Los hombres y mujeres de los que hablan las fotos, videos, grabados e instalaciones de 15 artistas latinoamericanos sufren la desgracia de habitar ese abominable universo,
Por eso, Laurel Reuter, curadora del Museo de Arte Moderno de Dakota del Norte (E.U.) y quien concibió y armó esta exposición, la llamó 'Los desaparecidos', sin rodeos.
Al fin y al cabo, como dice ella misma, los gobiernos de América Latina le cambiaron el sentido a la palabra desaparecer. "Fue redefinida durante las dictaduras latinoamericanas del siglo XX. Se convirtió en un verbo transitivo que describía a aquellas personas que eran consideradas una amenaza para el Estado y que eran secuestradas, torturadas y ejecutadas por sus propias fuerzas militares", dice ella.
El resultado del acercamiento a esta tragedia es digno de ser visto por la carga informativa y reflexiva, y por la poética de sus imágenes.
No en vano The New York Times calificó esta exposición como "la muestra más poderosa de arte contemporáneo, político o de cualquier clase", cuando fue abierta en el Museo del Barrio, en Nueva York.
Aunque parezca raro, muchos estadounidenses, como Reuter, desconocían el tema. La curadora lo descubrió en cuanto empezó a familiarizarse con artistas de la región. "Vi que trabajaban con contenidos fuertes y empecé a entender cómo gobiernos de mi país habían apoyado a esos dictadores", dice y añade que en E.U. no se habla casi del tema. Entre los artistas están los colombianos Juan Manuel Echavarría, con un maniquí carcomido por el tiempo, como una reflexión de la violencia colombiana, y Óscar Muñoz con sus obras 'Aliento' y 'Proyecto para un monumento a la memoria'.
"Muchos de los artistas han sido perseguidos, exiliados o perdieron a sus familias y vivieron la desaparición", explica Reuter. Por eso, las obras tienen fotos reales, objetos alegóricos, recuerdos o involucran a comunidades, pero todos con una intervención que los lleva más allá de lo documental y que, incluso, ha servido para reencuentros.
El esqueleto de una bandera
Por años, el chileno Arturo Duclós recolectó fémures que conseguía con estudiantes de medicina o por donaciones. Con estos huesos hizo la bandera de su país. "Quise hacer una obra que pudiera recoger en sí misma el símbolo que identifica toda una nación, la bandera, y adherir a ella el signo de otra identidad que marcó nuestro destino durante tres décadas", dice.
Un lento desaparecer
El periodista argentino Luis Guagnini desapareció el 12 de diciembre de 1977, cuando su hijo Nicolás tenía 11 años. Por ser un famoso comentarista político, lo mantuvieron varios días con vida. En la exposición, su hijo Nicolás presenta una instalación con el rostro del papá, que desaparece despacio mientras quien la ve camina a su alrededor.
Amigos que ya no están
Marcelo Brodsky se fue a vivir a España en los 80. A su regreso vio que muchos de sus amigos habían desaparecido o marchado. Hizo una reunión con los que aún estaban y les tomó una foto. Luego usó una imagen de sus compañeros en el Colegio Nacional de Buenos Aires, captada en 1967, y les puso un comentario sobre su destino, al margen de cada rostro: "Erik se hartó, vive en Madrid"; "Ana se fue a vivir a Israel hace 20 años"; "Jorge la pasó muy mal y eso lo jodió"; "a Claudio lo mataron en un enfrentamiento". Del colegio desaparecieron 105 compañeros.
Un perfume que no se quita
Luis Camnitzer es uruguayo. Durante la dictadura viajó a Nueva York, pero casi todos sus amigos fueron encarcelados y torturados. Como artista realizó grabados con las situaciones que sabía que sus amigos vivían. Manos, pies, fragmentos que cobran sentido cuando les agregan pequeñas frases. Como la de la foto ("practicaba todos los días") o la del dedo con un cable eléctrico que dice "su fragancia permaneció en el aire", como una referencia al perfume que llevaba una torturadora.
Ella se parece a mí
Hay una obra que tiene menos fotos que cuando fue expuesta originalmente. 'Identidad' es un trabajo colaborativo de 13 artistas en el que exponen las fotos de padres desaparecidos de niños en gestación, junto con 132 espejos. Como se sabe, durante la represión militar en Argentina, muchos de esos niños fueron entregados a militares argentinos que los educaron. "Hay tres obras menos porque en una exposición algunos de los que asistieron eran hijos de desaparecidos que al ver las fotos y verse en el espejo, reconocieron a sus padres", dice Laurel Reuter y concluye: "A veces el arte es poderoso".
Exiliado en un camión
Fernando Traverso se dedicó a auxiliar a comunidades pobres durante la dictadura en Argentina. Ayudó a montar un puesto médico y enseñaba a leer. Se comprometió tanto que llegó a imprimir documentos falsos para liberar a colegas detenidos. Él conformaba un grupo que solo se reconocía porque sus miembros andaban en bicicleta, y por sus códigos.
Cuando empezaron las desapariciones se convirtió en ayudante de un camionero, porque no tenía dónde esconderse. Cuando pudo volver a su ciudad, Rosario, 29 de sus amigos habían desaparecido junto con otras 350 personas.
Traverso pintó 350 bicicletas en los muros de Rosario. Luego las fotografío, las volvió postales y le pidió a la gente que pintara bicicletas en una tela, se tomaran una foto con ella y se la enviaran. En el MamBo están las fotos y 29 imágenes fantasmagóricas de bicicletas, que recuerdan a sus amigos desaparecidos.
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