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Lucho Garzón: "Hoy se impone la decencia, no la revolución"

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Foto: Jorge Velásquez

El ex alcalde de Bogotá insiste en que la única esperanza para el país radica en la búsqueda de nuevas fórmulas políticas.

Lucho habla como una ametralladora, hace alarde de coloquialismo y de inteligencia y después de gambetear las preguntas concluye con una sentencia que lo retrata de cuerpo entero: "Este país es un espejo roto que solo puede repararse sobre la confianza, la tolerancia y el reconocimiento del otro". Tras su salida del Polo, quedó de nuevo en el partidor de los nuevos presidenciables y por eso es invitado a la serie de entrevistas que iniciamos con Sergio Fajardo.

¿Cómo fue la primera etapa en la escuela de Palermo?

-Castrante. Una profesora me creía demoníaco por ser zurdo y me amarraba la mano para obligarme a usar la derecha. Mas tarde empecé a tener problemas con la derecha, y entonces la izquierda vuelve y juega; como ve, la izquierda me ha perseguido siempre (Risa).

¿Lo frustró  su niñez?

-Claro que no, a pesar de que tuve que trabajar a los 10 años y por eso el tema del trabajo infantil ha sido una obsesión en mi vida.
 
¿Fue usted izquierdista recalcitrante y azuzador de la lucha de clases?

-Marx no me sedujo sino que el papá de una novia me humilló gritándome que un bastardo como yo no podía andar con su hija. En esa época yo escondía a mi mamá, me daba vergüenza reconocer la verdad de mi origen y decía que me llamaba Luis Eduardo Garzón Garzón. Ese señor me hizo entender la importancia de ser auténtico, pero me dio 'rabia de clase', me emberraqué y me fui para la extrema izquierda a hablar de los 'ricos desgraciados' y a sostener la necesidad de la lucha de clases.

¿Cómo considera esa etapa de su vida?

- Irracional porque si bien no maté, ni secuestré, ni extorsioné, sí legitimé políticamente los escenarios guerrilleros. Arrepentimiento porque, imagínese: ¡mi héroe en los 80 era Daniel Ortega! Hoy digo: ¡Líbranos, Señor!

¿Cuántos años tenía entonces?

- Veinticuatro, y me volví dogmático de letanía enfermiza hasta que se cayó el Muro de Berlín y reaccioné ante las estupideces expresadas durante 15 años.

Muchos en la izquierda no saben que cayó el Muro de Berlín.

-Sí, siguen reivindicando mesianismos, convencidos de que con esta crisis se acabó el capitalismo.

Usted también creyó en uno que otro mesías.

- Sí, hasta que por casualidad, irresponsabilidad o seducción, gané la Alcaldía de Bogotá y encontré que debía gobernar con las normas del capitalismo. Al principio hubo una serie de improvisaciones, pero siempre reivindiqué cosas definitivas en la vida práctica, como la ética.
 
¿Cómo logró dominar la ira de ser 'pordebajiado', la frustración de sentirse jodido por los demás?

- Con la irreverencia. Yo soy kafkiano a morir y me emberraca que la gente siempre esté actuando, posando. Yo soy feliz en mi estrato cuatro, pero no odio al 5 ni al 6, donde de todas maneras no entraría ni amarrado, así me muriera de amor.

¿Por qué se fue a Barrancabermeja?

-Tenía tres opciones: guerrilla, exilio o Barranca, al lado de los obreros. Allí estuve nueve años y ellos me protegieron. Como todo izquierdista cuya prioridad era la revolución, no pude disfrutar de mis hijos y por eso siempre recuerdo una frase de un amigo que acaba de morir, Nicolás Buenaventura, que decía: "Busqué la felicidad por todo el mundo y la encontré al lado de mi casa".

¿Qué tan 'teso' fue su trabajo allí?

- Me pagaban por pensar. Hacía activismo sindical en la mañana y en la tarde investigación y estudio. Me criticaban porque no era un activista pero yo decía siempre -y tómelo como una indirecta- que una cosa es estar ocupado y otra es trabajar, trabajar y trabajar.

¡Pues ni tan 'indirecta'!

- Es que la vida no es solamente el activismo y el trabajo sino también tener paciencia y tiempo para descansar, pensar y, sobretodo, reflexionar.

En esa época estuvo casado. ¿Por qué se separó?

