Después de constituirse como un instituto único en el mundo en materia de lenguaje y cultura, el Caro y Cuervo del siglo XXI supera los obstáculos y se reinventa para enfrentar nuevos retos.
Sesenta y seis años de historia dedicados al estudio de la filología, la lingüística, los estudios literarios y la divulgación de la cultura colombiana hacen del Instituto Caro y Cuervo un referente claro a la hora de relacionarlo con un idioma hablado por más de 400 millones de personas en el mundo: el español.
Considerado por muchos como el instituto de investigación lingüística más importante del mundo, el Caro y Cuervo, de la mano de su actual directora Genoveva Iriarte Esguerra, empieza a ver la luz después de atravesar periodos de espesa neblina, ventarrones, lluvias y remolinos semejantes a los de un tsunami y que estuvieron a punto de hacerle perder el rumbo. Ahora, con una reestructuración que abarca sus principios fundamentales al tiempo que conserva su tradición, se proyecta hacia un futuro de nuevos retos y se consolida en un presente de puertas abiertas.
Fundado por el Gobierno colombiano en 1942 mediante la expedición de una ley que buscaba continuar la construcción del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, así como cultivar y difundir los estudios de quienes fueran los grandes filólogos colombianos del siglo XIX, Rufino José Cuervo y Miguel Antonio Caro, el Instituto estuvo cobijado por el Ministerio de Educación hasta la llegada de la Constitución de 1991, cuando, bajo los preceptos de pluralidad y multiculturalidad pasó a ser una dependencia del Ministerio de Cultura. Actualmente es uno de los cuatro institutos adscritos a esta cartera, y además de contar con un consejo directivo conserva su autonomía administrativa y financiera.
Premios y publicaciones, una biblioteca con más de 180 mil volúmenes y una imprenta artesanal en donde los libros aún son elaborados bajo la magia de la tipografía, permanecen invariables como fundamento de la institución. Reconocimientos como la Cruz de Plata del Orden Nacional al Mérito, el Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades, el Bartolomé de las Casas y el Antonio de Nebrija le han sido otorgados por su trabajo sobre el Diccionario de la Construcción y el Régimen, así como por los diversos estudios de las lenguas indígenas. El Atlas Lingüístico Etnográfico Colombiano (Alec) y la revista Thesaurus también hacen parte de su labor y continúa vigente el seminario Andrés Bello, con sus maestrías en lingüística y literatura.
Otros rumbos
Rodeada por el verdor de la Sabana, con el gélido viento golpeando en las ventanas y el olor de la yerbabuena colándose por las paredes, Genoveva Iriarte explica el reto al que se enfrenta desde marzo de 2007, cuando asumió la dirección y con ella la inevitable tarea de ordenar la casa, rescatar lo invaluable, replantear la misión y seguir adelante de cara a los nuevos retos a los que se enfrenta el idioma. "Nosotros no nos podemos quedar solamente en lo que antiguamente se hacía, que era la investigación de las lenguas o de las literaturas a partir de ellas mismas y no más. Lo que se hacía aquí era lingüística del español, lingüística de las lenguas indígenas, literatura del español y literatura de las lenguas indígenas. Ahora, con todo lo que está pasando en el mundo hay que abrirse porque el problema no es tanto de las lenguas solas y aisladas sino de las lenguas en contexto. Tenemos toda una apertura a lo que son las lenguas en contacto: los bilingüismos, los plurilingüismos y los multilingüismos que además dan respuesta a la Carta de 1991", afirma.
Con la batuta de esta mujer el Caro y Cuervo ha empezado a reencaminarse abriendo su espectro de estudio a muchas realidades actuales imposibles de ignorar y que van más allá del mero código lingüístico. Con palabras claras y sencillas, esta comunicadora social con Ph.D en lenguaje, cultura y sociedad se preocupa por lo qué está pasando con el español en los colegios bilingües y en las comunidades indígenas y se pregunta cómo el idioma se ve afectado por la influencia de los medios masivos de comunicación y por la tecnología.
