¡Qué hambre! / El lenguaje en el tiempo

¡Qué hambre! / El lenguaje en el tiempo

Tanto los signos de interrogación como los de exclamacióne Deben usarse por pareja.

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12 de septiembre 2017 , 03:57 p.m.

Un comercial de televisión que anuncia sopa de pasta instantánea repite la locución “¡Qué hambre!”, al tiempo que aparece escrito sobre la imagen el letrero “Que hambre!”, sin signo de exclamación de entrada y sin tilde en el primer término.

Lo primero, la ausencia del signo “¡” es frecuente en avisos publicitarios, por imitación del inglés, idioma en el que no existe ese signo, y en mensajes de wasap, debido a que muchos teléfonos inteligentes no incluyen en su sistema la tecla correspondiente.

La norma, sin embargo, es clara. Tanto los signos de interrogación, “¿Qué pasará mañana?”, como los de exclamación, “¡Qué hambre!”, deben usarse por pareja, escribiendo el de entrada y el de salida.

Los signos de entrada de interrogación (¿) y de exclamación (¡), lo mismo que la letra eñe (ñ), son exclusivos y característicos del idioma español, razón de más para marcarlos, no solo por la disciplina de acatar la norma, sino por el orgullo de utilizar esos signos distintivos y emblemáticos de nuestra lengua.

En cuanto al acento ortográfico de “Qué”, se trata de uno de los 24 casos de tilde diacrítica actualmente vigentes. Si el rotulador del comercial hubiera escrito el signo de exclamación de entrada, el computador le habría marcado automáticamente la tilde a la palabra “Qué”, y el aviso hubiera quedado perfecto. Algunos procesadores lo hacen incluso cuando no toca, como sucede al escribir “¡Que viva Colombia!” o “¡Que viva yo!”, en los que la palabra “que” no es pronombre tónico exclamativo, sino conjunción átona.

Para aclararlo, la palabra “que” tiene tres oficios principales: conjunción, sin tilde, “Dijo que estaba contento”, “Logra que todos lo sigan”; pronombre relativo, sin tilde, “Padre nuestro, que estás en los cielos...”, “Pregúntele a Rodríguez, que es el jefe”, y pronombre interrogativo o exclamativo, con tilde, “¿Qué pasó ayer?”, “¡Qué hambre tengo!”. Este último puede ir también en pregunta indirecta, “Todos se preguntan qué pasó ayer”, y en exclamación indirecta, “Ni se imagina qué hambre tengo”.

Sin necesidad de saber el carácter de la palabra (conjunción, pronombre relativo, pronombre interrogativo o exclamativo), lo que puede requerir cierto dominio de la ciencia gramatical, es sencillo para cualquier hablante establecer la pronunciación tónica (con acento) o átona (sin acento) de la palabra dentro de la frase, para determinar si lleva tilde o no. No se pronuncian igual el “que” de “Dijo que tenía hambre” o “Espera que vuelva” y el “qué” de “¿En qué lío se metió este hombre?” o “¡Qué hambre tan grande tiene!”. Por lo mismo, no se escriben igual.

Un ejemplo con los tres ques: “¡Qué bueno que haya venido él, que tiene tanto carisma!”.

FERNANDO ÁVILA
​Experto en redacción y creación literaria

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