‘Yo vengo de lo popular, en mi casa no se escuchaba ópera’: Flórez

‘Yo vengo de lo popular, en mi casa no se escuchaba ópera’: Flórez

Juan Diego Flórez, uno de los mejores tenores del momento, habla de su cambio de repertorio.

‘Yo vengo de lo popular, en mi casa no se escuchaba ópera’

El tenor peruano cumplió 44 años en enero. De joven cantaba en el metro de Nueva York.

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JuanDiegoFlorez.com

16 de julio 2017 , 10:19 p.m.

El gran tenor Juan Diego Flórez, el mejor cantante de ópera latinoamericano de este siglo, está cambiando. El divo peruano, que cumplió 44 años en enero, está entrando en un repertorio completamente nuevo, pero sin abandonar las comedias ligeras de Gioachino Rossini y Gaetano Donizetti que le dieron fama en los grandes teatros del planeta.

Ahora su voz se acerca al romanticismo francés y su actuación se ha decantado en los papeles más complejos. A este hombre, que alguna vez debió cantar en el metro de Nueva York para financiar sus estudios, le gustan los desafíos. Ahora quiere competir en otras ligas. Y también quiere dedicarse más a Sinfonía por el Perú, el gran proyecto de desarrollo de niños mediante la música que fundó en su país.

En Zúrich (Suiza), en plena preparación para el gran rol de su nueva etapa, el héroe trágico Werther –en la ópera de Jules Massenet basada en la novela fundamental del romántico alemán Wolfgang von Goethe–, encontramos, en plena madurez artística, a uno de los mejores tenores del momento.

Me impresionó mucho el programa que llevó al Palau de la Música de Barcelona este año. En el 2016 fue un programa para lucir la voz, centrado en las populares ‘canzonetas’ napolitanas. Ahora trajo un menú degustación de papeles nuevos, para una voz más robusta. ¿Es su nuevo camino?
Justamente los roles que tengo ahora son nuevas óperas o en las que he debutado hace poco. Estoy haciendo 'Werther', primero en Bolonia (Italia) y ahora en ensayos en Zúrich. Es un repertorio al cual estoy yendo, romántico francés, gracias al cambio vocal que ha hecho posible que yo aborde papeles más centrales, que la voz se mueva más en la zona central de tenor. Pero he podido mantener el repertorio anterior, todavía lo puedo cantar, lo cual me hace muy feliz porque me encanta. Por ejemplo, el próximo año estaré en Pésaro cantando una ópera de Rossini que se llama 'Riccardo e Zoraide', no muy conocida. Me alegra poder resolver un papel así.

La última vez que hablamos, hace dos años, me dijo que su agudo ya no era tan “insolente”. Tal vez al principio buscaba asombrar. ¿Ahora busca más la emoción?
En ese buscar la voz otra vez tienes que resolver problemas. Yo he tenido problemas con el agudo en estos últimos años. Buscándolo. Ahora puedo decir que lo he encontrado y estoy otra vez contento y cómodo con esa insolencia. Por eso puedo cantar una ópera de Rossini, 'Semirámide', con agudos temibles. Ahora, como el centro es más ancho y la voz es más homogénea, se nota menos que el agudo sale.

¿Antes ya estaba ahí arriba y ahora sube desde el centro?
Es una voz que avanza desde el centro, como en 'Werther', una ópera central, que puede subir a un Si natural, pero es en general central. O Romeo. Puedo también hacer 'La hija del regimiento', 'El barbero de Sevilla' y 'La cenicienta'. Son óperas que requieren esa flexibilidad rossiniana, que me gusta. Me encanta seguir haciéndolas aunque ahora mi repertorio está girando al romanticismo francés, como 'Romeo y Julieta' (de Charles Gounod) y 'Manon' (de Jules Massenet).

