El viaje del Pacífico al sonido sinfónico

El viaje del Pacífico al sonido sinfónico

La Orquesta Sinfónica Nacional cierra el jueves la temporada 2016 de 'PaZcífico sinfónico'.

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Clarisol Martínez, chocoana, fue una de las voces que 'nació' en el Festival Petronio Álvarez, en los 90, y ahora rinde homenaje a la música de su región junto a la Orquesta Sinfónica.

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Foto: Orquesta Sinfónica Nacional

13 de diciembre 2016 , 10:39 p.m.

A pocas semanas del lanzamiento en vivo de PaZcífico sinfónico, Marco Antonio Micolta Santiesteban quiso renunciar. Era un niño todavía cuando su madre, Alejandrina Micolta, viajó a Tumaco en busca de un marinero: su padre. Pero no lo encontró. Así que fue ella quien le dio todo, desde los dos apellidos hasta la vena musical.

Sin quien la ayudara a cuidarlo cuando había fiestas en Buenaventura, Alejandrina buscaba un rincón donde dejar a Markitos mientras bailaba, tocaba o cantaba las músicas del Pacífico. Creció arrullado por los currulaos. Sin embargo, tantas décadas cantando la música de su región no pesaron cuando intentó renunciar al más ambicioso proyecto de música sinfónica del Pacífico que se haya hecho en Colombia.

A Markitos lo escogieron para cantar con la Orquesta Sinfónica Nacional algunas líneas tan familiares como “esta casa que yo hice, pasando tanto trabajo, tiene piso’e guayacán y paredes de chachajo”. Aun así, tenía problemas para memorizar la letra. Markitos, de voz cansada al hablar pero poderosa cuando canta, no quería más. Algo no funcionaba para él.

“A veces son problemas del cansancio, porque esos ensayos son muy dispendiosos”, dice vía telefónica desde Cali.

No es que no la hubiera cantado antes. Es que esta versión, arreglada para orquesta sinfónica y cantante, le resultaba particularmente difícil. Él, que nunca en su vida necesitó leer figuras musicales para cantar y convertirse en toda una institución de la música del Pacífico, se veía obligado a seguir compases en una partitura.

“Mira, Markitos, esa canción va y la vas a cantar tú”, le sentenció Paul Dury, director artístico del proyecto. Y así fue. La canción quedó y la cantó él, como otras tres de las 17 seleccionadas para el trabajo de fusión de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia: PaZcífico sinfónico, el segundo disco de su tipo después de Currulao sinfónico, producción grabada hace 17 años por la extinta Orquesta Sinfónica del Valle y dirigida, también, por Dury. Entre un disco y otro, la música del Pacífico ha crecido, y así lo cuentan quienes estuvieron en ambos proyectos.

***

En la última fila de la Orquesta, en la percusión, discreto, se veía a Juan Jacobo Martínez en diciembre del 2015, cuando PaZcífico sinfónico vio la luz en público y se grabó en vivo en el teatro Jorge Eliécer Gaitán. Juan Jacobo es uno de los pocos músicos de la Sinfónica Nacional que viene del Pacífico. Es caleño y tiene 38 años, más de 10 en Bogotá. Antes, cuando cruzaba los 20, tocó con la Sinfónica del Valle y formó parte de la plantilla que grabó Currulao sinfónico.

Desde esos años conocía a Markitos, con quien se volvió a encontrar en Bogotá. Pero Juan Jacobo también se encontró con figuras que, en el 2000, ni siquiera habían aparecido en la escena de la música del Pacífico. “En este proyecto, las nuevas figuras son gente bastante menor que yo. Son de una o dos generaciones posteriores a las que conocí en Cali”. Habla, por ejemplo, de William Angulo, vocalista de Herencia de Timbiquí, y de Nidia Góngora, voz líder de Canalón de Timbiquí. “Lo que se hace en Timbiquí es algo que no se conocía en la época que yo salí de Cali; entonces, la forma de cantar de Nidia y William es un poco diferente a lo que yo conocí y a lo que se grabó en Currulao sinfónico”.

PaZcífico sinfónico recoge algunas de las canciones más tradicionales de la región (Mi Buenaventura, La arrechera, El birimbí), pero le abre espacio a lo que grupos de Timbiquí y Guapi, en el Cauca, han venido haciendo (Con el corazón, Te vengo a cantar, Amanecé). “Creo que en esta oportunidad se trabajó con mucha más conciencia y con muchas más herramientas”, es la apreciación de una de las voces más autorizadas cuando de música del Pacífico se trata. Hugo Candelario González, difusor, cantante, marimbista, saxofonista, investigador y director del Grupo Bahía, ha formado parte de los momentos más importantes del folclor musical del Pacífico en las últimas dos décadas.

Aunque pasó por conservatorios y universidades, se considera empírico. Aun así, tiene una fluida relación musical con Paul Dury, el director belga que llegó a Ibagué a principios de los 90 y luego fue director de la Sinfónica del Valle. Los dos participaron en ambos proyectos.

En PaZcífico sinfónico, cada uno fue embajador y guardián de su música. Paul debía velar porque la propuesta fuera realmente sinfónica y no solo un “tapete de cuerdas por debajo de un grupo folclórico”; Hugo, por su parte, fue el responsable de proteger la “esencia” de la música tradicional del Pacífico. “Somos los mismos locos en el proyecto y lo que se aprendió en Currulao sinfónico sirvió para mejorar”, manifiesta Paul.

