Cien años de Enrique Santos Castillo, un periodista ‘purasangre’

Cien años de Enrique Santos Castillo, un periodista ‘purasangre’

Colombia celebra el natalicio de uno de sus más importantes comunicadores.

Enrique Santos Castillo

El ex editor general de EL TIEMPO hablaba a diario con los protagonistas de las grandes noticias, presidentes incluidos.

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EL TIEMPO

02 de abril 2017 , 06:12 p.m.

“El periodismo no se aprende en una universidad, sino que se nace con él. Se tiene que untar de tinta”. Aunque ha pasado casi medio siglo, a Luis Fernando Santos, ex presidente ejecutivo de EL TIEMPO Casa Editorial, aún le retumban las palabras que su padre, Enrique Santos Castillo, le dijo cuando él le anunció que se iba de Colombia para estudiar el oficio familiar.

“Y no solamente fue él, sino mi tío Hernando también. Yo me fui en contra de todos los mayores de la familia. Hoy no tengo la menor duda de que fue la mejor decisión que tomé en mi vida”, recuerda el ejecutivo.

Don Enrique Santos Castillo, quien nació hace 100 años y falleció en el 2001, era un hombre de pasiones. El hijo mayor de la unión entre Enrique Santos Montejo –el célebre ‘Calibán’– y Noemí Castillo estaba hecho para el periodismo, lo llevaba en la sangre, pues su familia era dueña de uno de los periódicos más grandes y tradicionales del país.

(Además: Se conmemoraron 100 años del nacimiento de Enrique Santos Castillo)

“Mi padre fue un periodista y nada más. Nunca ocupó un cargo público ni trabajó en una empresa distinta a EL TIEMPO. Ahí sudó tinta por todos los poros durante 55 años: más de 30 como jefe de redacción y más de 20 como editor general. Con una sola obsesión: nunca dejarse chiviar”, agrega Enrique Santos Calderón, quien dirigió este diario en llave con su primo Rafael.

Tanto tiempo de ejercicio periodístico convirtió a Enrique Santos Castillo en un referente de los medios de comunicación en Colombia. Miles de primeras páginas de EL TIEMPO se imprimieron con su sello editorial entre 1942 y el 2001: en ellas no se publicó una coma que no hubiera pasado por sus manos.

“Tenía un rigor tremendo con la política editorial del periódico y era muy preciso con el ‘lápiz mágico’, ese con el que tachaba lo que les sobraba a las noticias”, comenta William Giraldo, presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), gremio que Santos Castillo ayudó a fundar, en 1946, junto con Álvaro Gómez y Guillermo Cano, y del que fue el primer presidente.

Curiosamente, este abogado nacido en Tunja jamás escribió columnas o artículos. Lo suyo no era opinar, sino estar pendiente de revisar los textos periodísticos, de enfocar la información, de titular, de confirmar los hechos. Su espacio natural era la portada de este diario.

Enrique Santos Castillo

Aquí saluda a Henry Kissinger, secretario de Estado de EE. UU.

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EL TIEMPO

El periodismo no se aprende en una universidad, sino que se nace con él. Se tiene que untar de tinta

De la prensa a la televisión

A pocos días de cumplirse el centenario de su natalicio, el 12 de abril, y casi dos meses después de que el CPB otorgó por primera vez una medalla con su nombre para exaltar el aporte al desarrollo de la prensa y a la libertad de expresión, Luis Fernando Santos habla por primera vez de un proyecto con el que quiere dar a conocer la obra de su papá.

“A él no lo conoce mucha gente por fuera del periódico, porque solo se dedicó a la redacción”, explica.
Junto con el también periodista Germán Santamaría y las realizadoras Nina Bendzko e Irene Lema, Luis Fernando está detrás del documental que se estrenará en el segundo semestre de este año en el Canal Institucional y Señal Colombia, y cuyo título está por definirse.

