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Una tragedia revelada

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Foto: Afp

Con una serie que ilustra el drama social en Kenia, un colombiano de ascendencia alemana ganó recientemente un premio dentro del más prestigioso concurso de fotoperiodismo del mundo.

 Él vive de lo que ve, así en muchas ocasiones las imágenes que percibe provengan del sufrimiento, del dolor y de la muerte. No deja de lamentarlo, pero gracias a su trabajo los seres humanos pueden verse y comprenderse mejor. Ese es su aporte, y su apuesta. Por eso, cada vez que oprime el obturador, Schmidt pretende detenerse en lo que subyace ante los ojos y que en últimas es la esencia de cualquier mirada: no lo que se ve, sino lo que significa aquello que se ve. 

Durante 18 años como fotógrafo de la Agence France Presse -su primera y, hasta ahora, única casa laboral- ha sido testigo de escenas en sus periplos por el mundo, incluidos tres veces en Irak y dos en territorio israelí-palestino. Tras graduarse de comunicador social con énfasis en fotoperiodismo de la Universidad de Miami, ingresó a la AFP como pasante, en esa ciudad. Pasó a ser fotógrafo asistente (stringer) y al cabo de 14 meses regresó a Bogotá. Siguió trabajando para la agencia localmente hasta convertirse en corresponsal de planta (staff) encargado de Colombia y Ecuador. Luego de tres años en esa posición volvió a Miami, donde trabajó 12 años más, y desde hace ocho meses decidió que su destino se alejara de América y se internara en la complejidad de África oriental. Buscaba un cambio real y drástico, y evidentemente lo encontró.

Una vez instalado en Nairobi, empezó a conocer en detalle la convulsa realidad que se vive en esa región, y en diciembre de 2007 tomó unas fotografías que muestran los disturbios tras las últimas elecciones presidenciales en Kenia, en las que Mwai Kibaki fue reelegido y derrotó al líder opositor, Raila Odinga, durante una contienda salpicada de acusaciones de fraude. Por supuesto, la situación ha sido caldo de cultivo para la violencia étnica que rige en la zona.

El trabajo de Schmidt ganó el segundo premio como serie fotográfica en la categoría de Imágenes de Noticias en el Wolrd Press Photo 2007 -cuyos resultados se dieron a conocer en febrero pasado-, destacándose entre 80.536 imágenes de 5.019 participantes. Es la segunda vez que el colombo-alemán gana un galardón en este importante concurso; la primera fue con una foto del jugador brasileño Ronaldinho, durante la final del Mundial de fútbol celebrado en Corea-Japón 2002. 

Pese a su doble nacionalidad, Schmidt -que no habla alemán, pero sí inglés y francés- siente que su corazón es latino. De momento no planea vivir nuevamente en Colombia, pero de tanto en tanto viene a visitar a su familia, especialmente a su padre, el mismo que de pequeño le dejaba en su mesa de noche las revistas de la National Geographic para que el pequeño ojeara sagradamente sus páginas de la primera a la última. Y ahí surgió la pasión.  

- Amira Abultaif: ¿Cómo ha sido el trabajo de ser fotógrafo de agencia?
Roberto Schmidt: - Es tal vez la manera más interesante de viajar, conocer, abrir la mente y ver de qué se trata la vida. Y fuera de eso me pagan por hacerlo, lo cual es increíble. El trabajo es duro, es un estilo de vida en el que uno hace sacrificios en la parte personal, porque ante tantos viajes no hay novia que aguante.

¿No cree que el trabajo de agencia está muy enfocado hacia el drama, la tragedia y los escenarios de conflicto?
- No creo que ese sea el caso siempre. La agencia es un negocio y tiene que vender la noticia, y la noticia que es fuerte y espectacular va a vender más que una noticia suave. Pero creo que la AFP marca una diferencia con las otras agencias porque hace más historias humanas y positivas.