¿Cuál es el papel más difícil que ha encontrado?
No encuentro que los papeles sean difíciles. Difícil es darles esa brocha de comienzo a fin. Es un desafío que me encanta. Pero no es solo la música, sino también la dirección de escena. Las óperas del bel canto eran más simples en la trama. En estas hay preponderancia del teatro, es casi teatro con música fusionada. Es darle el sentido y ser creíble. 'Werther' es complejo, completo, lleno de sombras y colores.

Cuando los canté por primera vez, empujaba la voz, forzaba. Pensaba que ese era el camino, pero no. La voz tiene que ser natural siempre, nunca forzada. Si la voz ha evolucionado y puede pasar a una orquesta, tiene que ser naturalmente, nunca forzando. Este ha sido el motto en mi carrera: siempre buscar la naturalidad en el canto.

¿Eso lo proyecta también a la actuación? Es difícil encarnar a un personaje muy distinto de usted y que parezca natural. Pienso, por ejemplo, en el Duque de Mantua, de ‘Rigoletto’. Usted ha creado un personaje público que tiene que ver con las causas sociales y culturales, y debe tener problemas para crear el personaje de un malo convincente…
Yo creo que todo está en la seguridad vocal. Si un cantante está cómodo con su voz, que no es tan fácil, ya puede ser un artista. Porque si no hay eso, no puedes dejarte llevar, estar relajado, entrar en un rol. Es así, no hay vuelta que darle.

Entre tantos teatros y ciudades, ¿hay un lugar que sea su casa?
Sí. En La Scala de Milán estoy en casa. Es el primer teatro donde debuté, a los 23 años, después de haber actuado en el Festival de Pésaro (Italia). Y regresé mucho, casi todos los años, hice muchas óperas con Riccardo Muti. Es una casa mía: todos los técnicos, las costureras. Un día Muti me lo dijo: “Tu sei figlio de La Scala, no ti lo dimenticari” (tú eres hijo de La Scala, no lo olvides). Y es verdad. Pero otro donde me siento en casa es el Royal Opera House, de Londres. Canto mucho en Viena porque ahí está mi casa y quiero estar cerca de mi familia.

¿Qué música oye para descansar?
Me gusta mucho la música latinoamericana: las rancheras, los boleros, la música peruana. Me gusta también el rock clásico: los Beatles, Led Zeppelin, Queen, un poco de todo. El blues, jazz... Escucho todo porque vengo de la música popular: en mi casa no se escuchaba ópera. Yo descubrí la música clásica cuando entré al conservatorio para estudiar canto, pero era canto para el pop, quería saber cantar mejor. Por eso la música popular está siempre presente y en mis conciertos saco la guitarra y canto, algo que comencé a hacer hace poco. Lo hice en las Canarias, donde canté algo típico de allí. Ahora hasta el público lo pide, no quiere irse del recital sin haber escuchado algo así.

¿Pero piensa hacer como Luciano Pavarotti, que cantó junto con cantantes populares?
En Lima lo he hecho varias veces. Pero hay que ser muy famoso uno para convencer a gente famosa. Y la ópera siempre es algo restringido a la gente a la que le gusta, que va al teatro. Nosotros no somos íconos globales. Pavarotti lo era, él era especial, y Plácido Domingo también. Pero son casos, y otras épocas. Ellos vivieron su máximo de fama y esplendor vocal en una época en que se daba mucha más cabida a la ópera en la televisión, en el mundo de la cultura popular. Eso ya no lo hay. Felizmente lo nuestro sigue sucediendo en los teatros y hay gente que los llena, pero no somos famosos.

