‘No sabemos responder al desconcierto que produce la muerte’: Redeker

‘No sabemos responder al desconcierto que produce la muerte’: Redeker

El filósofo Robert Redeker habla de su nuevo libro ‘El eclipse de la muerte’, estará en la Filbo.

Robert Redeker

Robert Redeker, filósofo francés.

Foto:

Juan D. Buitrago/EL TIEMPO

15 de abril 2018 , 01:37 a.m.

El filósofo francés ha dedicado sus dos últimos trabajos — ‘Egobody’ y ‘Bienaventurada vejez’— a estudiar las repercusiones en la cultura contemporánea del uso permanente de medios, de la preocupación desmesurada por el cuerpo para que alcance no sólo el máximo de su potencial, sino además para que la vejez se retrase lo máximo posible y que incluso alcance una falsa inmortalidad.

De ahí que su más reciente obra ‘El eclipse de la muerte’ haga evidente que en “nuestra sociedad contemporánea no se sabe qué hacer con la vejez y con la muerte porque es una sociedad posterior a la cultura”. Aclara que se refiere a esa “cultura que solía transmitirse por herencia, la cual ha sido remplazada por la cultura de masas, que no es más que una cultura industrial”, según asegura.

Este diario habló con Redeker acerca de las preguntas a partir de las que abordó su análisis, cuya tesis central se basa en la idea de que la muerte se ha convertido en algo “extraño, impensable y vergonzoso que este mundo se rehúsa a pensar porque está atravesado por un inmortalismo implícito, que se manifiesta en la cosmética, el viagra, el ‘fitness’ y el culto a la juventud y al cuerpo”.

Usted asegura que la muerte es paradójica por “trivial, misteriosa, invisible, alejada, personal, anónima, repugnante y fascinante”, ¿podría explicarnos el sentido de esas dimensiones?

Todos los seres vivos mueren y esa es la razón por la que la muerte es banal. Además, es generalmente fea y sórdida, de ahí que sea trivial. Sin embargo, ella nos intriga y nos fascina porque sabemos, más o menos conscientemente, que con ella va el sentido de nuestra vida. Pascal lo dijo muy bien: a toda alma le importa saber si es mortal o inmortal. Entonces el misterio de su paradoja es este: toda muerte es singular, irremplazable; pero, al mismo tiempo nada es más banal que morir.

Según su tesis, vivimos en un mundo “desimbolizado” por culpa de las imágenes que producen las industrias de la información y el entretenimiento, ¿cómo repercute esa desimbolización en nuestra concepción de la muerte?

Estamos invadidos por la proliferación de imágenes que no evocan ni hacen pensar en nada más que ellas mismas u otras imágenes. A fuerza de ver partidos de fútbol, vamos a olvidar morir, pues el entretenimiento industrializado está ahí para eso. Esta ausencia de trascendencia es la desimbolización, me refiero con trascendencia a que no hay un más allá del mundo de las imágenes. Nos encontramos entonces encerrados en una prisión de imágenes, en la que ese entretenimiento industrializado actúa como carcelero. Y es algo característico de nuestro tiempo, opuesto a lo que sucedía, por ejemplo, en el cristianismo ortodoxo donde los íconos eran objetos que nos permitían escaparnos de las prisiones mundanas. Cuando se contemplaban esas imágenes, esta vida se mezclaba con la muerte, al mismo tiempo que ellas mismas ayudaban a pensar la muerte.

¿Cómo más se explica que hayamos olvidado la muerte?

Gracias al progreso de la medicina, la higiene y la alimentación, la muerte se ha vuelto muy rara. La mortalidad infantil se ha extinguido prácticamente, mucho mejor, pero a lo que voy es a que hemos llegado a una “reversa de la muerte”, como lo afirmaba el sociólogo Paul Yonnet. Al no tener la muerte permanentemente frente a los ojos, terminamos olvidando pensar en ella, pues vivimos y pensamos como si ella no existiera. Entonces, esta “reversa” de la muerte y su ocultación sólo puede aumentar nuestra angustia. La muerte se vuelve entonces muy angustiante porque no la conocemos, no la vemos jamás. Esta angustia es el precio psicológico y metafísico que paga el hombre por intentar dominar la muerte.

¿Cómo explica la filosofía el miedo a la muerte?

El miedo y la angustia son dos sentimientos diferentes. La angustia implica la imaginación y el pensamiento; mientras que el miedo es más instintivo, no es más que la huída frente a un peligro. El miedo es el instinto de sobrevivencia del cuerpo y la angustia es el instinto de sobrevivencia del alma.

En este último libro sostiene que los seres humanos estamos obsesionados con la inmortalidad antes de la muerte, ¿por qué?

La cosmética y el viagra son dos grandes ejemplos. En el fondo, ambos son un rechazo a la vida, en la medida en que sirven para enmascarar el paso del tiempo, la decrepitud y la certeza de la muerte cercana. Ellos nos ayudan a olvidar que vamos a morir, a pesar de que es un proceso que comienza en el nacimiento y que nunca se debe perder de vista. A través de ellos, nos disfrazamos, muy ilusamente, de inmortales.

¿Cuál es la diferencia entre inmortalidad y eternidad?