Además, indaga por la manera en la que se deben interpretar los códigos semióticos y cuestiona cuál es el camino que debe tomar la oralidad y el patrimonio de la cultura inmaterial. En definitiva, asume que el español no se ha mantenido lejos de influencias y que por el contrario enfrenta una avalancha de cambios propios del movimiento temporal ante los cuales el Instituto no se puede quedar impasible.
"El idioma tiene que cambiar y afortunadamente cambia. Esa mentalidad según la cual unos hablan mejor español que otros es puro cuento, eso no existe. Esto es un ente social en continua evolución y de lo que se trata hoy en día no es de retener y frenar la evolución sino al contrario, de ver que esa evolución está hablando de muchas de las cosas que están pasando socialmente", expresa con vehemencia. Dentro de este nuevo ritmo de cambios se incluye el que tal vez es el más importante dentro de la nueva misión del Caro y Cuervo: el asesoramiento al Estado en materia de políticas públicas.
Significa esto que todos los proyectos desarrollados por el Instituto no sólo deben cumplir con un tercio que concibe la interconexión entre investigación, docencia y divulgación, sino que su objetivo claro y preciso está enfocado al asesoramiento y puesta en práctica de políticas públicas de Estado, alejadas de la investigación abstracta y aterrizadas en las realidades culturales e idiomáticas del país.
En palabras de Genoveva Iriarte, "estamos en la obligación de hacerle recomendaciones al Estado de acuerdo con las investigaciones que adelantamos. Por ejemplo ¿Qué está pasando con el bilingüismo? Pues nosotros, a partir de la investigación decimos esto es lo que está pasando y ésta es nuestra recomendación. Además ya nos acercamos a la problemática social, a que se pueda hablar de políticas sociales a partir de investigaciones hechas desde el punto de vista político y literario", puntualiza.
De cenicienta al futuro
Ese secreto a voces que ya no produce asombro en los pasillos lleva el rótulo de ser la cenicienta cuando de números y presupuestos se trata. El Caro y Cuervo tampoco escapa a la historia de la princesa que creyó no serlo y aún en estos días continúa luchando por tocar puertas, establecer convenios, restablecer lo administrativo y mantenerse a flote a pesar, y muchas veces, del déficit numérico.
Genoveva, con su visión de capitana en alta mar sabe que las mejores instituciones de investigación del mundo ya no se sientan a esperar el cheque mensual del gobierno de turno, por lo que la gestión y consecución de recursos y alianzas estrategias se ha vuelto fundamental para la supervivencia del Caro y Cuervo. "No es posible pensar que el Estado lo subvencione a uno totalmente, no hay programa que pueda iniciarse en el Instituto que no venga con alianzas estratégicas. Hemos abierto montones de convenios con instituciones nacionales e internacionales, así que en cada programa hay una ayuda de otra institución o de otro país", asegura.
Sin embargo, su lucha, más que por los problemas vestidos de dígitos, se centra en reafianzar el papel del instituto dentro de la política general y el plan de desarrollo del país, dejando atrás los harapos y las calabazas para transformarlas en un verdadero estandarte de la dirección cultural colombiana. Se trata de extender los tentáculos de la institución a los proyectos generales de la Nación para participar en materia de lengua, de cultura alterna, del bilingüismo y de cada uno de los aspectos referidos al idioma.
Las ruedas siguen girando. Además de las recomendaciones en políticas, esta directora espera con sólida determinación que la sede del Caro y Cuervo ubicada en Yerbabuena albergue, además de las dependencias vigentes, un museo abierto al público en donde se exponga todo el material cultural recopilado durante la construcción del Alec, y que ese espacio de vasta historia que recogió las huellas de José Manuel Marroquín, Rufino José Cuervo, Ezequiel Uricoechea y Miguel Antonio Caro vuelva a ser el recorrido por la tradición lingüística y etnográfica de la historia colombiana.
Con la vista fija en el punto de llegada y el retrovisor bien enfocado en las dificultades del pasado para evitar su reaparición, Genoveva Iriarte Esguerra conduce al Instituto Caro y Cuervo a una restauración de cuerpo y alma. No obstante los cambios, permanece la esencia de conservar, mantener y difundir el valor del idioma, de la palabra, de la lingüística y de la cultura. Sólo que ahora se adapta, crece y convive con la realidad del presente.
Por: Alejandra Grillo Calderón
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