Librería Nacional, 75 años sembrando lectores

Librería Nacional, 75 años sembrando lectores

Fue la primera que introdujo el concepto de autoservicio, como lo cuenta su gerente Felipe Ossa.

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Felipe Ossa convirtió en su segundo hogar los pasillos de la Librería Nacional. Luego de 50 años, sabe de memoria la ubicación hasta del libro más extraño.

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Milton Diaz / EL TIEMPO

03 de enero 2017 , 10:16 p.m.

El veterano librero Felipe Ossa comenta en tono irónico que, a diferencia de los políticos, él solo tuvo que salir a buscar puesto una sola vez en su vida. Pues ha dedicado más de 50 años a la Librería Nacional, que está celebrando su aniversario número 75. Ella “ha sido mi universidad y también mi refugio intelectual”.

La idea de Ossa era dedicarse a lo que los ingleses llaman “un caballero de letras”. Infortunadamente un revés económico de su familia lo obligó a salir a buscar trabajo muy joven. Hasta entonces, lo único que había hecho toda la vida era leer en la gigantesca biblioteca de su padre –con más de diez mil volúmenes–.

Eran los comienzos de la convulsa década de los años 60, y a Ossa –con 18 años– lo único que se le ocurrió fue tocarle la puerta a Jesús Ordóñez, quien acababa de abrir una sede de la Nacional en Cali. Ya lo había hecho antes en Barranquilla.

Ossa, que era un joven de contextura atlética, recuerda con humor que Ordóñez le dijo que él podía servir para cargar cajas en la bodega. Sin embargo, el dueño de la Nacional le dio una oportunidad que se extendió durante más de medio siglo.

¿Quién fue Jesús Ordóñez y que significó en su vida?

Él fue mi maestro, mi guía y además uno de los libreros más visionarios que he conocido. Pero además un humanista, para quien “nada de lo humano le era indiferente”.

¿Cuál fue el novedoso concepto de librería que introdujo Ordóñez en el país?

Él introdujo el concepto del autoservicio y el de las cafeterías dentro de las librerías. Antes de esto, las librerías eran cerradas, con la barrera de los mostradores que impedían que los clientes pudieran tomar los libros directamente. Lo que hizo Ordóñez fue algo realmente innovador y revolucionario para la época (en los años 40).

¿Cómo se hace para sostener un negocio de estas dimensiones en un mundo tan competido por la tecnología y la televisión?

La librería tiene 34 sedes en seis ciudades del país. Se logra perdurar estando siempre al paso del progreso y de los adelantos tecnológicos. Estamos en las plataformas digitales, tenemos librería virtual, estamos en los mayores lugares de afluencia de público como los centros comerciales y los aeropuertos. Nos mantenemos al tanto de toda novedad bibliográfica que se publica, pero especialmente, amamos lo que hacemos y respetamos al libro y al lector.

¿Qué cualidades debe tener un buen librero?

Una gran curiosidad, un anhelo profundo de difundir la cultura escrita. Debe leer y leer, toda la vida, todo el tiempo.

¿Qué leemos los colombianos?

De todo. Pero ahora, mucho sobre Colombia, sobre nuestros problemas y conflictos. Se buscan también libros espirituales, que nos conforten y guíen.

¿Cómo están celebrando estos 75 años?

Lo celebramos haciendo un homenaje a las bibliotecas, que son la morada del libro. Hicimos una gran donación de diez mil volúmenes a la Biblioteca Nacional para su red de bibliotecas, para que en esos lugares apartados de nuestro país, en esos pueblos a veces olvidados por el Estado, también la magia de un libro alimente la fantasía, el anhelo de saber, de conocer de la gente, especialmente de los niños. También, para este año, hemos creado un galardón, en conjunto con la editorial Planeta, para premiar una novela escrita por jóvenes hasta la edad de 18 años. Hay muchos escritores juveniles que deben darse a conocer.

Finalmente, Felipe, a manera de consejo para los jóvenes, ¿para qué leer?

Leer es la mejor manera de comunicarse con las grandes mentes. Leer es viajar hacia el pasado o hacia el futuro, o confrontar el presente, sin movernos de nuestro sillón. Siempre hay alguien que tiene algo que decirnos, que contarnos. Y esa comunión que se establece entre el lector y el autor y los personajes creados por él, nos alimenta el alma. Nos hace pensar, meditar, comprender. Ya no somos los mismos después que hemos leído un libro que impacta nuestro ser. Finalmente, leer es como lo expresó hondamente el gran Quevedo: “Escuchar con los ojos a los muertos”.

CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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