La actriz Rosita Fornés es la gran figura del Carnaval de las Artes
Por: LILIANA MARTÍNEZ POLO |
Rosita Fornés está celebrando los 73 años de una extensa y productiva vida artística. Carlos Capella/CEET
Foto:La cubana, figura en la era dorada del cine mexicano, actuó en teatro, cantó opereta y bailó.
La cubana Rosalía Lourdes Elisa Palet llegó a los 73 años de vida artística, contados desde el día en que, siendo una quinceañera soñadora, consiguió el permiso de su padre para concursar en el programa radial cubano La corte suprema del arte.
Rosita Fornés lo obtuvo después de llorar y rogar, porque su familia le había trazado un destino y a ella le esperaba otro: ser vedette en México, coestrella de películas de Cantinflas y Tin Tan; filmar al lado de Jorge Negrete y Pedro Infante, estrenar en su voz canciones de Agustín Lara, que incluso le dedicó alguna, y darle
otro nivel a la interpretación de zarzuelas y operetas en Cuba.
Hoy, la vedette camina con bastón (se recupera de una operación de cadera que no le impidió terminar el rodaje de la película Mejilla con mejilla). Y solo esta semana puso pie por primera vez en Colombia. Está en Barranquilla para el Carnaval de las Artes, acompañada de su hija, Rosa María Medel, y de su yerno, José Antonio Jiménez, que también es su representante y productor de su más reciente temporada en tablas. Se trató de un musical en el Teatro García Lorca, en Cuba, en el que actores transformistas evocaban momentos cumbre de la vida de la estrella cubana y culminaba con la aparición en escena de Fornés interpretando un par de números.
Rosita vino a Barranquilla para recordar sus pasos ante el público. Nació en Estados Unidos, en 1923, pero su país siempre fue Cuba.
"He viajado a todas partes representando a Cuba", recalca esta hija de españoles que vivió en la isla caribeña desde muy pequeña.
No venía de familia de artistas ni sus padres lo aceptaban. "Pero el arte estaba en mí desde chica", dice Fornés. "Mi abuela tenía una discoteca muy grande, me llamaba y me ponía una ópera completa. Me iba explicando: 'aquí, a esta muchacha le pasa esto y, por eso, ella canta esto' ". Le iba contando los argumentos y la niña que era entonces pensaba: "Me gustaría ser yo esa artista que canta estas cosas".
Ese sueño se reflejaba en sus juegos infantiles. Otras niñas jugaban a la mamá y al papá o a recrear otras profesiones. Ella siempre fue 'la artista' que cantaba lo que oía en los discos de su casa.
"Soy de una época en la que la familia decía: 'artista no, estudie otra cosa'. Pero mi padre no tenía para pagarme una carrera universitaria". Así, el plan trazado era: estudiar inglés, mecanografía y taquigrafía. "Vas a trabajar como secretaria, me decían. Ese era mi futuro".
Pero no lo fue. Su presentación en el concurso radial para jóvenes talentos de la cadena CMQ cambió el camino. "Me dejaron ir y tenía un repertorio porque sabía cantar flamenco y música andaluza. Mi padre conocía a un guitarrista que me montó una milonga y me llevé el primer premio. Entonces, me dijo: 'Ya te complací, ahora vas a la casa a seguir estudiando'. Y le dije: 'Pero, mira, si me han dado el premio...' ".
La cadena radial iba fichando a los nuevos talentos del concurso y les daba contratos pequeños. "Les pagaban una bobería, pero era una forma de preparación. De ahí que he hecho todos los géneros habidos y por haber, he cantado, he bailado, he hecho opereta, zarzuela, tangos, de todo, y como actriz he hecho todo tipo de temporadas, de arte dramático, comedia. Nunca me ceñí a un solo arte".
Y pudo hacerlo porque nunca tuvo miedo de probar. "Tuve la suerte de que había más fuentes de trabajo y de que le caía bien a la gente, tenía ángel. Y ellos le hablaban a mi padre: '¿A Rosita le gustaría hacer esto?' ". Y el padre se volvió su representante artístico, le consiguió maestros de canto y actuación.
