Los libros que les cambiaron la vida a los indígenas nasas del Cauca

Los libros que les cambiaron la vida a los indígenas nasas del Cauca

La biblioteca se ha convertido en un espacio de interacción con exguerrilleros de las Farc.

Bibliotecas Móviles en Cauca

El Ministerio de Cultura armó 20 equipamientos de 380 libros físicos y 250 títulos digitales cada uno, dentro de cuatro contenedores pequeños, que viajan fácilmente a las zonas más remotas del país.

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EL TIEMPO

11 de diciembre 2017 , 11:37 a.m.

“Si estamos tristes, si estamos aburridos, nos bajamos a la biblioteca y ahí se nos pasa todo”. La vida de Libia Lorena Pazcué, una joven habitante de la vereda Andalucía, en Caldono (Cauca), cambió cuando los libros llegaron a su pueblo, una de las zonas más afligidas por el conflicto armado en Colombia.

Ella es la visitante más frecuente en Caldono de uno de los proyectos con los que se construye la paz en las regiones, las bibliotecas públicas móviles, que este año han recibido más de 176.313 visitas en todo el país.

Ante la dificultad de edificar de ceros una biblioteca tradicional, el Ministerio de Cultura invirtió 2 millones de dólares para armar 20 equipamientos de 380 libros físicos y 250 títulos digitales cada uno, dentro de cuatro contenedores pequeños, que viajan fácilmente a las zonas más remotas del país.

En las cuatro cajas, del tamaño de una mesa de noche y diseñadas con ayuda del gobierno de Francia, caben además tabletas, dispositivos de conexión a internet, lectores de libros digitales, computadores y cámaras de video, que les dan alas a la imaginación de sus usuarios.

Estos no solo son indígenas, afroamericanos, campesinos y gente del común, sino también excombatientes, que participan del proyecto en 20 zonas veredales que fueron Puntos Transitorios de Normalización, en el marco del proceso de paz con las Farc.

Las primeras 20 bibliotecas públicas móviles que se instalaron en marzo pasado se ubicaron en Antioquia, Arauca, Caquetá, Cauca, Cesar, Guaviare, Meta, Nariño, Putumayo, Tolima, Chocó, Córdoba y La Guajira.

Hasta allí han llegado la literatura, las películas y las páginas web, no solamente con historias de la cultura mundial, sino además conocimientos prácticos, como el libro favorito de Libia Lorena, que es un manual para hacer pan en casa: “En mi cabeza entró que con ese libro puedo tener mi propia panadería”.

Nueve meses después del banderazo inicial del proyecto, bautizado ‘Leer es mi cuento’, hace un par de semanas se hizo el primer balance, justamente en la biblioteca pública móvil de Caldono. Allí concurrieron los indígenas de la zona, orgullosos de que el lugar lleve el nombre Piyanxi Yat Wala, que en lengua nasa yuwe significa “Casa grande de pensamiento”.

También estuvieron el alcalde de Caldono, Paulo Piso Lozada; la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán; la escritora Pilar Lozano, quien ha realizado actividades en varias bibliotecas de este tipo, y EL TIEMPO, entre otros medios de comunicación.

La bibliotecaria de Caldono, Lucely Narváez, celebró que estos espacios contribuyen a construir la paz porque “atienden a todos en igualdad de condiciones, a excombatientes, militares y sociedad civil; esa es su misión, invitar a todos a soñar un mejor país en torno a la cultura, entendida como un proceso de formación ciudadana”. No en vano, del total de visitas a las bibliotecas móviles, 6.351 correspondieron a miembros de Farc en sus campamentos.

Esa es su misión, invitar a todos a soñar un mejor país en torno a la cultura, entendida como un proceso de formación ciudadana

Quienes más han utilizado los servicios, que incluyen también juegos de mesa y una red inalámbrica para conectar dispositivos electrónicos, son las mujeres, portadoras de la memoria de sus comunidades: el 62 por ciento de los usuarios tienen género femenino. En estos nueve meses, 2.872 personas se han registrado en el sistema, denominado Llave del Saber.

Más allá de las cifras, visitantes como Karen Viviana Cuchillo Chilo, una estudiante de décimo grado en Caldono, definen así su impacto social: “Antes los muchachos teníamos pocas cosas que hacer diferentes a jugar. Ahora, podemos ir a la biblioteca no solo para hacer nuestras tareas, consultar libros o buscar en internet, también podemos acercarnos a la lectura o disfrutar de películas que presentan en los cineforos. Antes vivíamos un tanto aislados unos de otros, ahora en la biblioteca dialogamos, nos conocemos y nos integramos mejor”.

ELTIEMPO.COM*
Con reportería de Cindy Morales y datos suministrados por Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional.

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