Lucas Caballero 'Klim', la memoria insólita de un país político

Lucas Caballero 'Klim', la memoria insólita de un país político

El escritor y columnista definió con su estilo el humor político en Colombia. Falleció en 1981.

Hitos del humor colombiano: Klim / Especial ‘Cuál es la gracia’Hitos del humor colombiano: Klim / Especial ‘Cuál es la gracia’
Klim

EL TIEMPO

29 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

En un país al que se le suele criticar su falta de memoria, un amnésico estaba llamado a ser el rey.

El periodista y columnista Lucas Caballero Calderón, conocido con el seudónimo de 'Klim', y cuyo libro póstumo 'Memorias de un amnésico' (publicado en 1982) se convirtió en su último gran aporte, fue el principal escultor del humor político en el país. Y eso le costó ser retado a un duelo a muerte en tres ocasiones.

Aunque varios escritores han aportado a ese panorama de la sátira política, como su amigo Alfredo Iriarte, no hubo otro como Caballero para sacudir a la clase gobernante de la nación.

Famoso por sus contrapunteos con el presidente Alfonso López Michelsen (quien fue además su compañero de colegio en el Gimnasio Moderno) y por sus referencias al padre García-Herreros (al que llamaba 'el telepadre'), el santandereano publicó habitualmente en los diarios EL TIEMPO y 'El Espectador', y en las revistas Diners y Cromos. Uno de esos espacios se llamó Lukerías, y en otro, describía escenas políticas a partir de frutas y vegetales.

Cuando escribo sobre verduras y frutas, pienso en ellas y nada más que en ellas. Así podrá evitarse (...) que cuando trate de los mamoncillos toda la administración pública se ponga molesta

Su relación con este diario fue precisamente difícil, tal como lo recordó Daniel Samper Pizano en un texto sobre el centenario del nacimiento de Klim: en 1977, el columnista decidió renunciar por lo que consideró una censura, ante los comentarios que el presidente le había transmitido a la dirección del periódico.

Cuando lo llevaban en la camilla –recuerda su hijo, también llamado Lukas–, yo le dije: ‘No me vaya a hacer la mala pasada de irse’. Él se quedó mirándome y me dijo ‘No sé si tenga tiempo’


“El combate entre Klim y López Michelsen resultaba en apariencia bastante desigual. El Presidente de la República, con el inmenso poder del Estado a su servicio y el apoyo de numerosos medios de comunicación, se enfrentaba a un columnista cuyas únicas armas eran una máquina de escribir y un talento inusual como comentarista de humor”, dijo sobre Caballero uno de sus más célebres seguidores: Daniel Samper Pizano.

En sus columnas se abstenía de guardar distancias: sus chistes eran cáusticos y no temía burlarse de las características físicas de los protagonistas del acontecer nacional, como una forma de retratar precisamente sus comportamientos políticos.

Ese talento únicamente le ha servido -al representante chocoano Diego Córdoba- para vivir de luto por el humorismo, que se le suicida todas las tardes sobre el filo agresivo de su impecable dentadura


De ahí que es clara la relación entre el estilo de Daniel Samper Ospina de hoy y las formas humorísticas que exponía 'Klim'. 

En un texto homenaje al legado de 'Klim', el periodista Julio César Guzmán recordó de esta forma sus ocurrencias: "Pocos días después de los disturbios por las elecciones del 19 de abril de 1970, cuando el presidente Lleras Restrepo mandó a acostar al país, apuntó: 'Un amigo nuestro, con treinta años de casado, nos contaba que el día en que se estableció el toque de queda, su mujer, toda repolludita y cariñosa, lo había salido a recibir a la propia puerta de su casa. Tenía puesto su viejo traje de boda, dentro del cual había logrado acomodarse después de deshilvanarle todas las costuras, la emoción le teñía de púdicos arreboles las mejillas y despedía un insufrible olor a naftalina. Es más: había hecho acostar a todo el servicio y para agravar más las cosas le había depositado una caja de H-3 (producto rejuvenecedor) en la mano. El hombre, aterrado, ganó a toda prisa la calle, exclamando ‘ ¡Prefiero pasar la noche detenido, vieja chiflis!' ' ".

Al final de su vida, una enfermedad intestinal que lo llevó a una hospitalización extensa condujo a los textos de 'Memorias de un amnésico' y a las maravillosas caricaturas que acompañaron la edición, en las que aparecía vestido con una bata de enfermo y pantuflas y se reía de sus diatribas con la mica en la que tenía que orinar.

Hacen parte de la producción de su pluma cuatro libros publicados en vida, desde 1945 hasta 1981: 'Figuras políticas de Colombia', 'Epistolario de un joven pobre', 'Joven Caballero: 10 en historia, 0 en imaginación' y 'Yo, Lucas'.

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