Las confidencias de Ana Belén y Víctor Manuel

Las confidencias de Ana Belén y Víctor Manuel

Detrás hay una historia de amor y trabajo que le contaron a Roberto Pombo en el Hay Festival.

HAY FESTIVAL

En la charla con Pombo (izq.), que abrió el Hay, Ana Belén y Víctor Manuel contaron que están juntos desde 1971.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO

25 de enero 2018 , 08:34 p.m.

El público está tan acostumbrado a ver juntos a Ana Belén y a Víctor Manuel que, según el cantautor español, a veces, en los eventos y compromisos sociales, cuando solo asiste uno de los dos, la gente cree que fueron ambos.

Por eso, una de las primeras aclaraciones que hizo Roberto Pombo, director de EL TIEMPO, en la charla inaugural del Hay Festival al presentar a esta pareja de artistas es que “Ana Belén y Víctor Manuel” no es una razón social. Ambos artistas –unidos en un sólido matrimonio– tienen carreras consolidadas por separado.

Esa historia artística fue el eje de la conversación que se dio pasado el mediodía, en el teatro Adolfo Mejía, de Cartagena. Cada uno dio su versión de la historia, comenzando por la de amor...

“¿Cómo empezó todo? –dijo Ana Belén–. Casi nos remontamos al Pleistoceno. Yo estaba haciendo una obra de teatro de una autora inglesa, se titulaba 'Un sabor a miel'. Estaba haciendo una gira por España. Llegamos a Galicia, a La Coruña. Allí, en el hotel, una de las actrices con las que trabajábamos me presentó a un cantante que conocía de hacía tiempo porque había sido madrina suya en unos premios. Ese cantante era Víctor Manuel, y no iba solo. Iba acompañado de otro cantante con el que estaban haciendo una gira. Ese otro cantante era Julio Iglesias. Nos presentaron. Víctor me dio dos besos, Julio me besó la mano...”.

“...Dos meses después me habían contratado para hacer una película con el director Gonzalo Suárez, y a Víctor, ese director se lo encontró en Barcelona y le preguntó si quería hacer una película. Y este, osado, no era actor, dijo: ‘Bueno’ ”.

Ella tenía 19 años. Él recordaba haber visto en el teatro a una “mujer bellísima” que le dijo que rodaría una película con un amigo suyo. “A los 15 días me habían contratado por separado –recordó–. Comenzamos a rodar –estoy hablando del año 71–, y ya no nos volvimos a separar desde entonces...”.

La gira con Julio Iglesias, aunque no se repitió, dejó una relación con la pareja, que se expresa del cantante en términos de agradecimiento: “Julio con nosotros se ha portado estupendamente –apuntó Ana Belén–. En momentos muy complicados para nosotros, ha sido una de las pocas personas que dieron la cara y nos defendieron. En eso siempre vamos a estar muy agradecidos...”.

Se refiere a un momento posterior, cuando la pareja presentó en México una obra musical, por la que los acusaron de haber pisado la bandera española. “Julio había estado –recordó Víctor Manuel–, y cuando volvió a España dio testimonio a la policía y a quien quiso escucharlo de que esa escena no existía, cosa que le agradecemos”.

Otra pregunta fue sobre el impacto de lo artístico en su relación de pareja.

“A mí personalmente me gusta muchísimo compartir escenario, es más, lo busco –respondió Ana Belén–. Busco por muchas afinidades, admiración que tengo con compañeros. Busco mucho ese compartir. En el caso de compartir con Víctor, hubo un primer momento de sorpresa, fue una casualidad que los dos estuviésemos cantando, porque nos contrataron por separado a los dos y de pronto estábamos cada uno con su grupo musical en el escenario y nos juntamos. De repente dijimos: ‘¡Qué divertido esto!’. Además, había canciones en las que yo le había hecho coros, y empezamos a tener en la mente la posibilidad de hacer giras, de compartir, aunque cada uno hacía su trabajo individual”.

A su turno, Víctor declaró: “No sé qué hubiera sido mi vida sin ella, pero también he influido en ella”. Entonces recordó su aporte en materia de repertorio, la forma como sus sugerencias le permitieron a Ana Belén volver a la música que había dejado por el teatro:

–Siempre he dicho que si yo no hubiese conocido a Víctor, a lo mejor no estaría cantando en este momento –dijo ella–.

–Sí estarías cantando –respondió él–. Lo que pasa es que estabas en un caso de poco futuro.

