‘Teoría King Kong’, el clásico feminista que quiere ser 'best seller'

‘Teoría King Kong’, el clásico feminista que quiere ser 'best seller'

Este manifiesto de Virginie Despentes ha cobrado actualidad por el auge de movimientos como #MeToo.

Virginie Despentes, escritora francesa

Despentes cumplirá 49 años el 13 de junio. A los 17, ella y una amiga fueron violadas por tres hombres. Fue prostituta durante un par de años y se convirtió en escritora a los 22.

Foto:

Jean-Francois Paga

30 de junio 2018 , 10:17 p.m.

En internet, me encuentro por casualidad con una carta firmada por Antonin Artaud. Una carta de ruptura, de alejamiento en todo caso, dirigida a una mujer que él declara haber amado. Comprendo que, en detalle, su historia debe ser complicada. Pero al final, la cosa queda así: “Necesito una mujer que sea únicamente mía y que pueda encontrar en mi casa en todo momento. Estoy desesperadamente solo. Por la noche, no puedo volver a una habitación solo, sin que ninguna de las facilidades de la vida me sea accesible. 

Necesito un interior, y lo necesito urgentemente, y una mujer que se ocupe sin cesar de mí hasta en los detalles más ínfimos. Una artista como tú tiene su propia vida y no puede hacer eso. Todo lo que digo es de un egoísmo feroz, pero así es. Ni siquiera es necesario que esa mujer sea muy guapa, tampoco quiero que tenga una inteligencia excesiva ni que reflexione demasiado. Basta con que esté atada a mí”.

Desde que soy niña, después de ‘Goldorak’ (serie de anime dentro de la saga de ‘Mazinger Z’) y Candy, que pasaban en la tele a la salida del colegio, me apasiona invertir las cosas, simplemente para ver lo que pasa.

“Necesito un hombre que sea únicamente mío y que pueda encontrar en mi casa en todo momento”. Esto suena inmediatamente muy distinto. El hombre no está ahí para quedarse en casa ni para ser poseído. Incluso si yo necesitara o quisiera un hombre que fuera únicamente para mí, todo me aconsejaría moderar mis ardores y, al contrario, consagrarme completamente a él. No es la misma historia. No hay nadie a mi alrededor que haya sido asignado, políticamente, a sacrificar su vida para hacer la mía más confortable. Esta relación de utilidad no es recíproca. Del mismo modo, yo no podría escribir de un modo sinceramente egoísta: “Necesito un interior, y lo necesito urgentemente, y un hombre que se ocupe sin cesar de mí hasta en los detalles más ínfimos”. Si encontrara a un hombre así, sería porque tengo medios para pagarle un sueldo. “Ni siquiera es necesario que ese hombre sea muy guapo, tampoco quiero que tenga una inteligencia excesiva ni que reflexione demasiado. Basta con que esté atado a mí”.

Mi poder no reposará nunca sobre la sumisión de la otra mitad de la humanidad. Un ser humano de cada dos no ha venido al mundo para obedecerme, ocuparse de mi interior, cuidar de mis hijos, gustarme, distraerme, confortar el poder de mi inteligencia, procurarme reposo después de la batalla, dedicarse a alimentarme bien… y es mejor así. (...)

***

Año 1948, Antonin Artaud muere. Genet, Bataille, Breton; los hombres explosionan los límites de lo decible. Violette Leduc comienza a redactar lo que se convertirá después en ‘Teresa e Isabel’. Un texto magistral. Beauvoir al leerlo escribe inmediatamente: “Es imposible publicarlo. Es una historia de sexualidad lesbiana tan cruda como las de Genet”.

Violette Leduc edulcora el texto, que (Raymond) Queneau rechaza rápidamente: “Imposible publicarlo abiertamente”. Habrá que esperar a 1966 para que Gallimard lo edite.

No hay nadie a mi alrededor que haya sido asignado, políticamente, a sacrificar su vida para hacer la mía más confortable. Esta relación de utilidad no es recíproca

Yo pertenezco a ese sexo, el que debe callarse, al que todos acallan. Y que debe tomárselo con cortesía, una vez más, jugar a mantener un perfil bajo. A riesgo de que te borren del mapa. Los hombres saben mejor que nosotras lo que podemos decir sobre nosotras mismas. Las mujeres, si quieren sobrevivir, tienen que aprender a entender las órdenes. Que no me vengan a contar que las cosas han evolucionado tanto y que ya no es lo que era. A mí no. Lo que yo he soportado por ser mujer escritora es el doble de lo que un hombre soporta.

Simone de Beauvoir empieza las ‘Cartas al Castor’ con esta primera carta que le escribe Sartre: “¿Querría usted ser tan amable y llevar mi ropa sucia (en el cajón inferior del armario) a la lavandería esta mañana? Dejo la llave puesta en la puerta. La amo tiernamente, mi amor. Ayer tenía usted una carita tan mona al decir: ‘Ah, usted me ha mirado, me ha mirado’ y, cuando lo pienso, se me rompe el corazón de ternura. Adiós, cariñito”. Démosle la vuelta a todo, démosle la vuelta a la ropa sucia y a la carita tan mona. Así entenderemos mejor de qué sexo somos, el sexo de la ropa sucia de los otros, el de las caritas monas. (...)

