El homenaje de Estefanía Herrera a una bisabuela entrañable

El homenaje de Estefanía Herrera a una bisabuela entrañable

Con la novela 'Lo que no quise decir', la escritora ganó mención de honor en concurso de EL TIEMPO.

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El alzhéimer de la protagonista también invita a reflexionar sobre otros aspectos de la memoria.

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Ilustración: MiguelYein

02 de octubre 2016 , 01:04 a.m.

Pocos en la vida tienen el honor de conocer y compartir momentos con su bisabuela. Una de ellas es la joven escritora paisa Estefanía Herrera, quien disfrutó de su bisabuela hasta los siete años. “Siempre he sentido que ese lazo materno de bisabuela, abuela y mamá es determinante en la construcción de la sociedad”, anota.

Hoy, a sus 24 años, se decidió a rendirle un homenaje con su primera novela corta ‘Lo que no quise decir’, con la que Herrera ganó la Mención Especial Mujer Joven Escritora, otorgada por EL TIEMPO. Este reconocimiento se entregó en el marco del concurso Mujeres Jóvenes Talento 2015, de la Alcaldía de Medellín.

Esa imagen de la bisabuela fue la semilla que le permitió a Herrera construir a Clarita y a María Manuela, dos mujeres ancianas que protagonizan la historia.

Cuando Clarita comienza a sufrir las consecuencias del alzhéimer, su hija debe tomar la decisión de llevarla a un asilo, donde reciba los cuidados respectivos. La única habitación disponible es la de María Manuela, quien había muerto el día anterior.

La autora, quien se graduó como comunicadora en lenguajes audiovisuales de la Universidad de Medellín, explica que el libro tuvo varias versiones, hasta que encontró que el género epistolar era el que mejor se acoplaba.

“Empecé con un tono muy convencional, con un narrador en tercera persona, con ciertos matices de voz omnisciente, pero finalmente no me sentía como en mi propia piel y no era la voz que me hacía sentir más cómoda”, explica Herrera.

El tono del libro se lo dio el texto inicial con el que recibió el reconocimiento del concurso, que exigía un perfil literario sobre una mujer influyente en la sociedad. “Entonces, yo decidí hacerle una carta a mi mamá, que en definitiva creo que es la persona más importante en la vida de alguien. Si la mamá está, es absolutamente determinante, pero si no está, lo es aún más”, anota la escritora.

Luego vino el desafío de encontrar esa voz pausada y sabia de las personas mayores. Para ello, Herrera construye con gran acierto un personaje como Clarita, que en términos teatrales, tiene dos entradas muy cortas en escena, pero cuya enfermedad la convierte en un personaje muy sólido y clave en la estructura.

Al llegar a la habitación, Clarita encuentra en el entrepaño superior del clóset una bolsa llena de cartas, fechadas en un período de tiempo que va del 16 de septiembre al 6 de octubre, de algún año sin especificar.

Al comenzar a leerlas, la protagonista irá descubriendo el mensaje sabio de una abuela a sus familiares, que es, a la vez, una linda reflexión existencial.

Como cuando María Manuela le explica a su hija su decisión de internarse en ese lugar. “La decisión de vivir aquí era necesaria y siento que, después de haber estado toda la vida rodeada de tanta gente, necesitaba volver a estar sola, simulando las comodidades que tenía cuando no había nacido y cuando la obligación de sostener conversaciones por cortesía era inexistente”.

Herrera dice que la autora de las cartas remite también a pensar en el ideario de memoria. Ella comenta que tiene muchas imágenes y objetos de María Manuela Domitila Sierra Posada, como se llamó su bisabuela. Aún conserva una blusa suya que todavía usa, pero además su cédula, su tarjeta de correo postal y sus pinturas, entre otros elementos.

“Fui construyendo el personaje, que finalmente es ficticio –dice–, a partir de sentir la blusa de ella, de sentir su escritura, de sentir su pintura, y fui haciéndome una idea de qué pensaba y qué sentía ella”.

Pero el alzhéimer de la protagonista también invita a reflexionar sobre otros aspectos de la memoria. “Me parece interesante la construcción de memoria, pues al fin y al cabo los seres humanos existimos porque tenemos memoria”, dice la escritora.

“María Manuela existió porque hubo alguien en su habitación que, a pesar de tener problemas de memoria y gracias a ese pequeño instante de lucidez que tuvo, fue capaz de traérnosla a nosotros leyéndola”, concluye la autora.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento

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