'Los medios tienden a una simplificación abusiva del fútbol': Sacheri

'Los medios tienden a una simplificación abusiva del fútbol': Sacheri

Eduardo Sacheri, de la delegación de argentina, hablará de fútbol y literatura en la Filbo 2018.

Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri, escritor argentino.

Foto:

Mauricio Moreno/EL TIEMPO

15 de abril 2018 , 12:52 a.m.

Eduardo Sacheri creció en los años 70 en Castelar, cerca de Buenos Aires. Era un pueblo pequeño, relata, construido alrededor de una estación de ferrocarril, de casas bajas, calles amplias y muchos terrenos baldíos que los chicos usaban para jugar fútbol. En aquellos años, “el fútbol lo era todo”, como lo anota uno de los personajes de La noche de la Usina, la novela con que Sacheri ganó el Premio Alfaguara en el 2016.

“Todavía hoy, con 50 años, intento jugar todas las semanas, porque la experiencia del juego es algo muy difícil de reemplazar en la vida de cualquiera, aunque uno sea adulto. Respiré fútbol toda la vida, de una manera amateur porque lamentablemente nunca llegué a ser profesional, y digo lamentablemente porque creo que muchos de los que hemos jugado al fútbol soñamos con que esa sería nuestra vocación”, cuenta el escritor, hincha apasionado del club Independiente.

La obra de Sacheri tiene una íntima relación con el fútbol, como lo demuestran sus columnas en la extinta revista El Gráfico y novelas como La pregunta de sus ojos, que el director Juan José Campanella llevó al cine con el nombre de 'El secreto de sus ojos' y que ganó el Óscar a mejor película extranjera en el 2010.

El escritor es uno de los invitados especiales de la Feria del Libro de Bogotá y este miércoles será uno de los protagonistas de la charla ‘Entre la épica y la lírica: grandes jugadas del fútbol’, junto con Juan Gabriel Vásquez, Alberto Salcedo y Sergio Ocampo Madrid.

Usted fue arquero. ¿Cómo veía el fútbol desde esa posición?

Me parece que, si bien ese puesto suele tener mala prensa porque se asocia –al menos en mi país– con la torpeza y el apocamiento, el arquero tiene un panorama completo de lo que está sucediendo. Me parece que es un puesto para observadores. Si le tuviera que buscar una característica emocional o psicológica, creo que el arquero es alguien que se siente cómodo en la periferia, en la observación, lo que tiene que ver con lo que es un escritor.

¿Esa visión contribuyó a que creciera su prosa futbolera?

No sé si de todos modos hubiera aflorado. Cuando tuve 23 o 24 años tomé decisiones muy importantes: me casé, empecé a escribir ficción y dejé el arco; fue una época muy revolucionaria de mi vida. Más que con el hecho de ser arquero, el hecho de que en mi literatura aparezca el fútbol tiene que ver con que este deporte fue una experiencia muy constitutiva para mí; es una de las columnas sobre las que se edificó mi biografía social y educativa. Yo le diría que en mi literatura tienden a aparecer indirectamente los elementos de mi vida en general, y uno de ellos es el fútbol.

¿Cuál es su jugada predilecta?

Creo que en esto no voy a ser muy original en relación con otros argentinos: el segundo gol de (Diego) Maradona a los ingleses, en el Mundial 86. Creo que no hay jugada como esa, no solo por su belleza estética sino por su significado épico, para acudir a las dos categorías del título de la charla.

¿Por qué se cerró la revista ‘El Gráfico’?

No descubro nada si hablo de la crisis de los medios tradicionales, sobre todo los que tienen su principal acento en el papel, como era El Gráfico. Hay muchos que están buscando una migración hacia los medios electrónicos que les permitan sobrevivir. El Gráfico no alcanzó a hacer esa mutación de modo suficientemente coherente.

Para mí es una gran pena, no solo por lo que era El Gráfico en sí, sino por un modo de entender el fútbol. Por lo menos en mi país, el periodismo deportivo está muy vinculado con lo peor de los medios en cuanto a farandulización, empobrecimiento del discurso y la cosa chabacana, tendenciera, superficial. El Gráfico representaba una manera más reflexiva, profunda, completa y compleja de hacer periodismo. Me parece que los medios tienden hoy a una simplificación abusiva del fútbol como fenómeno deportivo y social. Por supuesto, hay gente muy valiosa, pero la marea general va hacia una zona que verdaderamente no me gusta. Ojalá cambie.

Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri, escritor argentino.

Foto:

Mauricio Moreno/EL TIEMPO

¿Qué pasa por la cabeza de Eduardo Sacheri cuando se le cruza la literatura con el fútbol?