***

Cuando el mundo capitalista se viene abajo y no puede abastecer las necesidades de los hombres, cuando no hay trabajo, ni dignidad en el trabajo, en medio de exigencias económicas crueles y absurdas, de vejaciones administrativas, de humillaciones burocráticas, de la seguridad de que nos engañan cada vez que compramos algo, se nos toma de nuevo por las únicas responsables. Lo que les hace sentirse infelices es nuestra liberación. No es culpa del sistema político, sino de la emancipación de las mujeres.

¿Querer ser un hombre? Yo soy mejor que eso. No me interesa el pene. No me interesa ni la barba ni la testosterona, yo tengo todo el coraje y la agresividad que necesito. Pero claro que quiero todo lo que un hombre puede querer, como un hombre en un mundo de hombres, quiero desafiar a la ley. Frontalmente. Sin atajos y sin excusas. Quiero obtener más de lo que me prometieron al principio. No quiero que me cierren la boca. No quiero que me digan lo que tengo que hacer. No quiero que me abran la piel para hincharme los pechos. No quiero tener un cuerpo esbelto de adolescente cuando me acerco a los 40. No quiero huir del conflicto para esconder mi fuerza y evitar perder mi feminidad.

Liberan a una rehén. Ella declara en la radio: “Por fin he podido depilarme, perfumarme, recuperar mi feminidad”. Al menos ese es el fragmento que han decidido seleccionar. Ella no quiere caminar por la ciudad, ver a sus amigos o leer el periódico. ¿Lo que quiere es depilarse? Es su derecho inalienable. Pero que no me pidan que me parezca normal. (...)

Que no me vengan a contar que las cosas han evolucionado tanto y que ya no es lo que era. A mí no. Lo que yo he soportado por ser mujer escritora es el doble de lo que un hombre soporta

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Hubo una revolución feminista. Se articularon discursos, a pesar del decoro y frente a la hostilidad. Y eso sigue en marcha. Pero, de momento, nada con respecto a la masculinidad. Un silencio aterrorizado de chavales frágiles. Ya basta. El sexo que se dice fuerte es precisamente el que hay que proteger sin cesar, el que hay que confortar, curar, cuidar. Al que hay que proteger contra la verdad. Las mujeres son tan cabronas como ellos y los hombres tan putos y tan madres como ellas, todos estamos en medio de la misma confusión. Hay hombres que están hechos para ocuparse del jardín, de la decoración interior y para llevar a los niños al parque; y mujeres con un cuerpo capaz de agujerear la cabeza de un mamut, de hacer ruido y de tender emboscadas. A cada cual su terreno. El eterno femenino es una tremenda broma. Cualquiera diría que la vida de los hombres depende de seguir ocultando esta mentira… mujer fatal, conejita, enfermera, lolita, puta, madre bondadosa o castradora. Eso son solo películas. Puesta en escena de signos y precisión de los disfraces. ¿De qué queremos tranquilizarnos con todo esto? No sabemos exactamente qué riesgo correrían si todos estos arquetipos construidos se vinieran abajo: las putas son individuos como cualquier otro; las madres no son intrínsecamente ni buenas ni valientes ni cariñosas, ni tampoco los padres, eso depende en cada caso, de la situación, del momento.

Liberarse del machismo, esta trampa para bobos solo sirve para calmar a los idiotas. Admitir que no queremos respetar las reglas del reparto de cualidades. Ni el sistema de mascaradas obligatorias. ¿Cuál es la autonomía de la que los hombres tienen tanto miedo que prefieren seguir callándose y no inventar nada nuevo, ningún discurso nuevo, crítico, creativo acerca de su propia condición?

¿Para cuándo la emancipación masculina?

A ellos, a vosotros, os toca ahora independizaros. “Sí, pero cuando somos amables, las mujeres prefieren a los brutos”, se quejan los antiguos privilegiados. Falso. A algunas mujeres les gusta la fuerza, no les da miedo que otros sean potentes. Pero la fuerza no es la brutalidad. Ambas nociones son bien distintas.

Lemmy / Cantona / Breillat / Pam Grier / Bukowski / Camille Paglia (...) Cuestión de actitud, de valentía, de insumisión. Existe una clase de fuerza, que no es ni masculina ni femenina, que impresiona, que enloquece, que da seguridad. Una capacidad de decir que no, de imponer una visión propia de las cosas, de no ocultarse. Me da lo mismo que el héroe lleve falda y tenga dos tetas como melones o que la tenga como un toro y fume puros.

Claro que es penoso ser mujer. Miedos, obligaciones, imperativos de silencio, llamadas a un orden que es el mismo desde hace tiempo, espectáculo de limitaciones imbéciles y estériles. Siempre como extranjeras, haciendo los peores trabajos, suministrando la materia prima y asumiendo un perfil bajo… Pero, frente a lo que significa ser un hombre, eso parece una broma… Porque, al final, no somos nosotras las que tenemos más miedo, ni las que estamos más desarmadas, ni a las que les ponen más trabas. El sexo del aguante, de la valentía, de la resistencia, siempre ha sido el nuestro. De todos modos, tampoco hemos tenido elección.

El verdadero coraje. Confrontarse con lo nuevo. Posible. Mejor. ¿Fracaso en el trabajo? ¿Fracaso en la familia? Buenas noticias. Puesto que cuestiona, inmediatamente, la virilidad. Otra buena noticia. De estas tonterías, ya hemos tenido bastante.

El feminismo es una revolución, no un reordenamiento de consignas de ‘marketing’, ni una vaga promoción de la felación o del intercambio de parejas, ni tampoco una cuestión de aumentar el segundo sueldo. El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres, pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo.

Y dicho esto, buena suerte chicas y mejor viaje…

VIRGINIE DESPENTES

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