Curiosidades vallenatas contadas desde 'La hamaca grande'

Curiosidades vallenatas contadas desde 'La hamaca grande'

Alonso Sánchez Baute se estrena como curador de una exposición sobre la historia del vallenato.

Alonso Sánchez Baute

El escritor Alonso Sánchez Baute al lado de uno de los acordeones más antiguos que se han encontrado en el país, data de 1850. 

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

26 de mayo 2018 , 12:17 a.m.

Aunque nació en Valledupar, el escritor Alonso Sánchez Baute confiesa que el vallenato no es la música que escucha por instinto. Sin embargo, su incursión en las historias del género –en un comienzo de la mano de la investigación que hizo para escribir su novela Líbranos del bien (2008)– lo han convertido en un estudioso del género.

La investigación fue más allá de la novela. Sánchez Baute siguió escribiendo crónicas sobre personalidades como Rafael Escalona, investigando el legado de figuras como Leandro Díaz,  y continuó, por ejemplo, con un estudio sobre el Festival Vallenato para el Centro de Estudios Económicos del Caribe.

Ahora, el escritor se estrena como curador de la exposición ‘La hamaca grande’ (como la canción de Adolfo Pacheco Anillo), sobre la historia del vallenato, en el primer piso de la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá.

A propósito de esta exposición –abierta hasta noviembre–, el escritor Sánchez Baute descubrió para EL TIEMPO datos poco conocidos de la historia de la música vallenata.

El aporte indígena

La música del Magdalena Grande (como se conoce al antiguo departamento que abarcaba el Magdalena, La Guajira y el Cesar) viene inicialmente de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. “Comenzaron a utilizar el carrizo, que es el antecedente primario de esta música -anota Sánchez Baute-. La guitarra fue el puente entre las gaitas indígenas, el carrizo y el acordeón”.

Ancestros del acordeón

El sheng, instrumento milenario chino (inventado en el 3.000 a. C) que también está presente en la exposición, y la armónica son antepasados directos del instrumento principal del vallenato. Fueron los primeros que usaron el mecanismo de la lengüeta libre, que utiliza el acordeón. 

Los primeros acordeones

El acordeón más antiguo presente en la muestra es uno hecho en Francia, en 1850.

“El acordeón se inventó en 1829, así que este es de los primeros acordeones que se fabricaron y que llegaron al país –dice el escritor–. Es pequeño, solo tiene botones de un lado y fuelle de papel. Los primeros acordeones que se trajeron a Colombia fueron franceses o italianos, porque la marca Hohner se fundó en 1856 y comenzó a fabricarlos a mediados de la década de 1860. Luego es poco probable, pero no descartable, que el primero haya sido Hohner”.

El puerto de entrada pudo ser Riohacha... o no

Aunque se cita al puerto de Riohacha como punto de entrada del acordeón, Sánchez Baute presenta en la muestra antiguos manifiestos de aduana que “señalan que los primeros acordeones en llegar legalmente al país, en 1869, entraron por Cartagena, Sabanilla, Riohacha y Cúcuta. Si bien el primero pudo haber entrado por Riohacha, en ese año ingresaron otros por varios puertos”.

Gallos y parrandas

Las galleras fueron uno de los primeros escenarios de la música de acordeón. “Acunaron el vallenato, porque después de la gallera siempre iba la parranda”, dice el curador.

Por qué no se bailaba

“La parranda era un ritual de tradición oral masculina, donde no se aceptaban mujeres, por eso el vallenato inicialmente no se bailaba . Porque no había mujeres para bailarlo. Era un ritual eminentemente masculino”.

Las referencias bibliográficas

En 'La hamaca grande' hay una vitrina que muestra varios libros que en su contenido hicieron alguna referencia al vallenato o a su contexto cultural. Entre los seleccionados está Cuatro años a bordo de mí mismo, de Eduardo Zalamea, que presenta un panorama de Riohacha a comienzos del siglo XX.

Otra importante referencia está en Indios y viajeros, que hace, quizás, la primera documentación sobre una cumbiamba ocurrida en 1896, en Río Frío, que utilizaba los tres instrumentos: acordeón, caja y guacharaca.

Hasta dónde llegaron los primeros juglares

Desde los puertos, los diferentes acordeones fueron llegando a diferentes ciudades del interior.

“Está documentado que hubo juglares en el siglo antepasado que tocaban en Puerto Berrío –dice el curador–. De ahí la importancia de los mapas en la muestra”. Luego, esta expresión artística se extendió por el resto del país.

El Paso: 'Asentamiento de acordeones'

“El Paso fue La población donde hubo mayor asentamiento de acordeones. Es el límite sur del Valle de Upar –señala Sánchez Baute–. Allí quedaban tres de las haciendas más grandes de la región. Las Cabezas era una de ellas y allí se dio otro antecedente del vallenato: los cantos de vaquería”.

En esta hacienda vivió desde su niñez Alejo Durán, primer rey vallenato, hijo de una cantadora de cumbiambas.

Músicas emparentadas

El trío instrumental del vallenato también se usó en otros ritmos caribes. Lo señala a partir de una fotografía que podría ser de un conjunto vallenato típico, pero que en realidad se tomó en República Dominicana, en el siglo XIX, ejemplificando un conjunto de merengue. “Quisimos mostrar el parentesco instrumental entre el merengue dominicano y el vallenato”, resaltó Sánchez Baute.

Escalona en la radio

Casi en la entrada de la exposición, una vieja radio invita a escuchar una histórica entrevista.

Fue la primera charla radial dada por el compositor Rafael Escalona en Bogotá, lo entrevistaba Gloria Valencia de Castaño en 1956, para la HJCK.

“Se escucha la juventud de ambos”, señala Sánchez Baute al recomendarles a los visitantes que la oigan a partir de los audífonos dispuestos en la exposición.

Primeras menciones en prensa

Sánchez Baute encontró algunas de las menciones más antiguas del género en la prensa colombiana, "daban cuenta de un ritmo llamado vallenato a finales de los años 40". 

La muestra enseña, por ejemplo,  el célebre texto de Gabo, del 22 de mayo de 1948, que reza: “No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento”.  También señala que la primera revista que le dio portada fue Semana, en 1950.

Palo de mango como emblema

La muestra de la Biblioteca Nacional tiene una alegoría al árbol emblema del folclor. “El palo de mango es el ágora de la parranda vallenata -dice el curador-. La gente se reúne debajo para escuchar las historias. Por eso, lo que contamos en la exposición no está en tono académico, sino que se relatan a través de la anécdota”.

La relación entre la evolución del acordeón y los aires vallenatos

Varios acordeones ilustran la evolución del instrumento y del género. “Con el tiempo -indica el escritor- el fuelle permite extenderse más, lo que permite tocar músicas más ‘aireadas’. La puya es de los primeros aires del vallenato, no necesitaba mucho aire, se tocaba con el acordeón casi cerrado. Para tocar un merengue tienes que expandirlo por completo”.

Dónde y cuándo

La hamaca grande. Exposición abierta en la Biblioteca Nacional (Calle 24 n° 5-60, Bogotá), de lunes a viernes, de 9 a. m. a 5 p. m. y sábados hasta las 3:30 p. m. Hasta el 30 de noviembre.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
EL TIEMPO@Lilangmartin

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