Alan Moore: ‘el mago del caos’ que vuelve arte sus visiones

Alan Moore: ‘el mago del caos’ que vuelve arte sus visiones

El británico que renovó el género del cómic quiere inspirar ‘nuevas formas de mirar las cosas’.

V de Vendetta

'V de Vendetta' es una de las historias que lleva el sello distintitivo de Alan Moore.

Foto:

Abel Cárdenas / Archivo EL TIEMPO

26 de junio 2017 , 12:09 a.m.

‘Watchmen’, ‘V de Vendetta’, ‘From Hell’ y otros títulos firmados por Alan Moore (Northampton, 1953) marcaron un hito para que, desde fines del siglo XX, las historietas se transformaran en una forma de arte.

Junto con un puñado de guionistas y dibujantes, Moore no solo introdujo temas adultos, sino que procuró explotar la combinación de texto y dibujo como un tramado de niveles de sentido en una totalidad compleja, irreductible a la literatura o a la versión cinematográfica.

La búsqueda del autor de ‘La liga de caballeros extraordinarios’ no se detuvo en esa revolución: es también escritor de novelas y ‘performer’ de espectáculos en los que despliega su talento como ‘mago del caos’, un título que se dio a sí mismo al cumplir los 40.

La conclusión es evidente: Moore está loco. Pero pocos tienen la capacidad de hacer de su locura un medio de autotransformación consciente y, menos aún, el talento para convertir sus visiones en extraordinarias obras artísticas. Ese proyecto continuó en septiembre pasado cuando se publicó en inglés ‘Jerusalem’, su monumental segunda novela metafísica, de más de mil páginas.

Moore creció en The Burrows, la región más antigua y pobre de Northampton (Reino Unido). Una zona de campesinos desplazados a la ciudad durante la Revolución Industrial. La monotonía gris del hogar obrero fue lo que lo acercó tanto a la mitología clásica como a las historietas de superhéroes, ficciones en las que no existen las limitaciones mundanas.

Llegada la juventud, su origen de clase lo obligó a sobrevivir con trabajos no calificados, por lo que, luego de fatigarse en curtiembres y mataderos, decidió probar suerte con su pasión infantil: escribir guiones para historietas.

Sus premiados trabajos para sellos británicos como 2000 AD y Warrior llamaron la atención del sello estadounidense DC, que lo convocó en 1984 para renovar la poco redituable historieta de horror ‘La cosa del pantano’.

Allí comenzó la fama. Moore introdujo en la serie otros personajes perdidos de DC, jugó con el origen científico del monstruo de los pantanos de Luisiana, coqueteó con temas sociales y ecológicos y hasta se animó a experimentar con la sexualidad del personaje.

A ese primer éxito le siguieron capítulos de ‘Superman’ y ‘The Killing Joke’ (1988), un episodio de ‘Batman’ centrado en la relación sádica con el Guasón y que contribuyó, con ‘El regreso del caballero oscuro’, de Frank Miller, a revisar la moral justiciera del hombre murciélago.

En 1986, junto con el dibujante Dave Gibbons, nació ‘Watchmen’, la historia que cambiaría el mundo violento e ingenuo de los superhéroes.

El truco consistió en darles a los enmascarados características humanas realistas: ambición, omnipotencia, celos, cinismo; convertirlos en adoradas y odiadas celebridades mediáticas y situarlos en el caótico y autodestructivo escenario geopolítico del fin de la Guerra Fría.

El otro hito en su carrera fue ‘V de Vendetta’ (1981-1988), en la que expresó en clave futurista el camino de opresión en que ingresaba Inglaterra con la restauración conservadora de Margaret Thatcher.

Con resonancias del 1984 orwelliano, V retrata una Gran Bretaña de fin de siglo posnuclear en la que un gobierno fascista controla con cámaras los movimientos de los ciudadanos y legisla sus lecturas y su orientación sexual.

El azar del contrapunteo creativo entre Moore y el dibujante David Lloyd hizo que el rostro desfigurado del héroe anarquista que confronta el régimen fuera cubierto con una máscara que representa a Guy Fawkes, el católico inglés que comandó un atentado contra el rey Jacobo I de Inglaterra en 1605.

La creación de ese ícono, hoy recuperado en las movilizaciones antiglobalización, fue el primer ensayo del juego de reescritura de símbolos de la historia que Moore encararía en trabajos posteriores, una reflexión sobre el poder de la mitología como encarnación del pensamiento.

Historia secreta

Quien no guste de las aventuras y los superhéroes puede apreciar la infinidad de recursos narrativos y el refinamiento literario de Moore en la serie de novelas gráficas porno que compuso con la dibujante Melinda Gebbie, quien luego sería su esposa. ‘Lost Girls’ (1991-2006) se vale de la Alicia de Carroll, Dorothy de ‘El Mago de Oz’ y Wendy de ‘Peter Pan’ para explorar la sexualidad con un desenfado capaz de derribar cualquier tabú.

Pero su obra más impresionante sigue siendo ‘From Hell’ (1989-1996), investigación histórica sobre los crímenes de Jack el Destripador
en la que no se trata de descubrir al asesino, sino de comprender sus motivos.

La novela gráfica, que dibujó Eddie Campbell, atribuye los crímenes de Whitechapel a una conspiración de la reina Victoria para limpiar la reputación del príncipe Albert. La tarea sucia se encarga al médico de la corte, el cirujano masón William Gull.

Su inspiración para los crímenes se narra en el deslumbrante capítulo cuatro, en el que Gull recorre Londres explicándole al cochero la historia secreta que puede leerse en las calles, monumentos y catedrales de la ciudad.

