'La Pinta', el barrio salsero de Delirio

'La Pinta', el barrio salsero de Delirio

Con este espectáculo, la escuela de salsa y circo de Cali hace una temporada en Bogotá.

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La Pinta, el calor caleño de Delirio que llega a Bogotá.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

01 de septiembre 2016 , 07:08 p.m.

Cecilia Montezuma tiene ese recuerdo fijo: a los 5 años estaba en el patio de su casa, en el humilde sector de Aguablanca, en Cali. Cuando miró al cielo, vio pasar un avión y quiso, desde ese momento, viajar mucho por todo el mundo.

En su hogar había un papá bailarín, don Alirio Montezuma, nacido en Puerto Tejada (Cauca) y descendiente de nariñenses. Y ese papá le decía a Cecilia: “Aprendé a bailar, mija, para que hagamos presentaciones en Juanchito”.

La vida pasó y, gracias a la salsa, Cecilia Montezuma es hoy una de las más importantes bailarinas de La Pinta, el espectáculo de Delirio, la escuela de salsa y circo de Cali que se presenta en Bogotá, este viernes, el 3, 8, 9 y 10 de septiembre en la Gran Carpa de las Américas de Corferias, a partir de las 8 p. m.

Es la primera vez que Delirio, cuyo nacimiento fue en Cali hace 10 años, realiza una temporada larga en Bogotá. La directora de la escuela, Andrea Buenaventura, mira hacia adelante: “Esperamos que este sea el inicio para marcar una estancia más permanente”.

Buenaventura es una parte muy importante de este andamiaje sonoro y de baile. “Es una creación colectiva de 300 artistas que pensamos todos los días en lo que viene. Somos una forma de celebración popular que nació en los barrios caleños y que fue evolucionando hasta convertirse en una industria cultural”, explica.

La Pinta, además, es de los espectáculos más vistosos de Delirio, con un derroche de colores y en el que baila hasta el cura del barrio mientras se resuelve el dilema de Dolores la Pachanguera.

Ella, una joven hermosa y rumbera, ama bailar con el Negro Tumbao, pero a la mamá de la niña no le gusta esta actividad y por eso le da tremendas pelas cada vez que descubre que estuvo ‘azotando baldosa’.

En medio de este conflicto, se muestra cómo crece La Pinta, un barrio donde todo se sabe mientras se baila, se barre y se goza.

Y en este Delirio está Cecilia Montezuma, quien gracias al baile ha ido a lugares tan lejanos como Mongolia. “Es un lugar hermoso que me inspiró. Teníamos un guía cuyo nombre no pudimos pronunciar jamás; así que él mismo nos pidió que lo llamáramos Otto”, dice.

Los bailarines de Delirio que llegaron hasta allí hicieron la exhibición de la salsa en un lugar dedicado a la danza, en Ulán Bator, la capital de Mongolia.

“Fue una experiencia maravillosa. Los niños aprendieron los pasos que les enseñamos, de una manera exacta, y aunque no podíamos comunicarnos con palabras, ‘hablamos’ con el baile”, agrega.

Hoy, Montezuma divide su tiempo entre Delirio y el rol de gestora cultural con su escuela propia, donde tiene varias historias ya escritas con final feliz, pues sus bailarines están trabajando en distintos lugares del mundo.

“Pero hay otras pendientes que ahí vamos escribiendo y bailando, y que espero que les pongamos un punto final muy positivo”, comenta la bailarina, de 35 años.

Uno de sus colegas más importantes de La Pinta es Carlos Paz, de 56 años, hombre delgado, derecho, serio pero afectuoso, que empezó a bailar a los 6 viendo a su hermano. “Siempre he bailado salsa, descargas, pachangas...”, cuenta.

Su historia dio inicio en la cuadra, como la de muchos otros. “La gente comentaba que el hijo de doña Bertha, es decir yo, bailaba bien; que el muchacho de tal barrio, es decir yo, bailaba bonito, y así se fue desarrollando mi carrera, en los agua’elulos primero”, comenta.

Ha sido el creador de sus propios pasos, muchos de ellos nacidos en los ensayos de joven en la casa de su mamá, en la sala o en una pieza, donde hubiera espacio.

Fue así como llegó a los grandes ‘griles’ de Cali y a las discotecas más reconocidas, y se hizo un nombre. Incluso, cuenta que en 1977, en el ‘gril’ Honka Monka, le ganó a Watussi (otro legendario bailarín) el título del mejor. “Como yo sabía que era tan bueno, lo único que se me ocurrió para ganarle fue bailar encima de una mesa”, cuenta.

En Delirio, Carlos Paz es considerado ‘Solista en notas mayores’, un maestro para las nuevas generaciones que, además, da la impresión de tener todos los instrumentos metidos en su cuerpo.

“Es que yo de joven ensayaba con un bafle del equipo a cada lado, con el fin de tener muy buen ritmo. Siento el piano, el bongó, la flauta y el trombón en cada paso”, dice este apasionado bailarín, vecino sabio y rumbero de La Pinta, el calor caleño de Delirio que llega a Bogotá.

¿Dónde y cuándo?

2, 3, 8, 9 y 10 de septiembre, 8 p. m. Gran Carpa de las Américas. Av. de las Américas n.° 37-66, Bogotá. Informes: 593-6300 y tuboleta.com. Boletas: 165.700, 193.500, 221.000 y 248.600 pesos. Para mayores de edad.

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