Hace 50 años, la canción protesta tuvo su casa en La Candelaria

Hace 50 años, la canción protesta tuvo su casa en La Candelaria

Una mirada histórica al Centro Nacional de Canción Protesta, que marcó el camino de varios artistas.

Hace 50 años, la canción protesta tuvo su casa en La Candelaria

Ana y Jaime se destacaron luego del Centro Nacional de Canción Protesta.

Foto:

Luis Lizarazo / EL TIEMPO

05 de mayo 2018 , 07:17 p.m.

Cuando les cuento a los colombianos que mi trabajo de investigación se enfoca en el movimiento de canción protesta de los años 70 en su país, la reacción típica es del tipo: “¿Canción protesta en Colombia? Creía que no se había dado aquí. Quizá fue algo con fuerza en Chile, Argentina y Cuba, pero no acá”.

El impacto internacional de los protagonistas chilenos, argentinos y cubanos, durante la segunda mitad del siglo XX, de lo que se ha denominado el movimiento de nueva canción latinoamericana, es incuestionable. En toda la región, gente de ciertos colores políticos puede identificar inmediatamente los nombres de grupos chilenos como Inti-Illimani y Quilapayún, o de cantautores de la talla de Violeta Parra y Víctor Jara. La legendaria cantante argentina Mercedes Sosa y los célebres cantautores cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés son conocidos en toda Latinoamérica.

Hay varias teorías, apoyadas por muchos de los músicos colombianos que conozco, sobre el porqué de la fama de estos artistas. ¿Será causa del brutal asesinato de Jara a manos de la dictadura de Pinochet; del largo exilio de Inti-Illimani, Quilapayún y Sosa en Europa, o el estrecho vínculo entre Rodríguez, Milanés y la Revolución cubana, tan popular en su momento? ¿O simplemente se deberá a que fueron músicos capaces de expresar con más potencia que otros los sentimientos de toda una generación?

Cualquiera que sea la respuesta, su reconocimiento adentro y afuera de Latinoamérica es contundente. En cambio, si uno pregunta por los nombres de los representantes de la canción protesta en Colombia en esa misma época, es poco probable que obtenga una respuesta. Colombia, pese al escepticismo o desconocimiento, tuvo un enérgico movimiento de canción protesta durante los años 60 y 70 que, diría yo, impactó el panorama cultural y político del país.

Hace 50 años, la canción protesta tuvo su casa en La Candelaria

Pablus Gallinazo cantaba 'Mula revolucionaria', 'Mi país' y tal vez la más recordada: 'Una flor para mascar'.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Hace 50 años, el 24 de abril de 1968, se fundó en la Casa de la Cultura del barrio de La Candelaria el Centro Nacional de Canción Protesta (CNCP), que se consolidó gracias a las actividades de un pequeño grupo de músicos que a mediados de los 60 tocaban en espacios sindicales, universitarios y comunitarios, y que trabajaban muy de cerca con el Partido Comunista de Colombia (PCC) y con la Juventud Comunista.

El día después de su inauguración, el periódico semanal del PCC, Voz Proletaria, anotó que el objetivo principal del centro era “crear un movimiento que aglutine por medio de las canciones a un vasto sector de la juventud inconforme, por todas las convulsiones que abaten al mundo contemporáneo” (sic). Por un corto tiempo, los activistas vinculados con el CNCP lograron crear, precisamente, ese tipo de movimiento.

Los participantes del CNCP organizaron peñas semanales y festivales de canción protesta, publicaron cancioneros y lanzaron un disco recopilatorio de las primeras canciones grabadas bajo ese rubro.

Es probable que solo un pequeño grupo de viejos colaboradores reconozcan los nombres de los intérpretes más comprometidos de la escena: el acordeonista Alejandro Gómez, figura clave en la fundación del CNCP, quien en 1960 cantó su canción ¡Cuba sí, yanquis no! ante Fidel Castro en La Habana. Otro asiduo partícipe de las actividades en el CNCP fue el músico y actor Juan Sebastián (Carlos Parada), quien, a su vez, cantó en varios actos de solidaridad con el pueblo vietnamita.

Aída Pérez se presentó con él en varias ocasiones. En 1968 ocupó el tercer lugar en el concurso Canción Protesta, en el marco del Noveno Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Bulgaria. El dramaturgo chileno Gustavo Gac Artigas y la actriz y cantante colombiana Perla Valencia Moncada se integraron al CNCP y compartieron sus conocimientos de la famosa Peña de los Parra, fundada en Santiago de Chile en 1965 por Isabel y Ángel, los hijos de Violeta Parra.

Entre los escritores destacados del movimiento estaban Jaime Caicedo, líder de la Juventud Comunista, y el poeta Nelson Osorio Marín. El compositor detrás del grupo caleño la Brigada Socialista de la Canción, Kemel George, también compuso varias canciones que se hicieron conocidas entre los sectores de izquierda.

Las canciones de protesta colombianas de los años 70 apoyaban firmemente a los grupos guerrilleros revolucionarios formados, durante la década anterior, en Colombia y otras partes de Latinoamérica. Títulos de canciones como Me voy para la guerrilla, Guerrillero colombiano e Himno a Marquetalia (referencia a la región donde nacieron las Farc) forman parte de los cancioneros de la época. Los compositores también resaltaron el carácter violento de la gesta revolucionaria: más de la mitad de las canciones de este período hacen referencia a las armas o a los actos de guerra ejecutados por los actores del conflicto. Las canciones, en general, divulgaban ideas marxistas en un lenguaje poco poético, y por esta razón fueron denominadas “panfletarias”.

