o de ciencia, tecnología e innovación. O de 'construcción de conocimiento'.

En este momento se presentan una serie de oportunidades interesantes, pero a mi juicio su éxito o fracaso depende de la manera como se aborden. Cursa en el Congreso un proyecto de ley de ciencia y tecnología que busca plantear la construcción de conocimiento como el eje del desarrollo. Esto llevaría o a un ministerio de Ciencia y Tecnología o a un Departamento Administrativo de la envergadura del Departamento Nacional de Planeación. Es decir, con iguales facultades.

Naturalmente, la idea misma de eje de los modelos de desarrollo implica lo que algunos llaman "transversalidad", que significa que todos los ámbitos del quehacer estatal deben tener componentes de construcción de conocimiento, entendida como investigación e innovación.

Eso no es todo, porque esto debe trascender la política y el quehacer del sector público. Se buscaría que el mundo empresarial y la sociedad en general tenga también una fuerte componente de desarrollo de conocimiento, es decir, nuevas iniciativas, creatividad, capacidad de adaptación a un entorno cambiante, y capacidad de asumir riesgos.

El mundo empresarial colombiano es peculiar, por cuanto el 99% de las empresas colombianas está compuesto por las llamadas MIPyME (Micro, Pequeñas y Medianas Empresas). De estas, la gran mayoría son muy pequeñas microempresas (de uno o dos empleados cada una). La gran empresa representa alrededor de 5000 unidades productivas. Pero es precisamente este gran número de MIPyME, donde se refleja la capacidad de empuje de muchísimas personas y grupos de personas, donde está el gran potencial del país (como en todos los países).

Otro ámbito donde es necesario reforzar enormemente la capacidad nacional es en el propio de producción y reproducción de conocimiento, cual es el sector educativo e investigativo. El punto fundamental consiste en generar una auténtica capacidad innovadora. Despertar en las personas y los grupos su capacidad creativa, su confianza en sus capacidades y sus habilidades para aprender y aprovechar el aprendizaje en sus prácticas.

Aquí se impone mencionar un elemento que está en la base de la crisis actual. El desprecio nacional por la persona humana. Este no solo se ve en la consabida violencia cotidiana de todo tipo, sino en nuestro sistema excluyente e inequitativo. Es decir, tenemos que comenzar por construir una ética nacional, basada en el "compromiso con el otro". Si bien esto puede sonar utópico en las condiciones actuales, hay una oportunidad interesante en dos situaciones de  política pública: la primera es el desarrollo de contenidos en el sistema educativo. La segunda, el fortalecimiento de la cultura.

No podemos continuar pensando con la lógica lineal de que se necesita ciencia y tecnología y por lo tanto hay que enseñar matemáticas y física a los niños. El ser humano requiere una educación que le permita encontrar elementos para dar sentido a su vida. Y el sentido vital reposa en dos pivotes fundamentales, cuales son, la propia realización de las potencialidades (los talentos, los gustos, la pasión creadora), y la capacidad de "construir mundo con los demás". Tanto el sistema educativo, como lo que podría llamarse "sistema cultural" son espacios donde se forma la persona, es decir, el ser social, y no deben mirarse como espacios exclusivos y excluyentes, sino también como espacios que se filtran en todos los ámbitos del quehacer humano. La familia, el trabajo, el deporte, lo lúdico, los grupos de amigos.

 Todo lo mencionado atrás, naturalmente en forma muy sucinta, apunta a la necesidad de lo que algunos llamarían la "construcción del hombre nuevo", pero creo que mas bien se diría la capacidad de extender a toda la población lo que en este momento tenemos algunos privilegiados, cual es el acceso a una educación integral, la capacidad de articular la cultura con nuestras vidas, y por ende la capacidad de construir hábitats deseados y deseables. También creo que el error es pensar que esto es lo que sigue a mayor generación de riqueza. Mas bien creo que estos elementos de "infraestructura humana" básica preceden la generación de riqueza cuando contamos con un Estado bien diseñado.

En días pasados, Colciencias, el Ministerio de Educación y El Departamento Nacional de Planeación organizaron un seminario internacional sobre ciencia, tecnología e innovación. Allí se generaron muchas y muy interesantes reflexiones sobre la forma como podemos construir el entramado que nos permita ser una "sociedad del conocimiento" que no es otra cosa, en mi sentir, que una sociedad de personas y grupos autónomos y reflexivos, es decir, con capacidades de aprender a aprender y aprender a articular su aprendizaje con su hacer y con su interactuar con otros.

En este encuentro, donde participaron representantes de varios países, para presentar sus modelos nacionales de desarrollo de capacidad de construcción de conocimiento, me llamó la atención el consenso que existe en estos países, y que se puede resumir en una frase traída a cuento por Judith Sutz de Uruguay: "quizá el requisito mas importante para tener una sociedad innovadora sea tener una sociedad justa".

Un ejemplo muy interesante es el de Corea, que pasó de estar hace 30 años al nivel de los países latinoamericanos mas atrasados (como el nuestro) a ser muy desarrollado en términos de productividad y de competitividad mundial. Pero, si bien con una estructura política bastante cuestionable por su autoritarismo, lograron algo que nuevamente refuerza el argumento anterior: una sociedad muy igualitaria.

¿Por qué el requisito de construir una sociedad igualitaria, es decir, una sociedad donde todas las personas tienen acceso a recursos y servicios que se consideran esenciales para ejercer su humanidad se considera esencial para sobrevivir como sociedad?

Precisamente porque las propuestas que se han dado en nuestro país son del tipo de  "como sobrevivir manteniendo la desigualdad". Esta propuesta es sencillamente inviable. Usando el indicador Gini, por ejemplo, que muestra sólo concentración de la riqueza, Colombia es el país mas inequitativo de nuestro continente que es campeón mundial de inequidad. Ahí reposa el misterio de por qué América Latina no despega. Es bastante obvio: no puede despegar sin gente capaz de empujar.

Naturalmente no es solo cuestión de educación, al menos como esta se ha entendido tradicionalmente. Ni la educación es solo cuestión de cobertura (en lo cual también estamos mal). Para mi lo esencial de la educación está en la capacidad de construir confianza: en las propias capacidades, en los demás, en el conocimiento. Y ello puede hacer necesario generar políticas contraintuitivas. Mao en China propuso por mucho tiempo cerrarse a la ciencia y tecnología foráneas para generar confianza en las capacidades propias con los recursos disponibles. Generar al máximo la capacidad de "rebusque", tan despreciado en nuestra economía. Y del rebusque lo fundamental es la capacidad de tener tanta confianza en uno mismo, que rompe el fetichismo de la tecnología de "caja negra", rompe el juguete y lo arma como le conviene. Y se maravilla, se goza en su propia capacidad de inventiva.

De igual manera, el "credo" industrial coreano es del tipo "invertir en capacidades tecnológicas propias (aunque la tecnología foránea sea mas barata) para poder recoger los frutos de la auto confianza".

Nos podríamos extender en ejemplos de este estilo. Las elucubraciones anteriores apuntan a mostrar algunos elementos de la complejidad de los asuntos referentes al conocimiento, a la construcción del conocimiento y a la sociedad del conocimiento.

No podemos improvisar sobre ello, este es un asunto medular para la reconstrucción del país, y es necesario que estemos alerta a las oportunidades que se nos presentan: una ley robusta, un Conciencias fortalecido, cada vez mayor interés por estos temas en todo el ámbito educativo y cultural, son apenas algunas de ellas. A todos nos toca el reto de contribuir.

ERNESTO LLERAS
Profesor Universidad de Los Andes

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