- Candelaria es una mujer excepcional. Nos separamos en los 90. Es que en los 70 uno quería que todas las mujeres se parecieran a la mujer del Ché Guevara, en los 80 a Gioconda Belli, una poetisa nicaragüense, o a Violeta Parra. En los 90, que fueran gorditas como Rigoberta Menchú y que se hubieran ganado el Premio Nobel. ¡Ya a estas alturas nadie le para bolas a uno!

¿Por qué le ha sido tan difícil rehacer su vida sentimental?

- Antes mi prioridad fue la causa socialista, pero hace pocos años quise rehacer mi vida afectiva. Había pasado décadas sin ir a un cine, a un buen restaurante, o tener una buena relación afectiva. Pero ese deseo, durante la que yo llamo 'mi etapa egoísta', me falló; y una relación que hubiera querido que se concretara  -con Ángela Giraldo, la hermana del diputado caleño asesinado- se truncó.

¿Soy muy indiscreta si le pregunto por qué?

- Creo que la ansiedad de los dos por llenar un problema de soledad nos creó un espejismo. Le confieso que hay momentos en que, cuando uno se choca con la vida, piensa que le dedicó todo a los demás pero se da cuenta de que en el campo personal hay una inmensa y agobiadora aridez.

¿Influye el estar siempre al lado de su mamá?

- Si mi mamá no me dejó tirado en un orfanato, yo no la voy a dejar tirada a ella en ninguna circunstancia. He tenido momentos muy duros, como en el 98 cuando Ernesto Samper me dijo: "Lucho, no tengo cómo salvarlo; mataron al general Landazábal, a Eduardo Umaña, a María Arango y lo van a matar a usted". Pude irme, pero ¿cómo iba a llevar a mi mamá, entonces una campesina analfabeta, que ahora ha logrado superarse, a vivir en Suiza y a aprender francés?

¿Por qué no le jala al 'Toconur'?

-He dicho, entre otras cosas, que para frentear a Uribe no hay que hacer antiuribismo porque se lo victimiza, y él sabe, como nadie, mostrar una cara de seminarista pobre que lo hace crecer en la opinión.

Desalentadoras y dañinas para la democracia las peleas internas, la lucha de egos y las ambiciones personalistas en el Polo.

- Prefiero estar bien separado que mal casado. La gente reeligió las políticas -sobre todo las sociales - que nosotros desarrollamos en Bogotá, pero ellos decidieron desconocerlo y me recibieron con 'si usted viene aquí, lo hará bajo nuestras condiciones: nuestro presidente y candidato es Carlos Gaviria, las reglas del juego son éstas y si no le gusta...' Y, como buen entendedor me fui, porque me maltrataron a pesar de los esfuerzos que hice por acercarme.

¿Por qué no les gustó su propuesta?

-Yo planteaba una candidatura de convergencia y ni me oyeron. ¿No le parece insólito que cuando hice la reunión con César Gaviria para proponer una coalición, yo fuera un traidor, y cuando la hizo Carlos Gaviria fuera un acto de unidad?

¿No le importó dividir al Polo?

- Yo no soy tan arrogante como para creer que soy la división del Polo. Soy una opinión y hoy vuelvo a ser un soldado raso al que no le importa volver a empezar. Creo a cabalidad que lo que hoy necesita Colombia es una expresión de centro, más que un proceso de polarización.
 
¿No juegan en ese retiro su vanidad y  la ambición de ser candidato presidencial a toda costa?

- Eso del vanidómetro es difícil establecerlo. Yo reconozco que Carlos Gaviria es un hombre éticamente muy bien hecho y un demócrata a carta cabal. Quienes lo acusan de alguna simpatía con las Farc presentan un argumento totalmente absurdo. Pero si a mí me dicen vanidoso, habría que ver a Gaviria, que entre Platón y Aristóteles discutiría quien es más aristócrata. Él se da besitos antes de salir, convencido de que el mundo gira a su alrededor y creo que ese ha sido su gran error. Perdóneme, ¿un señor que todos los días dice lo mismo que Uribe: el pueblo me unge, la ciudad me necesita, el partido me nombra, el mundo me aclama? De esos mesiánicos ¡líbranos Señor!

¿Por qué se queja si a usted no le dio la gana ir a la consulta?