El CNCP tuvo su auge entre 1968 y 1971. Sus actividades fueron reseñadas en Voz Proletaria y en EL TIEMPO.

Muchas de las injusticias
y desigualdades denunciadas por los cantantes de protesta de los años 70 se mantienen. Queda mucho por criticar

Sin embargo, el declive del centro comenzó a principios de los 70. El dúo Norman y Darío, quienes, antes de vincularse con el movimiento de canción protesta en Bogotá, habían sido parte del grupo paisa Los Yetis, pionero del rock nacional, se separaron en 1971. El cantautor santandereano Pablus Gallinazo y el dúo de hermanos adolescentes Ana y Jaime, muy respetados en los círculos del CNCP, comenzaron a grabar comercialmente, a aparecer en programas de televisión y a competir en festivales que se hicieron notar ante los principales medios de comunicación.

Las relaciones entre estos artistas y las entidades comerciales decepcionaron a sus colegas militantes, que temían que las disqueras y los medios ignorararan las canciones “verdaderamente” revolucionarias.

La partida de estos músicos del CNCP le robó al movimiento cantautores e intérpretes claves. Para 1973, el Centro Nacional de Canción Protesta había dejado de existir.

Pese a haber perdido uno de sus núcleos institucionales, el movimiento colombiano de canción protesta continuó su ardua marcha durante los 70.

A finales de la década, los músicos activistas comenzaron a sentir que el enfoque panfletario de la canción protesta era demasiado propagandista y de baja calidad artística. El músico Jorge Velosa pasó de componer himnos panfletarios como La lora proletaria a desarrollar el género de música carranguera, inspirada en las músicas campesinas de Boyacá, su departamento natal. Ensambles como Nueva Cultura y Canto al Pueblo (después conocido como Armadillo) siguieron su ejemplo e iniciaron proyectos de investigación y divulgación de ritmos tradicionales de otras partes de la región Andina.

Aunque las letras de este nuevo repertorio aparentemente no cargaban con la misma fuerza política que la canción protesta de otrora, la labor artística de estos músicos representaba una forma de reivindicación de un campesinado marginalizado. Los miembros de Los Amerindios de Colombia, con su ‘folklore urbano’, y del grupo Chimizapagua, con su música caucana y surandina, también quisieron resaltar las difíciles condiciones de los campesinos.

Si bien el CNCP fue relativamente efímero, su legado, el del centro y el del movimiento que propulsó sigue reverberando. En los últimos años, los exestudiantes de universidades públicas de los 70 —y sus hijos adultos— siguen llenando los teatros donde Ana y Jaime y Pablus Gallinazo se presentan ocasionalmente, y allí corean enérgicamente sus viejos éxitos de corte contestatario.

Jaime Valencia (de Ana y Jaime) compuso jingles y temas para series de televisión que muchos colombianos de la era pre-millennial pueden tararear sin ningún problema.

Después de haber cantado en el Primer Festival de Canción Protesta en el CNCP en 1970, Jorge López formó Yaki Kandru, un colectivo político que tocaba músicas amerindias. Grupos folclóricos del presente, como Los Sikuris Suaya, reconocen la influencia de Yaki Kandru. Chimizapagua, Nueva Cultura y el reconocido tiplista Gustavo Adolfo Renjifo desarrollaron importantes proyectos folcloristas que introdujeron a los bogotanos a las músicas e instrumentos tradicionales de varias regiones del país.

Hoy, por ejemplo, la música de Jorge Velosa se vende a turistas en tiendas del aeropuerto El Dorado como una representación de la cultura nacional. Antes de participar con Carlos Vives en la creación de La tierra del olvido, Iván Benavides tocó en un grupo militante llamado Canta Libre, y después en el dúo Iván y Lucía, quienes en sus canciones dieron testimonio de la espantosa violencia política de los 80 y 90.

Desde mediados de los 80, los grupos guerrilleros que no negociaron el cese del fuego con el Gobierno fueron perdiendo mucho apoyo popular debido, principalmente, a sus incursiones en el narcotráfico y el secuestro. Cincuenta años después de su fundación, algunos artistas que formaron parte del CNCP tienen ciertos
remordimientos por el idealismo juvenil que los impulsó a apoyar a los guerrilleros.

La cantante Eliana, que cantó con los militantes del CNCP en sus inicios, dijo en una entrevista en 2010: “Lo que más me duele es que ese ideal que teníamos se torció. Se volvió una cosa monstruosa”.

Muchas de las injusticias y desigualdades denunciadas por los cantantes de protesta de los 70 se mantienen. Queda mucho por criticar, si acaso los músicos contemporáneos quisieran hacerlo. No obstante, el acuerdo de paz acordado entre el Gobierno y las Farc a finales de 2016 podría haber marcado el fin del estilo de canción cultivado en el Centro Nacional de Canción Protesta hace 50 años, uno que proponía a la lucha armada como solución de esas injusticias.

JOSHUA KATZ-ROSENE​
Para EL TIEMPO
Musicólogo, profesor visitante en la Universidad de los Andes

* Edición del inglés por Sonia Serna Botero.

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