Nuestra revolución silenciosa por la lectura

Nuestra revolución silenciosa por la lectura

Hoy, el comportamiento lector en el escenario rural del país nos brinda una estimulante sorpresa.

Libros

En Colombia se han hecho tres encuestas nacionales sobre hábitos de lectura y consumo de libros.

Foto:

123rf

06 de abril 2018 , 12:54 a.m.

Antes del año 2000, el plan más ambicioso que un gobierno nacional había implementado para fomentar la lectura había sido el de las bibliotecas aldeanas, proyecto que hacía parte del gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938). 

Esta iniciativa buscaba poner en contacto a la población rural del país, que en ese momento era mayoritaria, con la cultura occidental para mejorar su calidad de vida.
Hoy, muchos años después, el comportamiento lector en el escenario rural nos brinda una estimulante sorpresa.

En el año 2001, el Ministerio de Cultura y Fundalectura emprendieron la campaña ‘Colombia crece leyendo’, que consistió en una invitación a los alcaldes municipales a incluir la biblioteca pública dentro de sus planes de desarrollo y presupuestos anuales. Este fue el antecedente del que sería el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas (PNLB), el cual ha sido el mapa de ruta para incentivar el fortalecimiento de la red y que ha puesto en marcha múltiples iniciativas para democratizar el acceso a la lectura.

Es oportuno reconocer la inmensa apuesta que este gobierno hizo por mejorar el acercamiento de la población colombiana a libros, bibliotecas y programas de promoción de gran calidad. Este jueves, la ministra de Cultura reportó la entrega de más de 30 millones de libros y una inversión de más de 687 mil millones de pesos en los últimos ocho años.

En Colombia se han hecho tres encuestas nacionales sobre hábitos de lectura y consumo de libros. En las dos últimas se incorporó un componente relacionado con la visita a bibliotecas dada la inversión estatal en el sector; sin embargo, la encuesta presentada este jueves por el Gobierno nos descubre un panorama innovador al medir no solo el consumo de libros, sino las distintas formas de leer. Es, como lo señalaba Mauricio Perfetti, director del Dane: “ … la primera gran encuesta especializada en hábitos de lectura, escritura y visita a bibliotecas que mide estas prácticas en personas desde los 5 años”.

Lo más revelador de la encuesta no es si subimos el índice de 2,3 libros leídos al año, o si efectivamente los niños colombianos alcanzaron la megameta de 3,2 libros leídos –cifra que se dio a conocer ya en la encuesta de consumo cultural del 2016–. No quiero restarles importancia a estos datos, pero la verdad es que lo alentador, lo novedoso, lo realmente impactante es que por primera vez tenemos un instrumento que toma en cuenta lo que sucede en el sector rural, que evalúa la lectura en otros dispositivos, que señala lo que pasa en las bibliotecas más allá de la asistencia a ellas y además evalúa la escritura como una práctica central.

Creo firmemente que la construcción de tejido social pasa por las palabras, y creo que esta encuesta nos da herramientas para seguir apostando por la lectura como instrumento para fortalecer la ciudadanía crítica y como un derecho para todos.

DIANA REY
Directora de Fundalectura

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