Las dudas sobre si Bolívar participó en la batalla de Boyacá

Las dudas sobre si Bolívar participó en la batalla de Boyacá

Mientras unos lo pintan en el campo, otros dicen que no comandó en persona la acción militar.

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El coronel Antonio Obando, que no se llevaba bien con Bolívar, dice que sí participó.

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Ilustración: John Joven

07 de agosto 2016 , 07:23 a.m.

Una vieja polémica se recuerda aquí; no para insistir en ella, sino para hacerla conocer, ahora que conmemoramos otro aniversario de la Batalla de Boyacá. Se trata de resolver la cuestión de si el Libertador Simón Bolívar dirigió en persona la Batalla.

Porque hay quienes han dicho que cuando él llegó de Tunja, desde donde había despachado al ejército al mando de Santander y Soublette a detener a Barreiro, que pretendía cruzar el puente del Teatinos rumbo a Santafé, la refriega había pasado y ya en el campo se hacían prisioneros y se recogían las armas.

La cuestión viene desde que en julio de 1917 el Repertorio Boyacense, órgano de difusión del Centro de Estudios Históricos de Tunja, publicó el manuscrito Apuntamientos sobre la campaña de 1819, de Elías Prieto Villate, escrito en Paipa en 1893.

El autor de los Apuntamientos nació en Tibasosa (Boyacá); sin saberse con exactitud el año de su nacimiento, murió octogenario el 9 de abril de 1906. En el Colegio de Boyacá cursó estudios humanísticos y se graduó de maestro en 1840. A más de sus Apuntamientos, escribió el Texto de urbanidad para el uso de los padres de familia y de los directores de escuelas primarias de ambos sexos, y los dramas Cuácaros y jesuitas y El marido de dos mujeres.

El valor de lo que aquí vamos a desarrollar radica en que Elías Prieto Villate fue hijo del capitán Anselmo Prieto, quien al lado del Libertador peleó en las acciones el Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá. Los Apuntamientos los redactó, según dice, “por los informes que desde muy pequeño comencé a recibir de mis tíos, señores Francisco Mariño Soler, Javier y Luis Villate, de mi padre y de otros sujetos que, unos fueron actores y otros testigos oculares de los acontecimientos y pormenores que hubo poco antes y después de las batallas de Vargas y Boyacá”.

Para el caso que nos ocupa, el día que importa aquí es el 7 de agosto de 1819. Bolívar está en Tunja. “La ocupación de esta ciudad ha puesto en nuestro poder más de 600 fusiles, un almacén de vestuarios y paños, los hospitales, botiquines, maestranzas y cuanto poseía el enemigo”, dice el boletín del ejército, fechado la víspera de la batalla.A la madrugada del 7, el Libertador hizo formar la tropa en la plaza y la puso en disposición de marchar. En ese campo le informaron que Barreiro, que venía de Motavita, cogía camino a Santafé; que desde el cerro de San Lázaro (a unos tres kilómetros de la ciudad) se lo podía observar. Con sus edecanes, el Libertador subió a cerro y constató la marcha del realista.

Lo que dice Prieto

Anota Prieto Villate en sus Apuntamientos (que tenemos a mano, lo mismo que los otros documentos que aquí se citan):

“Cuando la descubierta llegó al punto donde se bifurcan los caminos de Chiquinquirá y Boyacá (…) el Libertador preguntó: ¿y dónde se reúne ese camino con el que sale de Tunja? En el puente de Boyacá. ¿Y no hay otro camino que puedan seguir? No, señor. Entonces llamando a uno de sus ayudantes le dijo: Vaya usted, pronto, y diga a los generales Anzoátegui y Santander que hagan marchar el ejército en muy buen orden por la vía de Bogotá, y prevenido para combatir, donde quiera que encuentre al enemigo; advierta eso, prevenido para combatir. Esta orden la dio como a las nueve y media de la mañana. Después permaneció allí hasta las once y media; que ya no se veía el ejército realista, luego montó a caballo y dijo: Vamos a ver qué sucede hoy. Bajó a la ciudad, almorzó (el subrayado es nuestro), y con el señor Mariño y el estado mayor tomaron la vía de Bogotá tras el ejército”.

La fracción de realistas, con un poco más de mil hombres, al mando del coronel Sebastián Díaz, creyendo que los republicanos ese día no saldrían de Tunja, al llegar a la Casa de Postas, entre las 12 y las 13, hizo un alto para descansar y preparar el rancho.

