Errores bonitos / Opinión

Errores bonitos / Opinión

Personalmente, encuentro gran utilidad al ilustrar mis errores y salir de ellos con dignidad.

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04 de agosto 2017 , 04:45 p.m.

No se dejen despistar por el título. Esta columna va dedicada a los estudiantes universitarios que empiezan un nuevo semestre de sus carreras y pretende invitarlos a convivir y a disfrutar de sus equivocaciones con plena certeza y con tranquilidad.

El trompetista Miles Davis lo dijo claramente: en la música no hay notas malas o “erróneas”, hay notas que conducen a otros caminos.

Lo que quiso decirnos es que cuando se improvisa, dependiendo de cómo usted resuelva la frase musical en la que accidentalmente tocó una nota fuera de la escala, podrá mejorar el efecto con lo que viene a continuación.

Mis estudiantes tienden a ver el más mínimo error como un muro infranqueable que destruye el esfuerzo y los obliga a retornar al punto de partida, comportamiento que les impide valorar y aprovechar lo alcanzado.

No me canso de invitarlos a reducir ese “error” a proporciones insignificantes para que puedan seguir adelante con el ejercicio y no caer derrotados por simples “notas ocasionales” cada vez que llegan a la parte complicada de la canción.

En un interesante curso de formación docente de la Universidad de los Andes pude entender que lo que se les dice a los novatos en el argot musical cuando le temen al “error” es ¡equivóquese con ganas! En el argot pedagógico se llama manejo del fracaso.

La frustración es el maravilloso punto de partida que fácilmente puede ser utilizado para renunciar a un propósito o hallar enormes cantidades de motivación.

Personalmente, encuentro gran utilidad al ilustrar mis errores y salir de ellos con algo de dignidad, porque al ocultarlos no transmito formas de solucionar nuestra mayor característica como raza: errare humanum est.

De manera que, queridos estudiantes de todas las disciplinas, los invito de aquí en adelante a equivocarse con arrojo y valentía, a realizar (pintar, ejecutar, calcular) “errores” bonitos que hasta pueden resultar rentables para su formación y para su vida laboral. En resumidas cuentas, los invito a tirarse al agua porque solo así se aprende a nadar.

¡Ah!, se me olvidaba que para que este experimento funcione, hay que cometer el “error” en público, porque en privado no logra su finalidad terapéutica.

ÓSCAR ACEVEDO
Músico y crítico musical
acevemus@yahoo.com

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