La última guerra del escritor Rafa Baena

La última guerra del escritor Rafa Baena

Llega a las librerías 'Memoria de derrotas', la novela póstuma del periodista sincelejano.

Rafa Baena

Baena, fotógrafo, reportero, editor y escritor, murió el 14 de diciembre del 2015, luego de librar una dura batalla con los pulmones a causa del cigarrillo.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

27 de febrero 2017 , 11:13 p.m.

Una de las imágenes más tensionantes de la narración de Memoria de derrotas, la novela póstuma del periodista y escritor Rafael Baena (Sincelejo, 1956 - Bogotá, 2015), le ocurre a Marcelo, el protagonista, en un hospital, en medio de una de sus crisis pulmonares.Rodeado de cables, pinchazos de jeringas y camillas, Baena, con esa pluma deliciosa y cargada de una ironía singular, relata cómo una de las aseadoras de la clínica le muestra a la otra las prioridades de limpieza: primero hay que barrer la prepagada, luego el área de los niños y finalmente donde están “estos” (los pacientes de las EPS).

Uno de ellos fue el propio Baena, quien durante años libró su particular batalla respiratoria, luego de contarnos de manera magistral todas las guerras de finales del siglo XIX en Colombia. Su amado pielroja terminó ganándole la batalla, como él mismo lo refleja en la frase y la foto que sirven de carátula de este libro.

Esta y otras muchas escenas y anécdotas fueron las que destacaron los escritores Margarita Valencia y Darío Jaramillo Agudelo durante la presentación de la novela de Baena, en días pasados en la librería capitalina Lerner norte. El evento se convirtió en una excusa que reunió a muchos amigos de la vida periodística que Rafa –como todos lo llamaban con cariño– compartió en revistas como Cromos y Cambio.

Jaramillo recordó que conoció a Baena cuando él era alumno de primer año de derecho, en la Universidad Javeriana. Aunque no pasó de ese año, los dos quedaron unidos por el amor a los libros el resto de sus vidas. Muchos años después, Baena llamó un día a Jaramillo para pedirle el favor de que leyera su primera novela, Tanta sangre vista, para que le escribiera una frase promocional.

Entonces, Margarita Valencia aprovechó para dibujar una de las características más recordadas de la personalidad de Rafa: llevar siempre la contraria.

En un momento en que la novela histórica era uno de los géneros más desprestigiados, Baena apostó por él con una postura de guerrero ferviente.

“Lo que hay en el fondo de Baena es un niño travieso, que está llevando la contraria”, agregó Jaramillo, al poner algunos ejemplos. Si estaba de moda escribir sobre novela urbana, Rafa decidió contar historias rurales, lo que no se hacía desde 40 años atrás. Y si los autores preferían hablar del agitado mundo moderno, él decidió irse al pasado para contar la historia del siglo XIX.

“Lo que hace muy interesante la novela histórica, en todos los casos de Baena, desde Tanta sangre vista hasta La guerra perdida del indio Lorenzo, es que logra convertir la historia colombiana en novela de aventuras”, anotó Jaramillo.

Al respecto, aprovechó para resaltar la nota de presentación que Samuel Baena Carrillo, el hijo del autor, escribió para la presentación de este último libro de su padre:

“Mi papá supo vivir varias vidas antes de su muerte: fue fotógrafo, reportero, editor de prensa y escritor, un compañero cómplice y un padre inolvidable. En todos esos papeles, siempre buscó explicar su visión del mundo con la modestia que lo caracterizó. Solía decir que sus libros eran clases de historia a sus hijos y que con ellos esperaba hacernos comprender la violencia colombiana, tan incomprensible como antigua”.

Por su parte, Valencia agregó que esos libros han terminado siendo, en últimas, clases entretenidas de historia para muchos jóvenes de hoy. “Tenía una manera de abordar la historia de Colombia diferente de la actualidad pesarosa de los periódicos, que nunca echan para atrás sino que están machacando en la miseria local. Yo creo que ahí había una intención de Baena de legar una obra que dejara una visión de país”, anotó.

Crítica a la sociedad

Precisamente, Jaramillo aprovechó para regresar a Memoria de derrotas, que se convierte en una dura crítica a la sociedad contemporánea del país.

“Su visión de país llega hasta esta novela que estamos presentando. Él tiene clara su visión generacional, las contradicciones de una sociedad abiertamente injusta, donde las prestaciones sociales, en todos los sentidos, están completamente discriminadas”, comentó Jaramillo.

Y Baena lo hace a través de la mirada de Marcelo, el protagonista, un destacado editor que se enfrenta a una afección pulmonar mientras ve cómo Eloísa, su esposa, es ahora la mujer de Juan Eugenio Cavadía, otro de los personajes. Lo curioso es que Cavadía es, a la vez, un autor de novelas históricas que son editadas por Marcelo. Entre los dos se librará un duelo divertido a lo largo de la historia.

