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Escarabajos colombianos en Londres

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Foto: Paulo Hernández

Pedalear en una bicicleta y a la vez tener que llevar hasta tres personas es el oficio que practican decenas de jóvenes colombianos para sobrevivir en una de las ciudades más costosas del mundo.

Andrés Osorio* estaba estacionado frente al teatro Prince of Wales, en pleno centro de Londres, esperando a que la gente saliera del musical Mamma Mia. De repente, dos mujeres maduras, muy elegantes, se le acercaron y le preguntaron si las podía llevar al hotel Ritz. Sin pensarlo dos veces les dijo que sí mientras preguntaba a sus otros compañeros la ruta para llegar. Le explicaron rápidamente, intentó memorizar todo y empezó a pedalear. "Estaba muy emocionado, pero tenía mucha ansiedad porque no sabía cómo llegar", confiesa sonriente.

Y claro, Andrés tomó la calle equivocada y en contravía. "Afortunadamente  no venía ningún carro", dice, y terminó en otra avenida diferente. Las mujeres le preguntaron si sabía para dónde iba. Él les dijo que sí aunque estaba completamente perdido. Las señoras le pidieron, de muy buena manera, que las regresara al teatro, pero justamente, estaba en medio de una de las rutas más difíciles: la calle Regent Street, desde Waterloo Place hasta Picadilly Circus. "No tenía el estado físico que se necesitaba para seguir ni un segundo más porque la calle es muy empinada", explica. El corazón le palpitaba más rápido y estaba empapado en sudor, pero providencialmente pasó otro de sus compañeros, que le dio un empujón. Las pasajeras decidieron apearse en Picadilly Circus, angustiadas al ver "el gran esfuerzo que estaba haciendo, me pagaron la carrera como si las hubiera llevado al Ritz, me dieron propina, y me dijeron que se habían divertido montones. Yo no sabía si reír o llorar", asegura.

Andrés es uno de los tantos jóvenes colombianos que vienen a estudiar a Londres y terminan haciendo este trabajo para poder mantenerse. Tiene 31 años, es ingeniero industrial y vive desde hace dos años en esta ciudad. A los tres días de haber llegado, "un amigo de un amigo" le contó acerca del negocio de las bicicletas. "Me pareció algo sencillo y me gustó porque tenía un contacto directo con la gente, y de paso, conocía la vida nocturna londinense, hacía ejercicio y ganaba dinero", afirma. Pero al comienzo nada fue sencillo. La falta del idioma, el cansancio físico extremo, el frío, y el desconocimiento de la ciudad, hacen que este trabajo sea difícil. Con el paso del tiempo, Andrés aprendió a defenderse en el oficio, ya no se pierde, conoce el centro de Londres de memoria y su cuerpo tolera un poco más el cansancio.

Los rickshaws, como se les conoce popularmente, son unos velocípedos que sirven para transportar gente. La palabra proviene del japonés jinrikisha, jin significa persona, riki es fuerza y sha es carruaje. Utilizados desde hace muchos años en países como India, se convirtieron en tema principal de la novela El tigre blanco, ganadora del premio Master Books 2008. En Londres funcionan desde hace diez años en el centro de la ciudad y recogen a turistas que quieran tener una experiencia diferente, o a ingleses que simplemente buscan divertirse o esquivar los habituales trancones de esta zona. Aunque no hay estadísticas oficiales, la gran mayoría de personas que realizan este trabajo son estudiantes colombianos, aunque en el gremio también abundan los polacos y los turcos.

Cada noche, pero sobre todo los fines de semana, los rickshaws llegan a una 'base', que es un parqueadero de un edificio donde guardan sus bicicletas. El arriendo de la bicicleta les cuesta 60 libras* a la semana y tienen que dejar un depósito de 100 libras. Luego salen a las calles y se estacionan hasta la madrugada frente a teatros, clubes y discotecas. Si tienen suerte, y no son 'invisibles', les puede ir muy bien, porque el servicio es más costoso que un taxi. En promedio, un rickshaw puede llegar a ganar durante un fin de semana 300 libras y, adicionalmente, recibe comisiones si lleva a sus pasajeros hasta sitios específicos.