Barreiro, que venía, como a un kilómetro de distancia, con el grueso de la columna de la retaguardia, hizo lo mismo. A las 2 de la tarde, llegaron al sitio los patriotas, vanguardia y retaguardia (no había cuerpo del ejército).

Soublette y la Legión Británica cogieron por la derecha y cayeron sobre los realistas sorprendidos y desconcertados; mientras por la izquierda, Santander atacó a los cazadores del 2º. del Numancia, que corrieron hacia el puente y con dos piezas de artillería se fortificaron allí, causándoles las mayores bajas de ese día a los republicanos.

Santander contuvo el asalto y llamó a Rondón y Mellao, quienes no pudieron obrar por allí con la caballería, por el nutrido y mortal fuego realista, ni pasar el río torrentoso de esos días de lluvia.

Aquí viene de nuevo Prieto Villate para hablar del papel de su papá en ese hecho memorable: “En tan apurada situación, el señor Prieto, que era cazador, y que por lo mismo estaba acostumbrado a buscar paso en las quebradas malezudas y dificultosas, se propuso buscar un paso por el río”.

Sigue diciendo que con su amigo Cruz Paredes llegaron a una casita y allí dos mujeres les indicaron un paso vadeable (de una de ellas se guarda memoria: Estefanía Parra).

Por allí pasaron Rondón y Mellao y cayeron por el flanco izquierdo de los realistas, al tiempo que Santander avanzó de frente con la infantería arrollando al enemigo desbandándolo y persiguiéndolo hasta Ventaquemada.

La llegada de Bolívar

La batalla duró poco menos de dos horas. Prieto Villate dice que los muertos realistas no pasaron de sesenta, contándose entre ellos nueve mujeres, de las más de doscientas que tenía el ejército realista a su servicio y que hacían sus oficios a la hora del almuerzo. Y el puntillazo clave del profesor Prieto Villate para lo de este asunto: “Cuando el Libertador y los que le acompañaban llegaron al lugar del combate, que serían las cuatro de la tarde, ya estaba decidido porque al llegar a la venta, ya le presentó el soldado Pedro Martínez (…) al general Barreiro (que había hecho prisionero), diciéndole: –Mi general Bolívar, aquí está su traído, ¿y qué hacemos con él?”, y el Libertador mandó que lo lleven a la casa y lo traten con la mayor consideración. En ese mismo campo, el Libertador dio una comisión al Anselmo Prieto y lo ascendió a subteniente.

En cuanto al polémico parte de batalla, en donde no aparece mención alguna al Libertador, sigue diciendo Prieto Villate: “El parte dado por el jefe del estado mayor general Carlos Soublette, y como no presenció la batalla, porque estaba con el Libertador, tuvo necesariamente que escribirlo por los informes que le dieron, y, por lo mismo, no es extraño que atribuya todo el mérito del triunfo al general Anzoátegui, no haciendo mención a Santander sino para decir que siguió persiguiendo a los derrotados: ¿y cómo no había de saber que Rondón y Mellao con sus regimientos, y su atrevido y pronto movimiento habían cortado al ejército enemigo; y que secundados muy oportunamente en la cortada por Santander y su división rodeando al ejército realista, decidieron el éxito de la batalla en menos de dos horas”.

Al final, no deja de ser extraño que ni José Manuel Restrepo, en su Historia de la revolución de Colombia, Ni Daniel Florencio O’Leary, en sus Memorias den cuenta de la presencia de Simón Bolívar en la Batalla de Boyacá. Restrepo deja a Bolívar observando el 7 “desde las alturas los movimientos de Barreiro para cerciorarse de sus intenciones”.

Cuando vuelve a hablar del Libertador, lo muestra el día 8, uniéndose en Chocontá a Santander, para seguir “rápidamente a Santafé”. Por su parte, O’Leary muy vagamente habla de Bolívar en Tunja el día 7 observando la marcha del enemigo a Santafé y nada más. Después de la acción, retoma al Libertador cuando “en persona persiguió a los fugitivos hasta Venta Quemada, donde pasó aquella noche”. En el fragor de la batalla, escribe O’Leary: “Dióse orden inmediatamente a Santander para forzar el puente y a Anzoátegui para atacar simultáneamente la posición realista por el ala derecha y por el centro”. Y no dice quién dio la orden.