Esta trama, esboza, la original estructura narrativa que Baena imaginó para su libro (y con la que luchó durante meses), que a su vez le permite jugar con las personalidades de sus protagonistas. Que en últimas son la del propio autor, pero en diferentes espejos.

“Es una autobiografía que Rafael la cuenta repartida en personajes. Y de pronto hay un personaje que es Baena que está conversando con otro personaje que también es él. Se estaba enloqueciendo el pobre (risas). Y esas historias de Cavadía son un contrapunto interesante. Pero también en la misma letra en que Marcelo está hablando hay unas historias que son de la vida de Baena”, explicó Jaramillo.

Tanto éste como Valencia están de acuerdo con que es un libro duro pero sin llanto, con mucho humor y cierta autocrítica. Confesaron que si bien la primera lectura a ellos, como amigos de Rafa, les dolió y hasta chocó, cuando hicieron una nueva el panorama cambió. “En la segunda lectura, la novela se aleja de Baena y se deja leer sola muy bien porque hay una decisión evidente de no escribir un texto autobiográfico”, anotó Valencia.

“La gran paradoja es que es una novela absolutamente triste y dura, contada en un tono tan divertido, tan despreocupado, con tanta distancia, que hace que uno se divierta viendo cómo el pobre Marcelo se está acabando. Eso me parece una verdadera hazaña literaria que además revela todo lo que gozó Baena escribiendo esta novela”, complementó Jaramillo.

Margarita Valencia aprovechó para comparar la novela con el Quijote, en el sentido de tener la doble condición de ser “muy divertida, desopilantemente cruel y muy crítica. Con el encanto de que este narrador puede abordar las cosas de frente, sin darle vueltas a nada. Es además una novela que va mezclando muchas historias”.

Entonces, Jaramillo, en tono humorístico, aprovechó para decirle a Valencia: “Ya con lo que usted está diciendo, de comparar a Baena con Cervantes, lo deben de estar dando de alta en el purgatorio y montándolo pa’l cielo por orden suya”, mientras los asistentes estallaban de risa.

Los contertulios destacaron también la presencia del erotismo en la obra de Baena, que atravesó toda su narrativa. Valencia aprovechó para hablar de los poemas eróticos que Cavadía escribe y que obligan a Manuel a aceptar que son buenos.

“Eso introduce un tema en el cual es necesario ser explícito cuando uno habla de esta novela o de todas las de Baena, que es su sentido del erotismo y la presencia del sexo, que es absolutamente claro y divertido”, comentó Jaramillo.
“Sí, el tema del sexo me parece muy abierto con mucha gracia, pero claramente establecida como una de las razones de vida, porque esta, finalmente, es una celebración de la vida. Pero también habla del amor, de la escritura, de los amigos y de la familia”, complementó Valencia.

Si bien la charla versó la mayoría del tiempo sobre lo que significó para Rafa el proceso de escritura de su último libro, los presentadores aprovecharon para recordar anécdotas de sus otras novelas, como Siempre fue ahora o nunca, ¡Vuelvan caras, carajo! o La bala vendida. Reflejo de una brillante carrera literaria forjada por Baena en poco más de diez años.

“En este tiempo, Baena hace un recorrido por la historia política de Colombia en el siglo XIX, aunque en realidad lo que está haciendo es mirar al XX; hace un relato definitivo de su generación y cierra con este libro, que acaba siendo como un ‘¡ahí les dejo, pa’ ver ustedes qué hacen!’”, concluyó Valencia.

Al final, Jaramillo y Valencia invitaron a algunos de los muchos amigos presentes a que recordaran lo que significó Baena en sus vidas.

El periodista Antonio Morales comentó que para él leer la novela de Rafa fue un viaje a una época que compartieron juntos. “Esos tiempos estaban signados por la amistad, por compartir tantas cosas del periodismo, de la política, hasta de la militancia, diría yo, y necesariamente también de la literatura. Entonces, lo que me hizo Baena, leyendo la novela, fue que me conté una historia de mí mismo y me la sigo contando. Por ejemplo, no he dejado de fumar”, dijo.
Morales recordó la generosidad de Rafa, con la anécdota de cuando se conocieron en Barranquilla, por allá en los años 80.

Fue el día en que un grupo guerrillero venezolano había secuestrado tres aviones en Caracas, que desviaron a Barranquilla. Morales, de manera coincidente, se encontraba en esa ciudad en otras labores cuando se encontró con esa situación en pleno aeropuerto de la capital del Atlántico.

“Yo empezaba en Cromos, donde trabajamos tantísimos años con Rafa. Evidentemente me picó el cuento periodístico, yo quería escribir la historia a la semana siguiente, pero no tenía una cámara. De repente apareció un pelado, con quien inmediatamente hubo una sonrisa. Y me dijo: ‘Oye, llave: tú tienes cara de necesitar una cámara’. Y me dio una con un teleobjetivo de 500, con la cual pude hacer las fotografías. Ese era Rafa: no me conocía, me vio las ganas de tomar fotos, me entregó su cámara y de una vez me entregó su corazón”, concluyó el periodista Antonio Morales.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento

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