Codificada por los arquitectos masones que levantaron Londres, una historia de la guerra patriarcal contra los antiguos matriarcados se narra en obeliscos, torres y tumbas: el destierro de Diana por Apolo, los símbolos solares que eclipsan a los lunares, la masacre de la tribu británica de los icenos y su reina Boadicea bajo el hierro de los romanos, la razón contra las fuerzas dionisíacas del inconsciente.

A partir de ‘From Hell’, la ‘psicogeografía’ se vuelve un fundamento de su escritura: la historia se deposita en los espacios y construye símbolos.

Aunque el transeúnte despreocupado desconozca qué aconteció en el suelo por el que camina, los signos del tiempo actúan sobre su inconsciente. Como lo expresa el doctor Gull: “El único sitio en el que es indiscutible que los dioses existen es en nuestras mentes, donde son indudablemente reales, con toda su grandeza y monstruosidad”. Por ese camino, Moore se condujo hacia el terreno del ocultismo.

En el excelente documental ‘The Mindscape of Alan Moore’ (2003), de DeZ Vylenz, el historietista explica su conversión: “Al cumplir los 40 años, en vez de aburrir a mis amigos con algo tan mundano como una crisis de la mediana edad, decidí que sería mucho más interesante aterrorizarlos volviéndome completamente loco y autoproclamándome mago. El problema es que la magia es en muchos aspectos una ciencia del lenguaje, así que hay que tener cuidado con lo que se dice, porque se corre el riesgo de que se cumpla”.

Luego de una iniciación secreta, comenzó a investigar la historia de la magia, el ocultismo y las religiones antiguas. Su visión del asunto se centra menos en aspectos sobrenaturales que en la influencia que los símbolos producen en la mente.

Según sus investigaciones, en su versión más antigua la magia se ocupaba sobre todo de la búsqueda del dominio del lenguaje y la creación de imágenes con un fin particular, como lo demuestra la coincidencia de la raíz de la palabra ‘grimorio’ (un manual de sortilegios) con la de ‘gramática’ o, en latín, la palabra ‘carmen’, que significa tanto canción y poema como hechizo.

El arte es, igual que la magia, la ciencia de manipular símbolos, palabras o imágenes con el fin de lograr cambios en la conciencia

Siguiendo esta tradición, Moore se ocupa de la magia como una forma de manipulación del sentido: “El arte es, igual que la magia, la ciencia de manipular símbolos, palabras o imágenes con el fin de lograr cambios en la conciencia”.

El problema del presente, advierte, es que los mayores manipuladores de símbolos son los publicistas, dedicados a mantener al público sentado frente a una pantalla pensando las mismas cosas: qué comprar mientras se espera la muerte.

En el período de su conversión escribió su primera novela, ‘La voz del fuego’, una historia mítica de su ciudad natal, desde el 4000 a. C. hasta el presente. Cada capítulo, narrado en primera persona, cuenta la historia sangrienta de un personaje y su relación con los símbolos que componen la identidad de la ciudad.

Los capítulos se relacionan por el modo en que esos símbolos se transforman, reaparecen bajo nuevas imágenes, cada vez más abstractas, y siempre cargando un sentido oculto que cifra la violencia del poder.

Junto con la creación de nuevos cómics, Moore se dedicó a realizar ‘performances’ de psicomagia. Se trata de espectáculos en los que recita un guion de fuerte carga simbólica sobre un tema relacionado con el lugar en el que se realiza.

Mediante luces, objetos, sonidos y las inflexiones de su voz, busca desarreglar los sentidos de la audiencia para producir un impacto directo al inconsciente.

Dos de esos espectáculos, ‘Serpientes y escaleras’ (2001) y ‘El amnios natal’ (1999), han sido a su vez convertidos en cómics por Eddie Campbell.

En ‘Serpientes y escaleras’ utiliza como metáfora el popular juego de mesa para hacer un viaje histórico y cósmico en el que se cruzan Oliver Cromwell, Dante Gabriel Rossetti y Arthur Machen con las serpientes de diversas religiones y su equivalente científico: la doble cadena del ADN.

Mucho más íntimo, ‘El amnios natal’ se centra en el encuentro azaroso de una reliquia que recuerda el propio nacimiento de Moore y lo relaciona con el espacio en el que se llevó a cabo el espectáculo, la antigua corte judicial de Newcastle. El resultado es una reflexión sobre la singularidad del espíritu en su origen, que lucha para mantenerse intacto ante el juicio al que lo somete la sociedad desde la cuna.

El viaje cósmico del autor de ‘Providence’ continúa en ‘Jerusalem’, su nueva novela, un trabajo de casi una década en el que vuelve a Northampton como metáfora de la existencia humana, en una narrativa multidimensional que ablanda los límites del tiempo y el espacio, la vida y la muerte, y concibe la mente como una cuarta dimensión de la realidad.

El arte “mágico” de Moore se propone “inclinar la conciencia hacia nuevas formas de mirar las cosas”. Es una invitación a comprender la realidad multidimensional del mundo, desentrañar las redes del poder, apreciar la intensidad reparadora de la sexualidad, reconocer las coincidencias de las religiones, apropiarse de la potencia creativa de los símbolos y del lenguaje.

Su obra es el documento de un trayecto excéntrico que le permitió asumir la ética creativa que transmite a los alumnos de sus seminarios: “Traten la escritura como si fuera un dios, de tal modo que nada, excepto tu mejor esfuerzo, pueda ser suficiente”.

MARTÍN LOJO
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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