En esas épocas había una sana rivalidad, Pavarotti y Domingo, Callas y Tebaldi… Ahora usted es uno de los mejores tenores. ¿Se ve con un contendiente como el que Ronaldo representa para Messi?
(Se ríe) Bueno, yo entro en un nuevo reino, el del tenor lírico. En el bel canto nunca sentí una competencia. Ahora hay más jóvenes en el bel canto, pero en mi época había muy poco, sobre todo en Rossini. En este nuevo repertorio hay varios que lo hacen muy bien. Pero yo entro como un outsider y voy ganándome la confianza en estos roles. No estoy pensando en una competencia, o aún no. Pero me gusta la idea de sentir esa rivalidad. Sería interesante. Antes no la sentí. Ahora viene, la habrá si sigo en este camino. Yo voy un poco más artesanalmente, elijo las óperas que quiero hacer, el teatro arma un proyecto, se hace. Ya no voy a todos los teatros a cantar lo que me ofrecen.

¿Con quiénes siente que es un desafío y un privilegio cantar?
Es curioso: últimamente canto más con jóvenes. Me ven como veterano, aunque no soy tan viejo, tengo 44 años. A veces me toca cantar con mayores. Yo voy mucho a escuchar a otros. Me gustan los barítonos como Ludovic Tèzier o Carlos Álvarez, voces importantes. O la gran soprano Anna Netrebko. Voces que te dan emociones.

¿Cómo se lleva con las redes sociales?
Tengo que ser sincero, yo no manejo mucho eso, tengo una persona que me ayuda. Me dice: “haz fotos hoy”, y a veces hago de los ensayos un video… Después se me empieza a ocurrir a mí. Por ejemplo, una canción para mi esposa el día de los novios. Ese video de San Valentín fue visto por más de medio millón en pocos días. Mi fan base es en Latinoamérica, aunque no trabajo casi allá, canto principalmente en Europa. Pero casi todos mis seguidores en Facebook están en mi continente, muchísimo en Perú. Creo que es el orgullo de que haya alguien de tu país haciendo cosas importantes y dejándote bien. De eso hay mucho en nuestros países. Hay gente que me sigue y me admira pero nunca me ha visto cantar.

Justo en esta época de rechazo al inmigrante, de Trump y el auge de la derecha en Europa…
(Ríe) Sí, claro. Yo también soy un inmigrante.

¿Hace cuánto dejó su Perú natal?
Hace 23 años. Me fui a Filadelfia (Estados Unidos) a estudiar, y luego a Italia.

Pero es profeta en su tierra. ¡Hasta lo pusieron en una estampilla!
(Se ríe) Exageraron. He aprovechado que me tratan muy bien, que la gente me quiere, para crear un movimiento, Sinfonía por el Perú, que cuenta ya con 6.000 niños. Si contamos con que tenemos seis años, son mil por año. Me inspiré en el sistema de orquestas de Venezuela. Tenemos una orquesta de niños que ha progresado mucho. Si no fuese yo, en Perú habría sido más difícil haber llegado a estos logros.

Es tal vez un papel similar al de Gustavo Dudamel en Venezuela…
Sí, claro. Es un programa social que usa la orquesta y el coro como herramienta de transformación social, de integración de los niños pobres a la sociedad. Pero yo no me formé en el mismo programa, como él. Me eduqué en un conservatorio normal. Dudamel sí creció en el programa de orquestas del maestro Antonio Abreu. Para mí fue una revelación que la música pueda salvar a la niñez. Es muy poderoso.

¿Cuál es el mayor logro hasta ahora y el mayor sueño con Sinfonía por Perú?
El mayor logro social es haber logrado la integración de tantos niños. Un estudio demuestra que son mejores en el colegio y en sus casas, sufren menos violencia y trabajan menos en las calles. Musicalmente, el logro es la excelencia a la cual han llegado los niños que ya forman parte de la Orquesta Nacional Juvenil, que pronto van a poder viajar al mundo. En el 2020 queremos llegar a 20.000 niños. Estamos en todos los sitios en Perú, pero la idea es crear más y más núcleos.

ROBERTO HERRSCHER*
Especial para EL TIEMPO
* Periodista argentino experto en música clásica. Es corresponsal de la revista ‘Opera News’ y director del diplomado de narrativa de no ficción de la Universidad Alberto Hurtado, en Santiago de Chile.

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