Al oírlo, el público exclamó y el cantautor supo que debía explicarse:

“Le gustaba mucho el musical americano –agregó Víctor Manuel–, porque tenía un profesor, un mánager maravilloso, pero la llevaba mucho por ese camino: el de cantar en inglés, musicales americanos, un poquito de jazz. Eso es estupendo, porque lo puede hacer. Le dije que sí, que podía hacerlo, pero que había otras músicas, estaba El hombre del piano...”.

Víctor Manuel, en realidad, le compuso las canciones para todo un disco. Lo que a Ana Belén le dio confianza para volver a la música. “Me encontraba como protegida haciendo teatro –recordó la cantante y actriz–. El mundo de la música no lo manejaba, me daba miedo. Sabía que no tenía un repertorio, no era autora, no tenía un camino, y Víctor me marcó un camino”.

Sin embargo, en la historia de Ana Belén primero fue la música. La artista se describió a sí misma como una niñita de la generación de los 50, cuando no había televisión y la radio lo era todo. A los 10 años comenzó a participar en concursos de talentos. Esos concursos le dieron la visibilidad para que la llamaran los productores cinematográficos que buscaban caras juveniles, en vista de que Marisol y Rocío Durcal habían crecido.

“Con 13 años –recordó Ana Belén–, me llamaron unos productores de cine que estaban buscando a una niña para continuar la saga de los niños prodigio de España (...). Me hicieron las pruebas y me contrataron, e hice una película (Zampo y yo) que fue un fracaso, pero esa fue mi suerte, porque yo tenía un contrato por cuatro años haciendo ese tipo de películas ñoñas, lacrimógenas. Gracias a ella conocí a una persona fundamental en mi vida, Miguel Narros, director de teatro. A los 15 años debuté en el Teatro Español haciendo teatro clásico. Dejé de cantar”.

La radio fue otra gran influencia para Víctor Manuel: la inspiración llegó oyendo Discomanía, en la cadena Ser, que ponía los discos de Charles Aznavour y otros cantantes que no se oían en la radio convencional. “Me lancé a escribir mis canciones de una manera muy torpe –relató–, sin sabor; un montón eran horrorosas, y nunca las he grabado. Después, con 17 años, empecé a ver la luz, y salió una canción que me reconciliaba con ese oficio que pensé que podía tener. Escribí de una tacada un montón de canciones que fueron éxitos consecutivos”.

De la militancia a la familia

La charla pasó a cómo era ser artista y querer expresarse en la época del franquismo.

“Me interesa contar lo que era el franquismo sociológico –comentó Víctor Manuel–. Había una canción prohibida en la radio que no era realmente política. Decía: “Se va el caimán, se va el caimán...”. Estaba prohibida porque se suponía que estaba hablando de Franco”.

“Ese era el franquismo del ridículo, entre otras cosas –añadió Ana Belén–. Está el caso de Mogambo. Todo el cine que veíamos era doblado. En esa película, Grace Kelly se enamora de Clark Gable, tienen una historia. Pero, ella llega a este safari con su marido y la censura decía: ‘No puede ser, una mujer casada tiene una historia con un cazador con el marido al lado’. Entonces, convirtieron a Grace Kelly y al marido en hermanos”.

La militancia fue uno de los temas siguientes. Víctor Manuel fue militante del Partido Comunista del 75 al 82. “Escribía canciones de urgencia, que a los 15 días ya eran obsoletas porque no tenían sentido –recordó–. Tuvimos un hijo, en el año 76, y de repente valió más la pena estar con él; en lugar de acudir a reuniones interminables, empecé a reintegrarme a la industria”.

El recuento pasó por la carrera de Ana Belén en el teatro, que le ha permitido pasar por Shakespeare, Chejov y, recientemente, por las tragedias griegas. Presentó Medea en Colombia, hace dos años. Ahora, sus compatriotas la ven como la malvada de la serie de televisión Traición. En este 2018, la pareja no ha planeado hacer giras. Cada uno está concentrado en su próximo álbum.

La pregunta final de Pombo fue por el papel de Latinoamérica en sus vidas.

“Cuando vine por primera vez a Latinoamérica –finalizó Víctor Manuel– no sabía nada, ni siquiera de lo que pasaba en mi país. Empecé a enterarme en los primeros viajes por Chile, Argentina, Venezuela y México, viendo los libros que estaban prohibidos en España (los de Lorca y Rafael Alberti).

Esa visión que me dieron los libros y la gente del exilio fue importante. Desde entonces, volver es como meterse vida nueva en las venas. Hicimos amigos, pero, cuando ya tenemos muertos en América, enterrados en Colombia, Santo Domingo, Argentina, sientes que tienes raíces y dices: ‘Soy de aquí también’ ”.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
ENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPO
CARTAGENA @lilangmartin

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