Sin embargo, eran más los retos desde el punto de vista sinfónico. Para empezar, la marimba de chonta, columna y corazón de la música del Pacífico sur, está construida en un solo tono, lo que limitaba las posibilidades de los arreglistas. Por eso, trabajaron con tres distintas. “Lo otro es que la del Pacífico es básicamente una música rumbera; con excepción de canciones un poco más melancólicas, es rumba a todo taco”, explica Paul.

Esto, para un grupo que toca en distintos volúmenes significaba una limitación: “Lo intentamos con la obertura (PaZcífico sinfónico, como el álbum), pero si tocas El birimbí o La vamo’a tumbá a muy bajo volumen, no tiene ningún sentido”.

Ahora, desde el Pacífico, el reto era mantener la “esencia”. Como explica Hugo, la música del Pacífico nace con la experiencia de los ancestros africanos esclavizados. De allí viene su carácter repetitivo y monótono. Él lo llama “trance”: “Tiene una carga psicológica que corresponde a la realidad de vivir selva adentro”. Hablar de trance es, entonces, hablar de un anhelo de libertad “del espíritu, de la mente, del cuerpo; es el anhelo de una realidad distinta a aquella en la que hacen la música”.

Esto aplica para la música más tradicional, porque desde hace al menos 20 años la música del Pacífico se viene transformando, entre otras razones por la influencia del festival Petronio Álvarez, que llegó este año a su vigésima edición. Hugo recuerda que, en 1997, para el primer Petronio compuso la canción Con el corazón. Un “riesgo”, según él, porque empezaba a explorar con otras sonoridades y letras. A partir de entonces, no han sido pocos los que han experimentado desde la raíz de la música del Pacífico, desde ChocQuibTown hasta Herencia de Timbiquí, quizás los más comerciales.

La labor de Hugo Candelario de hacer respetar la esencia tradicional de la música fue de tal minucia que duró, incluso, hasta el día del primer concierto. El 17 de diciembre del 2015, un par de horas antes de la presentación, se acercó a Paul y le contó que hacía varios días tenía una duda sobre una de las canciones del disco. El bajo, fundamental para definir la célula rítmica en cualquier estilo musical, estaba escrito “al revés”. “¿Y me dices eso ahora?, ¿las grabaciones que hicimos no sirven de nada?”, le preguntó Paul, inquieto.

Aunque el álbum estaba pensado para grabarse en vivo, durante los ensayos grabaron cortes que sirvieran de sustento a la hora de mezclar. “Retomamos hora y media antes del concierto. Menos mal que tenemos contrabajistas que tocan la música jazz y la música popular. Si hubiera sido una orquesta alemana, chao”, cuenta Paul, aliviado. La labor de Hugo, explica Paul, era como la de un catador de vino: detectar ‘sabores’ tan específicos que podrían resultar intrascendentes para un oído desprevenido.

La responsable de reunir a Paul y Hugo en ese proyecto fue Claudia Franco, gerente general de la Orquesta Sinfónica Nacional. Fue también ella la de la idea inicial. “Cuando nos ganamos el Grammy con Fonseca sinfónico (dirigido también por Paul), dije: ‘Bueno, ¿en qué me voy a meter ahora’”, cuenta. “Me sonaba como música de marimba, pero no sabía exactamente qué”. Habló con la ministra de Cultura, Mariana Garcés, quien le contó de Currulao sinfónico. Claudia se contactó con Paul, quien a su vez habló con Hugo. En abril del 2015 se reunieron en Cali y comenzaron la planeación.

Desde ese momento, el disco tenía nombre, con todo y la zeta de ‘PaZcífico’. Escogieron las canciones pensando en que el Pacífico quedara bien representado, con base en las categorías del festival Petronio Álvarez, a cuyo creador, Germán Patiño, está dedicado el disco. Gracias a esto, quedaron canciones de marimba del Pacífico sur, canciones de chirimía chocoana del Pacífico norte y, por primera vez, un acercamiento a la tradición de los violines caucanos (Amanece y amanece).

Tres personas se encargaron de hacer la ‘obra gris’ desde lo tradicional; otras tres se harían cargo de la orquestación sinfónica. Este trabajo se llevó a cabo desde Cali, Bogotá, Los Ángeles y Buenos Aires, pues todos estaban en distintas ciudades, y tomó alrededor de seis meses. En simultánea, Hugo seleccionó la plantilla de músicos tradicionales, en total 13. Empezó a ensayar con ellos en Cali, mientras la Orquesta trabajaba con sus partituras en Bogotá. Fue hasta las primeras semanas de diciembre cuando lo Pacífico y lo sinfónico, por fin, se encontraron.
Tocaron dos veces en Bogotá y una más en Buenaventura, que terminó en una fiesta, allí donde, en su niñez, Markitos Micolta conoció a Petronio Álvarez y se aprendió su célebre currulao Mi Buenaventura. Todo fue celebración, pero no terminó la historia de PaZcífico sinfónico.

El pasado 26 de julio, la Orquesta Sinfónica Nacional interpretó el disco completo en el Gran Teatro Nacional del Perú como parte de la muestra artística de Colombia, invitado de honor a la Fiesta Internacional del Libro de Lima. Y el sábado 13 de agosto, como con Currulao sinfónico, la Sinfónica Nacional presentó PaZcífico sinfónico en su cuna, en el festival Petronio Álvarez. Mañana, por última vez hasta nueva orden, estará en Bogotá.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor de EL TIEMPO.COM
@LopezJuanDa

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