La mccartniana / Conexión sonora

La mccartniana / Conexión sonora

La diatriba parte de mi opinión sobre lo triste que resulta desde hace tiempo escuchar a McCartney.

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21 de octubre 2016 , 06:35 p.m.

Con mi gran amigo el escritor Andrés Ospina mantenemos desde hace unas semanas una conversación interesante sobre Paul McCartney. Él, un acérrimo y furibundo fan del ex Beatle (algunas veces entre amigos le decimos Andrés Macca), defensor a morir de sus peores discos, ejemplo Press to Play, y hasta de su egomanía, anda preocupado por el futuro del músico.

Y la diatriba parte de mi opinión sobre lo triste que resulta desde hace un tiempo escuchar a McCartney cantando, desafinado, destemplado, desarticulado y con una patética intención de creer que es el mismo de hace, qué se yo, quince años, tal vez.

Lo más sublime para un artista con seguridad ha de ser morir en el escenario cantando, como el recordado Mark Sandman de esa excelente banda llamada Morphine, quien cayó muerto de un infarto fulminante en un escenario en Palestrina, Italia, en julio de 1999. Pero mientras a un artista le llega el llamado del más allá y envejece, debe asumir no sólo las condiciones que le ofrece el paso del tiempo, sino la disminución de sus capacidades.

Acontece en toda profesión u oficios que requieren de una claudicación en el momento justo.

No imagino a Niki Lauda a sus 67 años de tú a tú batiéndose con Raikkonen o el jovencito Verstapen en una pista de Fórmula Uno.

Pues bien, McCartney debería ser un tipo sensato y bajarse de su monolítico ego. Darse cuenta de que si canta en vivo debe evitar canciones que a su menester ya no resisten su garganta, así su joven espíritu lo haga. Basta ingresar a la plataforma de YouTube y buscar a McCartney en conciertos de sus últimos cinco años y escucharlo en temas como Maybe I'm Amazed o Helter Skelter en las que, más que cantar, grita para alcanzar registros que seguro le eran normales en su juventud.

¿Le costará mucho a McCartney sacar de su vasto repertorio de cientos de canciones aquellas que en verdad su registro vocal ya no alcanza? Mi querido Andrés Ospina es consciente de la tragicómica situación, aunque gasta minutos valiosos que debía dedicar a su maravillosa pluma, buscando los mejores momentos en vivo de su ídolo para tratar de entender por qué lo hace. Para mí es un caso de egolatría compulsiva, una de las más grandes que ha tenido el rock en su historia. Perdón, olvidé que McCartney es Sir Paul McCartney.

DANIEL CASAS
PERIODISTA MUSICAL

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