Philip Roth se fue sin su merecido Nobel de Literatura

Philip Roth se fue sin su merecido Nobel de Literatura

El autor de EE.UU. ingresa a la lista de nombres que la Academia Sueca injustamente nunca reconoció.

Philip Roth

Philip Roth había nacido en Newark (Nueva Jersey) el 19 de marzo de 1933, y pertenecía a la segunda generación de una familia judía emigrada de la región europea de Galitzia (Polonia/Ucrania).

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23 de mayo 2018 , 10:02 p.m.

Fue el eterno candidato al premio Nobel de Literatura. Y se lo merecía. El escritor Philip Roth, fallecido el martes pasado a los 85 años, era una de las plumas más importantes de las letras estadounidenses. Hizo parte de esa generación de gigantes de la narrativa literaria con Don DeLillo, Saul Bellow y Norman Mailer.

En el año 2016 tuvo su última oportunidad para ser reconocido con el gran galardón de las letras, pero la Academia Sueca decidió otorgárselo a su compatriota, el músico y poeta Bob Dylan, en una decisión que estuvo rodeada por un manto crítico y cuestionado.

Ahora, el nombre de Roth ingresa a esa lista de colegas suyos que, como Jorge Luis Borges, fueron injustamente relegados por la Academia Sueca.

Para el escritor Juan Camilo Rincón, se fue uno de los últimos “rastros vivos” de la gran novela estadounidense.

“Heredero junto con Mailer y Vonnegut de la maestría de Faulkner y Hemingway, aunque fue hijo de la gran la tradición literaria de ese país, Roth forjó sus propias letras a través de la exploración de la identidad norteamericana, nacida del 'melting pot'. De esa sopa de culturas que llegaron desde todos los puntos cardinales para la construcción de un país", anota Rincón.

Roth dijo lo que nadie había dicho, escribió lo que nadie había escrito. Todo esto lo hizo con humor: con una prosa que no se desviaba para hacer reír sino que estaba hecha de humor.

“Roth dijo lo que nadie había dicho, escribió lo que nadie había escrito. Todo esto lo hizo con humor: con una prosa que no se desviaba para hacer reír sino que estaba hecha de humor”, anota, por su parte, el escritor Ricardo Silva Romero.

“Él dejó una producción novelística que por su extensión y toma de posición frente a la sociedad, constituye prácticamente un género aparte”, anota a su turno el profesor y crítico Jorge Iván Parra.

Philip Roth había nacido en Newark (Nueva Jersey) el 19 de marzo de 1933, y pertenecía a la segunda generación de una familia judía emigrada de la región europea de Galitzia (Polonia/Ucrania).

Precisamente, esa tradición familiar fue siempre un sello que imprimió en su obra, a lo largo de su vida.

“De forma brillante describió las dificultades de identidad de los inmigrantes en su necesidad –tan humana– de adaptarse y ser parte de algo; del hecho de ser descendiente de judíos, enfrentado a un conflicto entre la tradición y el nuevo mundo que se abría en suelo americano. En sus textos, con tintes autobiográficos unos, filosóficos otros, la realidad y la ficción se entremezclan sin que podamos distinguir donde está la línea que las separa”, agrega Rincón.

El profesor Parra destaca precisamente cómo el escritor estadounidense logró retratar con acierto a la comunidad judía, más bien acomodada de Nueva York, a través de tres personajes convertidos en arquetipos: Zuckerman, Potnoy y Kepesh.

También exploró el tema de la enfermedad casi de manera obsesiva, tal como lo hizo en las novelas ‘El pecho’, ‘Némesis’ y ‘Un animal moribundo’ (llevada al cine con el título de ‘La elegida’). Sus novelas son terriblemente aleccionadoras, por cuanto sus personajes siempre pagan las consecuencias de sus actos, o la vida les cobra con creces lo que primero les regala. Esto se ve claramente en novelas como ‘Indignación’ y ‘La humillación’, que pueden dejar al lector como si le hubieran entablado la cara”, explica el profesor Parra.

Sus novelas son terriblemente aleccionadoras, por cuanto sus personajes siempre pagan las consecuencias de sus actos, o la vida les cobra con creces lo que primero les regala.

Silva, por su parte, destaca sus libros ‘El lamento de Potnoy’, ‘La mancha humana’ y ‘La conjura contra América’.

“Caigo en cuenta de que sólo en esas tres novelas está claro que Roth articuló secretos que no se habían expresado sobre la sexualidad de los hombres, describió como un profeta la era de las lapidaciones y advirtió que su país siempre estaba a un paso de caer en el fascismo”, comenta el también columnista de este diario.

Crítico de las contradicciones de EE. UU.
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Roth es el máximo exponente de la herencia de la gran literatura estadounidense, en línea con Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway o Saul Bellow.

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En su discurso de recibo del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2012 dejó clara esa obsesión suya por retratar a los Estados Unidos en toda su extensión y con todas sus contradicciones.

"La historia de los Estados Unidos, las vidas estadounidenses, la sociedad estadounidense, los lugares estadounidenses, los dilemas estadounidenses -la confusión, las expectativas, el desconcierto y la angustia estadounidenses- constituyen mi temática, como lo fueron para mis predecesores estadounidenses durante más de dos siglos", dijo Roth en su discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias.

En esa oportunidad, estaba convaleciente de una operación y no viajó a Oviedo a recogerlo, pero se mostró agradecido y, sobre todo, sorprendido, porque los lectores de otros países, en ese caso España, pudieran identificarse con su obra y comparar así su visión con "la representación estereotipada, excesivamente simplificada de Estados Unidos".