Lo que es eterno no ha nacido jamás, no tiene comienzo ni fin. Lo que es inmortal tiene un comienzo. Por ejemplo, los dioses griegos eran inmortales, no eternos.

En su tesis, cita esta afirmación de Nietzsche: “generaciones de niños de cabello gris”, ¿cómo podemos entenderla en el contexto del libro?

La empleo precisamente para mostrar que es lo contrario que le sucede a las personas de nuestro tiempo. Vivimos en una época de infantilización, en la que los humanos no llegan a ser nunca psicológicamente adultos, pues el entretenimiento los mantiene en un estado pueril perpetuo. Una sociedad así no puede asumir la muerte.

¿Qué tanto ha cambiado la manera de asumir la muerte?

La muerte ya no se muestra, excepto en el cine y la televisión. Por mucho tiempo fue un evento público, luego se llevó a la esfera privada y terminó desapareciendo de la ciudad. Además, hoy la muerte se le esconde a los niños. El vocabulario para referirse a ella se ha transformado; decimos “se fue”, en vez de “se murió”. Es decir que la muerte ha sido expulsada del lenguaje mismo. Las palabras esconden la muerte de la misma manera que se esconden los cuerpos difuntos, es como si se hubiera convertido en algo vergonzoso. La paradoja es impactante porque la muerte desapareció de la vida cotidiana, al tiempo que se volvió omnipresente en las pantallas. Este contraste se explica por la desrealización, negación de la realidad, absoluta de la muerte, que es la forma última de su negación.

Robert Redeker

Robert Redeker, filósofo francés.

Foto:

Juan D. Buitrago/EL TIEMPO

Según su libro “la poesía puede salvar la muerte”, ¿por qué?

El gran poeta Joe Bousquet escribió: “La poesía es el saludo de aquello que está perdido en el mundo”. Creo que la poesía salva todo a lo que se acerca.

Usted asegura que sentimos “aversión y horror por los cadáveres” y que de ahí se desprende nuestra necesidad por incinerarlos, ¿cómo explica este comportamiento?

La necesidad de incinerar traduce un odio higienista por la materia que se descompone. Es triste, pero también es egoísta porque no soportamos que nuestra materia siga viviendo, pues la muerte es un proceso que dura mucho tiempo, así que la descomposición es una forma de vida independiente del yo consciente, del ego. En términos simbólicos, la ceniza no es lo mismo que el polvo. Somos polvo de estrellas, dicen los astrofísicos. El polvo, en el que nos convertimos por descomposición habla de un mañana; en cambio, la ceniza habla de un nunca más. La incineración da la razón al vacío.

Habla de la eutanasia como una negación de la muerte, une rebelión contra la muerte, ¿no es esto contradictorio?

La eutanasia concierne sobre todo a los que rodean al moribundo. Somos tan incapaces de soportar la agonía que preferimos que muera rápido para no pensar más en la muerte. En ese sentido, es una forma de revelarse contra la muerte. La muerte es un proceso que pasa por la agonía. La eutanasia es un acto técnico que rehúsa el proceso de la muerte natural. Por eso es contraria y constituye una rebelión contra la muerte, que es el más natural de todos los sucesos de la vida.

¿Con este libro, ‘El eclipse de la muerte’, cierra esta serie de reflexiones sobre el rol y el lugar del hombre en el mundo contemporáneo?

Creo que estamos lejos de haber cerrado o terminado con estos problemas. Estamos en un tiempo de mutación antropológica. En un libro ulterior, habría que preguntarse: ¿Qué es el alma en tiempo del transhumanismo? No hay que olvidar que toda la filosofía desde Kant vuelve sobre la pregunta: “¿Qué es el hombre?”. Con el acercamiento de la época transhumanista, esta pregunta se plantea de nuevo, aunque de manera más angustiante; de tal manera que el hecho mismo de hacerse esta pregunta diferencia al hombre de todas las demás creaturas. Resulta significativo el hecho de que el cyborg de mañana o el transhumano se la hagan, muy a pesar de que tengan este cuerpo de hombre contemporáneo, que es un cuerpo nuevo, destinado a vivir más tiempo que el de sus ancestros.

¿A qué cuerpo se refiere?

Estos cuerpos de hoy son modificados, aumentados, sus ilusiones se basan en sí mismos, están infantilizados por el consumo, arrancados de sus herencias culturales. Estos individuos no saben ahora cómo aprehender la muerte.

Finalmente, ¿podría explicarnos a qué se refiere con “eclipse de la muerte”?

Un eclipse es un desvanecimiento de la realidad. Se trata del eclipse social, espiritual y metafísico de la muerte, que significa que ocultamos la muerte, porque no sabemos responder al desconcierto que produce.

Dónde y cuándo

Robert Redeker hablará sobre su libro ‘El eclipse de la muerte’ el 28 de abril a las 7 p. m. en la Sala F de Corferias. La conversación será moderada por el escritor Pablo Montoya. Allí mismo, el 29 de abril, Redeker firmará libros desde las 5:30 p. m hasta las 7 p. m.

Robert Redeker

Carátula de 'El eclipse de la muerte'.

Foto:

Archivo particular

'El eclipse de la muerte'
Robert Redeker
Luna Libros/ FCE
160 páginas
$ 42.000


MELISSA SERRATO RAMÍREZ
Para EL TIEMPO - París
Twitter: @MelissaSerrato

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