De la victrola al sintetizador

De la victrola al sintetizador

Las propuestas de Ikeda incluyen grabaciones de sintetizadores sincronizados con imágenes digitales.

Foto:
09 de junio 2017 , 04:28 p.m.

A raíz de la presentación del artista multimedia Ryoji Ikeda, el pasado fin de semana en el teatro Colsubsidio, me acordé de la anécdota sobre la llegada de la primera victrola a Zapatoca, en los años 20. 

Después de recorrer un arduo camino a lomo de mula desde Barrancabermeja, este mueble del tamaño de un escritorio llegó al pueblo e inmediatamente fue estrenado con los acetatos que venían incluidos en la compra.

Los vecinos se asomaron por la ventana de la sala de doña Isidora Díaz para verificar aquel alboroto: una máquina que reproducía fielmente la música. El rumor que circuló durante los días siguientes fue que hubo trampa en el asunto, que los músicos eran reales y estaban escondidos detrás de la pared.

Ese mismo grado de incredulidad se puede repetir hoy con propuestas audiovisuales como las de Ikeda, que utiliza pantallas y parlantes como herramientas principales en sus conciertos. El público no asiste a una ejecución de instrumentos convencionales sino grabaciones o pre-programaciones de sintetizadores milimétricamente sincronizados con imágenes digitales que generan atmósferas de nave espacial.

En ese entorno puede intervenir un ser humano ocasionalmente, como en el caso de la obra del compositor colombiano Jorge Gregorio García titulada La historia de nosotros, en la que un percusionista alterna con las sonoridades del computador.

La pieza que Ikeda presentó en Bogotá se llama Superposition y tiene una proyección de imágenes muy intensa apoyada en un despliegue de pantallas que reproducen rítmicamente lo que se podría llamar una partitura electrónica, muy similar a la grilla de cuantización (subdivisión) que traen los programas de secuencia musical como Logic y Pro Tools.

El audio a veces se asemeja a una sala de radares de un submarino, en el que escuchamos pitos que nos indican el ciclo del radar, un ‘humm’ profundo y envolvente, ruidos de interferencia ocasionales, pitos angustiantes tipo sala de cuidados intensivos, sonidos de fax o el habitual tic tac del reloj.

Son piezas cíclicas que agradan por un rato, pero se vuelven monótonas si se extienden demasiado. Estas nuevas tendencias musicales presentan retos como el de la victrola, pero se asientan con el tiempo y llegan a ser clásicos con el paso de los años.

ÓSCAR ACEVEDO
Músico y crítico musical
acevemus@yahoo.com

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