Una obsesión que apareció desde su primera obra, ‘Goodbye, Columbus’ (1959), cinco relatos cortos en los que sentó las bases de toda su trayectoria posterior.

Y que quedó aún más clara cuando en 1973 publicó ‘The Great American Novel’ (‘La gran novela americana’), un desafío ya desde el título para el mundo literario estadounidense, siempre a la búsqueda de esa 'gran novela americana'.

Trabajó sin descanso para ser el autor de la novela definitiva sobre su país y lo logró a juicio de muchos con su brutal trilogía formada por ‘American pastoral’ (‘Pastoral americana’, 1997), ‘I married a comunist’ (‘Me casé con un comunista’, 1998) y ‘The human stain’ (‘La mancha human’, 2000).

Un certero y demoledor retrato de su país que se conoce como ‘Los Estados Unidos perdidos’ y que le hizo desde entonces un serio aspirante al Premio Nobel de Literatura.

Gigante de la talla de Gabo

La primera y la última novelas de esa trilogía fueron llevadas al cine, como otras muchas de sus obras, adaptaciones todas ellas fallidas porque el lenguaje de Roth es inadaptable a la palabra hablada, algo que ha pasado con otros genios de la Literatura como Gabriel García Márquez.

Las imágenes del cine nunca han logrado reflejar la intensidad y profundidad de un escritor que es considerado casi como un forense del alma humana, por la precisión con la que ha plasmado en sus obras el dolor, la crueldad o la soledad del ser humano.

Pero siempre con una fina e implacable ironía con la que criticaba sin descanso a sus compatriotas a través de la voz de su personaje más conocido, Nathan Zuckerman, su alter ego y narrador de muchas de sus novelas, que apareció por primera vez en ‘My Life as a Man’ (‘Mi vida como hombre’, 1974).

Historias siempre con la realidad como punto de partida, pero también con un gran componente surrealista, y que hicieron de él el máximo exponente de la herencia de la gran literatura estadounidense, en línea con Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway o Saul Bellow.

Hace algunos años, el intelectual de la crítica Harold Bloom, consideró a Roth como uno de los cuatro escritores norteamericanos vivos más importantes, junto con Thomas Pynchon, Don DeLillo, y Cormac McCarthy.

Un lugar entre los más grandes que se ganó por su escritura sin complacencias, en la que no olvidaba su origen judío, aunque en muchas ocasiones renegó de que se le considerara simplemente un escritor judío.

Mucho más que un escritor judío

Su obra es mucho más compleja como para limitarla a una simplificación semejante. Diseccionó la memoria, la vejez, la muerte, la iniciación a la vida, la política (apoyó públicamente al Partido Demócrata), la libertad, la sombra del padre o el sexo -en muchos de sus libros pero sobre todo en ‘The Breast’ (‘El pecho’, 1972), con un profesor de literatura convertido en un pecho de mujer-.

Diseccionó la memoria, la vejez, la muerte, la iniciación a la vida, la política (apoyó públicamente al Partido Demócrata), la libertad, la sombra del padre o el sexo.

Un autor que sufría al escribir. Describía su proceso creativo como una "agonía espontánea", que le llevaba a adentrarse con cada obra en un inicio "extremadamente difícil, frustrante y poco satisfactorio", como señaló en una entrevista en 2012.

Dos años después anunció oficialmente una retirada que en realidad se remontaba a ese 2012, pero nadie le creyó porque no era la primera vez que intentaba parar de escribir sin lograrlo. Pero lo cumplió. Dijo que ya no se sentía con la vitalidad mental ni la energía verbal necesaria para seguir escribiendo.

En enero, en la que fue su última entrevista, al New York Times, se refirió a lo que había sido para él ser un escritor: "Regocijo y gemido. Frustración y libertad. Inspiración e incertidumbre. Abundancia y vacío. Ardor y locura". Y una "tremenda soledad".

El Nobel que nunca llegó

“Fue una verdadera injusticia que no le hubieran dado el Nobel”, anota Parra. Y aunque le quedó faltando este galardón, su brillante carrera fue reconocida con los galardones más prestigiosos del planeta.

En el 2012, ganó el Premio Príncipe de Asturias tras imponerse en la última ronda de votaciones al japonés Haruki Murakami.

También obtuvo el National Book Award con ‘Sabbath's theather’, el Premio Pulitzer de narrativa con ‘American Pastoral’ y el prestigioso National Book Critics Circle Award con su novela ‘Patrimony: a true story’ (1991).

Medalla de Oro 2001 de Narrativa, el más alto galardón que concede la Academia Norteamericana de las Artes y de las Letras, y Medalla Nacional de las Artes, obtuvo además el premio Man Booker International en 2011.

Regocijo y gemido. Frustración y libertad. Inspiración e incertidumbre. Abundancia y vacío. Ardor y locura. Y una tremenda soledad": así definió la escritura.

Recibió el premio PEN/Faulkner Award por ‘Operation Shylock: a confession’ y por ‘The human stain’ y el premio PEN/Nabokov.

Philip Roth

En 2014 anunció su retiro de la escritura. Dijo que ya no se sentía con la vitalidad mental ni la energía verbal necesaria para seguir escribiendo.

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Estuvo casado dos veces. La primera con Margaret Martinson (1959-1963), que murió en 1968 en un accidente de coche. La segunda con la actriz inglesa Claire Bloom, de la que se divorció en 1994 tras un tormentoso matrimonio.

Bloom se sintió traicionada al leer el manuscrito de ‘Deception: a novel’ (1990), en la que aparecía una aburrida mujer de mediana edad llamada Claire casada con un escritor adúltero de nombre Philip.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento
Con información de Efe y de APF

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