'Somos pueblos conectados hasta en el dolor': Laura Esquivel

'Somos pueblos conectados hasta en el dolor': Laura Esquivel

La autora de 'Como agua para chocolate' habló sobre su libro 'Diario de Tita', de política y de paz.

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Laura Esquivel fue la primera extranjera que ganó, en 1994, el Premio Abby (American Booksellers Book of The Year).

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

11 de septiembre 2016 , 02:03 a.m.

La profunda relación que ha mantenido en su literatura con la gastronomía fue el tema sobre el cual habló la escritora mexicana Laura Esquivel, autora del ‘best seller’ ‘Como agua para chocolate’, durante su paso por Bogotá como invitada especial al V Festival de la Palabra organizado por el Instituto Caro y Cuervo. EL TIEMPO conversó con ella de su vida como escritora, de su nuevo libro ‘Diario de Tita’ y de su siguiente entrega, ‘Mi negro pasado’, que será la novela que complete la trilogía.

‘Diario de Tita’ hace parte de una trilogía, ¿ya tiene el tercer libro estructurado?

Sí, espero entregarlo en enero para que pueda salir en español en primavera (marzo), y en inglés, en otoño (septiembre).

¿Cuál de los tres libros diría que le gusta más?

No los puedo separar, son un todo. Obvio que tengo un cariño enorme por ‘Como agua para chocolate’, que fue el primero y me ha acompañado 27 años, pero para mí fue un placer escribir ‘Diario de Tita’ y darles vida nuevamente a los personajes. Ahora, redimensionar el espacio de la cocina es lo que se va a ver en ‘Mi negro pasado’, la última parte. Está en otro tono, se desarrolla en la época actual con una mujer que no cocina, que tiene problemas con la comida y es obesa…

¿Y qué fue lo que pasó?

Lo que le está pasando a esta generación, que hubo una desconexión con lo que debería ser la vida misma.

En sus libros la comida es muy importante, ¿tiene algún gusto particular?

Me gusta mucho cocinar y fui vegetariana, pero me gusta comerme el país a donde llegue. Detrás de cada platillo hay historias, familias, pasado, y cuando tú lo comes, te enlazas a eso.

¿Por qué esperó 27 años para continuar la historia?

Cuando la escribí pensé que lo que tenía que decir ya lo había dicho. Pero pasaron los años y me sorprendió que hay una nueva generación, que no había nacido cuando la escribí, a la que le encanta la novela, y me pregunté: ¿qué le puede decir esta historia a un jovencito? Lo que creo es que la identificación con la historia y con Tita como personaje puede venir de que viven una situación similar. Ya no hay mamá Elena, pero sí un sistema económico mundial que determina su destino y les dice: “Me vas a servir hasta que te mueras”, “No tienes posibilidad de estudiar y te vas a tener que ir de indocumentado”; hay un sistema peor de opresor que el que imponía mamá Elena, que era un sistema patriarcal. Por eso quise retomarla desde el presente, el desastre de la diabetes y la obesidad infantil, una mujer con problemas con la comida, y llega la abuela, que es la narradora de ‘Como agua para chocolate’, y la invita al norte, a retomar el camino que, para mí, es el adecuado, y se cierra el ciclo.

¿Lee las críticas que hacen de sus libros?

No. El contacto con mis lectores es lo que me gusta. Me gusta escuchar qué emoción los conectó con mi libro. Por eso escribí un ensayo sobre las emociones, porque hemos devaluado tanto eso y solo le damos importancia a la razón, cuando lo que está atrás del análisis racional es siempre una emoción.

¿Cuáles son sus autores de cabecera?

Mis favoritos, que siempre llevo cuando viajo, son de dos categorías: de índole espiritual y de índole científica. Hay un científico que respeto mucho, se llama Rupert Sheldrake, inglés; otro que me encanta, aunque todo el mundo lo sataniza, es Deepak Chopra, él ha enlazado el conocimiento médico y la medicina tradicional a un nivel fácil de entender. Otro es un siquiatra, Kenneth Wapnick. También me gusta leer a mis amigos y no tan amigos y disfrutar de la literatura.

¿Por qué decidió ingresar a la política?

Lo que soy como escritora, como ser humano, se lo debo a mi país. Ahí crecí, aprendí a vivir, y es muy doloroso ver que se te va cayendo a pedacitos. Por ejemplo, mi nieto no puede salir a jugar a la calle como yo salía, pasa en muchas zonas y es lamentable. Creo que es una obligación darnos cuenta de que tenemos que hacer algo. Algunos años tuve que dejar la escritura porque considero que es importante participar en la Cámara (de Diputados del Congreso mexicano), aunque seamos minoría.

‘No hay nada más mexicano que un colombiano’, ¿qué piensa de esa frase?

¡Me encanta, me encanta! Mi nieto, casi hasta los siete años de edad, decía que era colombiano y no había manera de convencerlo de lo contrario. Le preguntaba a sus papás por qué no se iban a vivir a Colombia, incluso lo llevaron un día a la embajada americana a sacar la visa y el cónsul le preguntó en dónde había nacido y él respondió: “en Colombia”, y su papá tuvo que aclararle las cosas al funcionario. Creo que tenemos tanto en común, somos pueblos conectados en muchos aspectos, hasta en el dolor, en lo que nos ha tocado vivir, aunque ustedes ya están en el camino de salir.

Proceso de paz en Colombia

La ONU, la Corte Penal Internacional y muchos organismos y países avalan el acuerdo de paz de Colombia, pero nosotros no tenemos claro si vamos a darle el ‘Sí’ o el ‘No’. ¿Qué piensa?

Creo que lo más difícil después de pasar por un proceso de guerra, desencuentro, destrucción y ruptura total de vínculos entre connacionales, es el proceso de reconciliación. Creo que la guerra se acaba cuando en verdad el enemigo deja de ser el enemigo para ser el amigo. Hay una película colombiana que admiro mucho: ‘Golpe de estadio’, de Sergio Cabrera; me parece maravillosa y creo que eso es lo que ustedes deben hacer. Sí creo que es posible la reconciliación y hay que construir una nueva memoria, lo que nos separó lo tenemos muy claro, ¿qué hay que todavía se pueda salvar y que nos une? Y ahí nos vamos al campo del espíritu que une todas las cosas, hay una fuerza enorme que une esta tierra, está en las cosas más simples: en la comida, en los bailes, en la pasión por el fútbol; hay que buscar esas cosas que unen e ir creando una nueva memoria que pueda ir calmando o sustituyendo la otra. Sé que es difícil olvidar pero hay que hacer el ejercicio, porque lo que está en juego es nuestra paz, y para mí eso es lo más importante.

MARÍA ISABEL ORTIZ F.
Para EL TIEMPO

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