- Yo estaba dispuesto a ir  y también a no ir por una candidatura si hubieran dicho claramente que tendríamos un escenario de convergencia para buscar un proyecto democrático. O ¿es que alguien cree que con el uribismo tan tenaz que hay en este momento vamos a ganar con una candidatura estrictamente del Polo Democrático? Yo tendré muchos defectos, pero no el de la ambición, y le quiero decir a usted que la historia escribe sobre uno, uno no escribe la historia.

¿Cuál es la apuesta de los 'quíntuples'?

- Hacer en diciembre o en febrero una encuesta y apoyar al que vaya ganando. Lo que hoy se impone no es una revolución socialista sino la decencia en la política y ninguno está relacionado con paramilitares, actores ilegales, ni mafiosos. Ahí hay uribismo sin Uribe y post-uribismo sin Uribe y todos nos podemos encontrar en un escenario para tomarnos de la mano, sin robarnos los dedos.

¿Dónde quedan las 4 millones de firmas del referendo?

- El uribismo, con Uribe o sin él, va a ser muy fuerte en el 2010. Eso es lo que tiene que entender la oposición, porque él será ganador aun si perdiera porque, piense usted en que si los ex presidentes con índices tan altos de desfavorabilidad hablan como lo hacen, ¡qué tal Uribe como ex presidente con semejante poder y jodiendo todo el día! Yo una vez le dije a Lina: "Su marido, de ex presidente, va a ser absolutamente mamón".

- El Polo quería un gobierno radical, de rompimiento con el statu quo, de ahí que su gobierno fuera para ellos una frustración.

- Yo no quería hacer un gobierno de ruptura sino de concertación, pero fue difícil porque, como dije en su momento, en el norte de Bogotá la gente escondía los ceniceros para que yo no me los robara. Con el  nombramiento de Juan Manuel Ospina como Secretario de Gobierno -un Ospina con un Garzón es como comer champaña con tamal - quise mandar un mensaje de reconciliación, pero en vez de ver cuál era su historia empezaron a cuestionarlo. Por otra parte, le confieso que me costó seis meses de dificultades hacer un consejo de seguridad, porque ni el Ejército ni la Fiscalía confiaban en mí, y el propio Noguera, del DAS, me dijo que no había que confiar en la Policía. 

Su alcaldía afianzó al Polo en Bogotá. ¿Qué opina de la desbarrancada de la imagen de Samuel?

- El tiene un equipo de comunicaciones que parece nombrado por sus enemigos. Aquí se están haciendo cosas muy interesantes, pero nada de eso se ve porque ese equipo  no sólo ataca a todo el mundo sino que cree que su labor no es promoverlo sino 'blindarlo', sobre la base de que la mejor defensa es el ataque.

¿Por qué crece la inseguridad?

- La gran dificultad de Álvaro Uribe es que se dedicó a combatir a las Farc, pero en las ciudades la convivencia ciudadana se volvió muy difícil. Yo reconozco las virtudes de Álvaro Uribe y en el Polo me lo cuestionan, pero así como reconozco su coraje y su trabajo, también le digo: hombre, maestro, su arrogancia, su prepotencia, su soberbia y su sobradez pueden llevarnos a una situación terrible.
 
El poder engolosina y corrompe. ¿Cómo evitarlo?

- Mis hijos no son 'emprendedores', usted no los ve en fotos, ni en pasarelas, ni en el Parque de la 93. Mi mamá es el símbolo de una vida dedicada al trabajo, detrás de la puerta de la cocina. Yo no necesito grandes cantidades de plata para vivir porque no me voy a meter al Country o al Nogal, donde nada se me ha perdido y donde el primer hongo que encuentren en la piscina sería mío y no de los socios.

Después del poder, ¿qué significa nuevamente estar en la 'sucia carretera'?

-Esta vez me la voy a  gozar. Soy claro en mis actitudes y en la defensa de mi gestión.  Soy rumbero pero eso lo he sacrificado porque si uno va al Goce Pagano se encuentra al Polo y el primer borracho lo insulta y si va al Parque de la 93 lo increpa el uribismo. Hay riesgos porque en este momento yo soy 'el que rompió el Polo', y por lo tanto soy un tal por cual, mientras para los del otro lado soy un anti uribista. Mejor dicho, hoy estoy en medio de los carros chocones, por fuera del carro, con la pista electrizada, con alto voltaje y llueve a cántaros.

Por: Margarita Vidal

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