Trato de tener la precaución de separar emocionalmente ambas instancias, porque cuando juega Independiente soy pura emoción y me parece que la literatura debe tamizar el sentimiento, utilizarlo pero mediatizado, buscar su sedimento. A mí no me gusta cuando la literatura se carga de lo visceral. No sé qué autor era el que decía que el escritor no debe escribir en el momento de la más profunda emocionalidad, sino en el recuerdo de esa emocionalidad. Creo que coincido.

Imposible no hablar de su primera novela, ‘La pregunta de sus ojos’. ¿Cuál fue el germen de ese relato?

El inicio fue, como suele pasar con las novelas, una idea suelta. En mi caso, las imágenes tienen un peso muy grande. En mi juventud, mientras trabajaba en un juzgado de Buenos Aires, me vino a la cabeza una imagen ficticia: una jaula con una persona adentro y una persona afuera como carcelero, algo muy importante en el desenlace de la historia. Ese fue el principio. Después empecé a dotarlo de capas de significados, de eslabones argumentales que condujeran a ese final.

¿Qué tal la experiencia de convertir la literatura en cine?

Muy rica y muy compleja. El director Juan José Campanella me propuso que escribiéramos juntos el guion. Para mí fue muy estimulante, en el sentido de que iba a poder conservar elementos de esa historia que eran muy importantes; pero, al mismo tiempo, para un escritor de ficción no es habitual trabajar con otros, aceptar sus opiniones ni todo ese ejercicio de negociación, debate y renuncia que implica. Por suerte, creo que Campanella es una persona honesta en su trabajo que permitió que eso fuera algo constructivo. Creo que quedó muy bien, pero mentiría si dijese que fue sencillo.

¿Cómo vivió lo del premio Óscar?

Fue un encadenamiento de sorpresas muy grandes. Entre el estreno de la película y que ganara el Óscar pasaron seis meses. Fue muy poco tiempo, una tempestad de exposición, de popularidad, de experiencias, incluida ni más ni menos la de ir a Los Ángeles a ver si nos daban el Óscar. En el largo plazo, uno resignifica las cosas y les encuentra efectos nuevos. En mi carrera, el impacto más importante fue posterior, en el sentido de que me permitió consolidarme como guionista además de como escritor de ficción, porque un Óscar es una estupenda carta de presentación. En el momento uno no lo sabe; lo puedo decir ahora que han transcurrido varios años. Parte de mi vida profesional tiene que ver con el cine y las series gracias a ese antecedente tan honroso.

Se percibe una tendencia a contar los grandes problemas de Argentina mediante
dramas personales. Así pasa con la crisis del Corralito en ‘La noche de la Usina’...


Sí. Soy profesor de historia y creo que eso influye en mi manera de entender a mis personajes. Si bien me importan en tanto personas cotidianas comunes y corrientes, tiendo a pensarlos sobre el telón de fondo de la época que les toca vivir. Ese trasfondo político e histórico no es mi objetivo principal, pero creo que tiene que estar bien logrado, me interesa que esté bien construido.

También hay un gusto especial por el suspenso...

Cuando uno escribe intenta reproducir expectativas que tiene como lector. Yo soy un lector clásico, me gusta que me cuenten historias. Y en las historias clásicas lo normal es que quien nos cuenta nos genere una tensión, una duda, nos plantee un conflicto y que el escritor lo devele en algún momento; y, bueno, como escritor hago lo mismo porque me gusta ese tipo de literatura. No es que no me interese la forma, pero siempre tiendo a pensar que, además de forma, en la narrativa tiene que haber un fondo de tensión, de conflicto y de suspenso.

Finalmente, una pregunta para el Sacheri futbolero: ¿La participación de Argentina en el Mundial será suspenso, tragedia o una jugada maestra?

(Risas) Por ahí se me cuela cierto espíritu pesimista que me caracteriza. No tengo grandes expectativas, me parece que no hemos sido capaces de generar un proyecto futbolístico sólido, que dependemos demasiado de individualidades, sobre todo de las del mejor de todos, que es Lionel Messi. Así como llegamos muy complicados al Mundial tras las eliminatorias, me parece muy difícil que el técnico Sampaoli pueda dotar a ese conjunto de un verdadero espíritu de equipo y un funcionamiento colectivo que le permita al mejor jugador del mundo aprovechar esa enorme cualidad que tiene. Ojalá me equivoque, pero me parece que vamos a estar muy complicados.

Dónde y cuándo

‘Entre la épica y la lírica: grandes jugadas del fútbol’ se titula la charla de Sacheri con Juan Gabriel Vásquez, Alberto Salcedo Ramos y Segio Ocampo Madrid el 18 de abril a las 6 p. m. en el salón A de Corferias.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
CULTURA 

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