¿Por qué en los concursos de fotografía las fotos elogiadas son en su gran mayoría aquellas que muestran dolor, sangre, muertos, balas y miseria?
- Hay que hacer una diferencia: ese es el material que se publica, pero eso no quiere decir que sólo sea el que se produce. La agencia pone en su servicio muchas fotos y opciones, pero son los editores de los periódicos y las revistas los que deciden qué utilizar. A mí realmente me gustaría ver otras fotos, advertir  cosas distintas. La verdad me hubiera gustado ganar con una historia de interés humano. Pero tuve la suerte de tener un editor que hizo la selección y las mandó al concurso, ni siquiera fui yo quien lo hizo.

Una de las críticas más recias y frecuentes al periodismo es que siempre le atraen las situaciones que revelen porno-miseria, tragedia y guerra. ¿Qué piensa de eso?
- Es cierto, pero todo depende de cómo se enfoque una historia. Desafortunadamente la guerra, el dolor y la sangre hacen parte de la realidad, y eso es lo que vende, lo que la gente más ve. Sería ideal que hubiera más espacio para tener noticias más balanceadas y con otros enfoques. Es una lástima que sea así.

Oriana Fallaci decía que la guerra es el escenario natural del heroísmo. ¿No cree usted que los periodistas buscan la guerra porque quieren hacer parte de ese heroísmo?
- Uno como periodista siempre quiere acción, adrenalina. Pero todo en la vida es balance. Un buen reportero muestra la guerra, pero puede hacerlo desde diversos enfoques.

¿Qué aporta una fotografía en la vida de una persona, en su diario vivir?
- Bien usada, puede ser una herramienta muy eficaz de comunicación. Es un cliché, pero es verdad: una foto vale más que mil palabras.

¿Quién lo ha influenciado en la fotografía?, ¿qué fotógrafo reconocido lo ha inspirado?
- Hay muchos. El trabajo de Sebastião Salgado es genial. Era economista y se volvió fotógrafo a los 33 años, lo que demuestra que la fotografía viene de dentro, de la cabeza, del corazón, no es algo mecánico. El trabajo de él es genial porque es muy humano.

¿Cuál ha sido la foto más sufrida, la que más le ha costado trabajo tomar?
- Una imagen que me marcó muchísimo fue la de unos cuerpos rescatados de un avión donde viajaban alemanes que se cayó en la costa de Puerto Plata, en República Dominicana. Cuando llegué al lugar, le pedí el favor a un piloto de helicóptero de la Fuerza Aérea dominicana que me llevara al sitio del siniestro para hacer unas fotos de la zona, así fuera a la distancia y desde el aire. Barcos guardacostas de los Estados Unidos estaban recogiendo cuerpos y los tenían en la cubierta con sábanas encima. Tomé esa foto. Vi otro barco, de la Armada dominicana, que también tenía cadáveres pero al descubierto. Era una escena horrible porque se veían los cuerpos mutilados. Aun así tomé la foto porque no tenía nada más y me angustiaba que la competencia -Reuters y AP- tuviera mucho más material por haber llegado al área antes que yo. Revelé el rollo y mandé las únicas tres fotos que tenía a mis editores en Washington, con la advertencia de que eran imágenes muy crudas. Ellos decidieron publicarlas y darles la opción a los editores de los periódicos de hacer uso de ellas. Al día siguiente, la imagen del barco dominicano apareció publicada por todos los medios en Alemania, y se replicó en muchos otros países. Irónicamente, mis fotos fueron las primeras que se publicaron sobre el accidente, pues las otras agencias no habían enviado nada. El Cónsul de Alemania en República Dominicana se enfureció, y con toda la razón. Eso me impactó muchísimo porque me di cuenta de que por afán hice unas fotos que eran muy crudas. Pensé en los familiares de las víctimas y me dio pena saber que esa iba a ser la última imagen que ellos podrían tener de su ser querido. Reconocí que no vale la pena correr tanto para una foto porque el daño pudo haber sido muy grande, era innecesario. Hoy en día trato de ser muy cauteloso cuando hay imágenes de heridos y muertos.

 

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