Y más acá, ya los historiadores desafectos al Libertador aprovechan lo del almuerzo del prócer para endilgarle el hecho de quedarse tranquilo en Tunja, mientras sus hombres peleaban en el puente. Y por supuesto que ahí está Rafael Sañudo, quien, en su Estudios sobre la vida de Bolívar, cita la duración de la batalla y la llegada tarde de Bolívar al campo de Boyacá, según Prieto Villate, a quien no nombra y tiene por testigo presencial. Paginas antes había dicho, también erróneamente, que cuando Bolívar entró a Tunja entre los prisioneros que hizo estaba el gobernador Juan Loño, siendo que este ya había salido con el batallón tercero del ‘Numancia’ a unirse con Barreiro.
Elías Prieto Villate es testigo de oídas, ya se dijo, de los hechos que cuenta en sus Apuntamientos.

La versión contraria

Ahora es necesario saber lo que dicen sobre lo del Libertador en la Batalla de Boyacá testigos presenciales y actuantes. Francisco de Paula Santander, en El general Simón Bolívar en la campaña de la Nueva Granada de 1818, expresa: “El boletín del 8 de agosto ha referido ya la batalla de Boyacá y yo no añadiré otra cosa sino que el general Bolívar, presente en todos los puntos de la acción, dio las órdenes precisas para hacer brillar el valor de las tropas, el esfuerzo de los jefes y oficiales, y terminar de una vez la obra que había tomado a su cargo”.

El general de división, Tomás Carlos Wright, en sus Reminiscencias, refiriéndose a la actuación del Libertador en la Batalla de Boyacá: “Todos los cuerpos combatieron aquí con valentía sin par, y con verdadera emulación unos a otros. Bolívar acercábase a cada uno por separado, para soltarle alguna frase alentadora. Decíales a los hijos del país que los ingleses se mofaban de ellos, y al Albión que el Rifles le estaba enseñando el camino (…) y que las miradas de todos estaban fijas sobre ellos”.

Y el teniente coronel Antonio Obando, socorrano, enemigo del Libertador, dice en su Autobiografía: “Haré notar aquí que desde la primera vez que nos conocimos con el general Bolívar no simpatizamos”; le rechazó un ascenso, equivocadamente dado por el Libertador, en Casanare, y mandó decirle con quien se lo comunicaba que “yo, para contribuir a la libertad de mi Patria con mis pequeños servicios, no necesitaba ser coronel ni general...”.

Y en la parte de sus memorias referida a la batalla del 7 de agosto: “El general Bolívar, con nuestra retaguardia, siguió el movimiento de Barreiro y formó un fuerte al otro lado del río”. Este es el mejor testimonio sobre la presencia del Libertador en esa batalla. Si no hubiera sido así, habría sido la ocasión propicia para que el teniente coronel Antonio Obando desahogase su malquerencia hacia Simón Bolívar.

No queda sino decir que cerca de cumplirse los 180 años de la muerte del Libertador, aún su vida privada y pública, sus sueños, sus pasiones, su obra libertaria… nos siguen fascinando.

Y cuanto más ahondamos en él, más impenetrable se nos vuelve, y más misteriosa, profunda e inalcanzable se tornan su figura, su ser y su presencia necesaria en nuestra América.

Y en tanto que a nosotros tarde o temprano piadosamente nos cubrirá el olvido, a él jamás lo dejarán en reposo todas aquellas cosas que acarrearon su fama de hombre singular y héroe universal: no lo dejarán morir para siempre, como a los demás mortales, y crecerá su gloria “como crece la sombra cuando el sol declina”.

Lo dijo el cura José Domingo Choquehuanca, al recibirlo en Pucará (Perú), el 2 de agosto de 1825:

“Quiso Dios de salvajes formar un gran imperio y creó a Manco Cápac; pecó su raza y lanzó a Pizarro. Después de tres siglos de expiaciones ha tenido piedad de la América y os ha creado a vos. Sois pues, el hombre de un designio providencial. Nada de lo hecho hasta ahora se asemeja a lo que habéis hecho, y para que alguno pueda imitaros será preciso que haya un mundo por libertar. Habéis fundado tres repúblicas que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevan vuestra estatua a donde ninguna ha llegado. Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina”.

Carlos Bastidas Padilla
Escritor especializado en Historia. Premio Casa de las Américas. Autor de las novelas históricas ‘El intrépido Simón’ y ‘El guerrero y los centauros’.

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