Temerario, temeroso y temible / El lenguaje en EL TIEMPO

Temerario, temeroso y temible / El lenguaje en EL TIEMPO

Temerario es ‘osado’, ‘audaz’, ‘que desafía el peligro’, ‘que se atreve a hacer lo difícil’.

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05 de junio 2018 , 07:17 p.m.

Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre temerario, temeroso y temible? ¿Son sinónimos?, Pilar Parra.

Respuesta: Temerario es ‘osado’, ‘audaz’, ‘que desafía el peligro’, ‘que se atreve a hacer lo difícil’, tal como se usa en la crónica de este diario sobre Óscar Arnache, el operario que desafía las alturas, “Este joven de 22 años es el más temerario de los 160 hombres que trabajan en esta gran obra de ingeniería”.

Temeroso es quien ‘tiene miedo’, “El colombiano tiende a ser temeroso cuando hace sus transacciones, y mucho más si es por internet" (Portafolio), y temible es ‘que infunde miedo’, “Alias Cartago fue capturado en el departamento de Casanare, sur del país. Era un temible delincuente que lideraba la banda criminal Los Verduleros (El Quindiano).

Alguna presentadora de televisión en días recientes calificó de temerario el delito de un feminicida. Sin duda, confundió temerario, no ya con temible, sino con tenebroso, según el contenido de la noticia que dio. El DLE, 2014, dice que tenebroso es algo ‘hecho ocultamente y con intenciones perversas’.

Me muero de la erre

Pregunta: ¿De dónde salió eso de “me muero de la erre”, que dice Luis Noé Ochoa?, Alberto González.

Respuesta: Es un dicho bogotano. El DLE registra este significado del verbo reír: ‘sentir muy intensamente algún deseo, afecto, pasión, etc.’, y da como ejemplo ‘morir de risa’, lo que corresponde a un uso tradicional del idioma.

El epitafio que el inolvidable poeta chileno Nicanor Parra quiso para sí mismo fue: “Llore si le parece. Yo por mi parte me muero de risa”.

Los viejos bogotanos, que pronunciaban la erre arrastrada como característica distintiva de su acento, crearon la variante “me muero de la erre”. Los comediantes Julián Arango y Antonio Sanint recrean este hablado rolo en Ríase el show (Netflix), título que corresponde a otra característica forma de decir de los cachacos de la vieja guardia: “ríase la actuación” y “ríase el peliculón” eran locuciones bogotanas que señalaban la calidad de una y otro.

Mil canciones que cantarte

Pregunta: ¿No es redundante el título del libro de Andrés Cepeda, Mil canciones que cantarte?, Luisa Fernanda Silva.

Respuesta: Hay demasiada preocupación por lo redundante, lo que a veces no permite distinguir entre una mala repetición, “pero mas sin embargo”, y una buena, “Mil canciones que cantarte”.

La primera es la redundancia propiamente dicha, que conviene evitar, mientras que la segunda es la figura literaria llamada pleonasmo, repetición estratégica para imprimir al título fuerza poética.

En esta última categoría podemos incluir otros títulos como “De qué hablamos cuando hablamos de amor” (Carver) y “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo” (Espinosa). Todos ellos, muy buenos títulos.

FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria
Twitter: @fernandoavila52

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