Sorpresas te da la vida

Cada rickshaw tiene decenas de historias por contar. Juan Sebastián Torres, un joven de 23 años, estudiante de aviación, que un día recogió a una señora japonesa con su hija en Oxford Circus. A los tres minutos de haberse subido, le pidió que se detuviera porque quería ver un restaurante. Se bajó y Juan Sebastián pensó que había perdido su tiempo. Sin embargo, la señora le pagó 20 libras por el corto recorrido y le pidió que le diera su mano, Juan Sebastián se la extendió y la señora le dijo "que tengas buena suerte en la vida" al entregarle un sobre. "Me fui pedaleando y cuando lo abrí me di cuenta de que me había dejado 200 dólares. No sé porqué lo hizo, pero con ese dinero hice mi primer viaje a Suiza", recuerda emocionado.

Juan Pablo Gutiérrez, un estudiante de 24 años, de administración financiera, cuenta que un día dos señoras obesas se acercaron a un grupo de rickshaws. "Nadie quería llevarlas y les dije que yo las podía llevar, pero cuando fui a arrancar casi no podía pedalear de lo pesadas que eran, mis amigos me tuvieron que empujar y las llevé como tres cuadras. Estas mujeres estaban tan contentas que me dieron cincuenta libras por el recorrido", recuerda.

Sin embargo, también han tenido que afrontar otro tipo de situaciones no tan afortunadas ni divertidas. A comienzos de este año Juan Pablo fue amenazado por dos adolescentes británicos. "Me dijeron que si no los llevaba gratis a un club me iban a apuñalar con un cuchillo", cuenta. Él intentó explicarles que era su trabajo, que no le estaba haciendo daño a nadie, pero ellos seguían insistiendo. "Los llevé a un lugar donde estaban muchos rickshaws, me ayudaron a bajarlos de la bicicleta y el incidente no pasó a mayores", explica.

Aunque mucha gente valora el esfuerzo físico que hacen estos jóvenes, muchos no lo hacen y ven este trabajo como algo poco digno. Juan Pablo recuerda a una señora que se subió con su hijo a su bicicleta y le dijo, "si no estudias vas a terminar como este hombre". Al escuchar aquello se sintió muy ofendido y le dijo: "Yo soy un universitario en mi país, una persona con educación que hace esto porque es un medio para cumplir con mis metas. Por favor no le diga eso a su hijo". La señora le pidió disculpas, pero el daño ya estaba hecho.

Jeimy Mancera, estudiante de 22 años, y una de las pocas mujeres que se le mide a este trabajo, explica que pese a que en Colombia jugaba fútbol y mantenía un buen estado físico, este oficio es agotador y confiesa que mucha gente que sube a su bicitaxi le pregunta por qué hace esto y no se va a un café o hacer limpieza.

Los golpes de la crisis

En 2008 las bicicletas comenzaron a utilizar motores. "Era más fácil, uno se cansaba menos, pero mucha gente comenzó a trabajar en esto, cobraban menos por cada carrera, y las calles de Londres se llenaron de rickshaws", explica Andrés. Sin embargo, la Policía prohibió el uso de estos motores, pero en las calles quedaron muchas más bicicletas de las habituales.

Adicionalmente se han ganado la enemistad de los taxistas y los conductores de buses, pues éstos afirman que no son un transporte lo suficientemente seguro y se quejan de que son muy imprudentes al conducir.

Sin embargo, el factor que más duro los ha golpeado ha sido la crisis financiera. Daniel Andrés Ladino, un ingeniero electrónico que actualmente está realizando una maestría en tecnología de la información, asegura que el negocio en los últimos meses ha bajado en un cincuenta por ciento y que "ya no es lo que era hace unos años".

Por ahora todos extrañan Colombia, a sus familias, y esperan volver pronto al país, pero valoran mucho esta experiencia para su vida. "Pedalear me ha vuelto mucho más humano", dice Juan Pablo;  "Paciencia, este trabajo me ha enseñado a ser mucho más paciente", dice Andrés. "Ahora me pongo en los zapatos del otro", dice Juan Sebastián. Lo cierto es que ninguno volverá a ser lo que era. La noche comienza y es hora de que estos jóvenes guarden  de nuevo sus libros y empiecen a pedalear por las calles de Londres.

Por: Sandra Martínez
 

* El nombre fue cambiado por petición de la fuente
* Actualmente una libra equivale a $3.515

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