No tardó mucho en aparecer en una película. Solo seis meses después del concurso, tenía una escena en Una aventura peligrosa, en la cual recreaba el capítulo del concurso y su parlamento recitaba: "Soy una estrellita naciente". Poco después llegó la oferta de las zarzuelas y operetas. A los 16 años, debutó en la zarzuela El asombro de la magia. Allí la vio el gran compositor Ernesto Lecuona, que le ofreció participar en una temporada completa. Es clásica su interpretación de Hanna Glawari, la protagonista de la opereta La viuda alegre.
Hasta entonces, la presentaban como "actriz y cantante", pero cuando fue a México por primera vez, a los 17 años, y por sugerencia de Cantinflas, le pusieron el título de vedette.
Cantinflas había ido a Cuba a participar en un show y eligieron a Rosita para alternar con él. Su talento y la recomendación del ícono mexicano le abrieron las puertas del país. Allá llegó como parte de una compañía de revistas musicales que reunía talentos cubanos, mexicanos y argentinos. "El empresario me dijo que yo iba a ser la primera vedette -recuerda Fornés-. ¿Primera vedette?, le dije, ¿qué hace una vedette? Yo había oído hablar de Josephine Baker, pero no entendía el concepto. Y él me dijo: 'Hace un poco de todo lo que usted ha hecho ya. La única cosa es que la vedette tiene que enseñar las piernas en determinados momentos'. Eso sí no lo había hecho yo".
En esa época las cosas eran "más decentes", cuenta, "porque ahora las mujeres lo enseñan todo". Fornés usaba trusas grandes, llenas de bordados, con medias, "no con la carne por fuera", adornos en la cabeza, guantes y una cola de tela que impedía ver la parte de atrás. "En esos momentos tenía yo una figura aceptable, entonces pude hacer el trabajo".
Y tuvo admiradores en cantidad, que tenían que vérselas con el padre. "Soy de una época en la que una señorita no iba sola a ninguna de esas cosas. Fui señorita hasta los veintipico de años y siempre estaba conmigo mi papá o una tía o mi mamá. Así que siempre hubo quien me ayudara si alguien se acercaba con malas intenciones".
En México conoció a Manuel Medel. Era empresario y primer actor de otra compañía. "Primer actor era la figura masculina y la vedette era la primera figura femenina, en medio de un grupo grande de actores" que incluía a Libertad Lamarque y Hugo del Carril.
Entonces, el primer actor y la primera vedette se enamoraron y se casaron, como en una novela rosa. Después nació Rosa María, la hija de ambos.
Pero también vino el divorcio y con él, la decisión de Rosita Fornés de dejar México, después de 15 años y una filmografía extensa, que incluía Del can can al mambo, Se acabaron las mujeres y Tin Tan en La Habana. Fornés decidió volver a su Cuba del alma, a pesar de que tenía propuestas para actuar en cinco películas más.
Cuba estaba estrenando la televisión y a Rosita le dieron un programa. "Fueron años haciendo programas semanales fijos, cuando tenía que viajar los dejaba grabados para que los siguieran poniendo". Alternó entonces con el actor Armando Bianchi, otra figura de la televisión. "Un día nos eligieron como Miss y Míster Televisión".
Y también Miss y Míster Televisión se enamoraron, se casaron y vivieron juntos durante tres décadas, hasta la muerte de Bianchi.
Ahora, al recordar toda esta historia, Fornés dice que fue una suerte haber empezado tan joven y de seguir activa. "Tuve la suerte de trabajar intensamente -concluye-, eso es lo que me ha hecho famosa y me ayudó, porque son tres generaciones ya las que me contemplan. Les caigo bien hasta a los niños", dice satisfecha.
Para verlos
Ojo a la imagenCinemateca del Caribe, a las 9:30 a.m. Proyección de la película 'Tierra Ferma', del director Emanuele Crialese.
Espejo de escritores
Teatro Amira de la Rosa, 11 a.m. El fotógrafo Vasco Szinetar hablará de su oficio con Heriberto Fiorillo.
La voz tropical
Teatro Amira de la Rosa, 2:00 p.m. Nelson Henríquez en Guacherna. Ernesto McCauslandentrevista al músico.
Liliana Martínez Polo
Enviada especial de EL TIEMPO
Barranquilla