“A mi padre se le hizo un reconocimiento el año pasado en el Congreso de la República. Autorizaron la circulación de una estampilla y la realización de un documental sobre su vida. Apenas me enteré, me dediqué a investigar cómo era y si podía colaborar”, comenta el exdirectivo de EL TIEMPO.

Enrique Santos Castillo

Santos Castillo (der) posa en 1968 en compañía de sus hijos Luis Fernando (izq), Enrique y Juan Manuel (abajo), junto con su papá, Enrique S. Montejo, ‘Calibán’.

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EL TIEMPO

En efecto, la Ley 1808 del 2016, sancionada por el presidente Juan Manuel Santos (uno de los cuatro hijos de Enrique Santos Castillo), establece, además del rodaje del documental –a cargo de Radio Televisión de Colombia (RTVC)–, la instalación de un busto en bronce en la sede de la Gobernación de Boyacá, en Tunja; la construcción de un colegio con su nombre en Sogamoso, en ese mismo departamento, y la creación de un programa de becas en periodismo que será administrado por el Icetex.

“El propósito del documental, además de revelar a la persona que era mi padre, es mostrar la historia de uno de los periodistas más importantes de su época y los acontecimientos que ocurrieron en esas décadas: las noticias, la forma en que se titularon, la reacción a los acontecimientos de última hora. Que sea algo no solamente para los periodistas, sino para la gente común que se interese por la vida de un periodista y por la forma sobresaliente como asumió la realidad”, adelanta Luis Fernando.

De cal y de arena

Sus titulares de primera plana quedaron como testimonio de sus posturas frente a momentos trascendentales de la historia: la explosión de las bombas nucleares en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki (1945), la guerra de Vietnam (1955-1975), el asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy (1963), la llegada del hombre a la Luna (1969), el Premio Nobel de Literatura para Gabriel García Márquez (1982), la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero (1985), así como la ola terrorista, los asesinatos selectivos y la lucha entre los carteles del narcotráfico en Colombia (durante las décadas de 1980 y 1990).

“Venimos a contar que Colombia, pese a gozar de una total y completa libertad de prensa, atraviesa una situación muy complicada con dos tremendas amenazas para su ejercicio cotidiano, como son el narcotráfico y las guerrillas”
, lamentó Santos Castillo en la reunión anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) de 1990, en México.

“La enseñanza más grande que me dejó fue la de entregarse en cuerpo y alma al oficio, estar pendiente de todo lo que fuera noticia. En Dinamarca o en Cundinamarca. En el deporte, la política o la vida social. Nada se le escapaba –agrega Enrique, su hijo mayor–. Fue un editor en todo el sentido de la palabra. Que lo digan las tres generaciones de periodistas que formó a punta de lápiz agudo y regaño amable”.

Enrique Santos Castillo

Tres generaciones de periodistas: don Enrique (centro), su nieto Alejandro Santos Rubino (der.), director de la revista ‘Semana’, y Enrique, su hijo mayor.

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EL TIEMPO

Guillermo Pérez fue uno de esos aleccionados. Durante los 29 años que estuvo en EL TIEMPO, como redactor y jefe de las secciones departamental, internacional y política, laboró bajo la tutela de don Enrique. Hoy, a los 79 años, mantiene su admiración por “quien fuera el alma del diario”.

“Su preocupación principal era el futuro del periódico. No dormía si no escuchaba las últimas noticias y llamaba a la oficina para confirmar si estábamos sobre las huellas de los hechos. En la mañana llegaba a confirmar nuestro trabajo sobre los temas del día. Hablaba con cada uno y regañaba a quienes no estaban sobre la noticia. Era un jefe muy exigente. El tiempo le alcanzaba para hablar por teléfono con todos los personajes del momento, empezando por el presidente de turno, con quien dialogaba horas enteras, con los pies sobre el escritorio”, recuerda Pérez, quien debutó como reportero en este diario.

Eran épocas muy distintas a esta: la de Santos Castillo fue sin internet, sin celulares, con máquinas de escribir, télex y –mucho después– faxes, cuando los periodistas salían a la calle para buscar noticias y no esperaban hallarlas desde sus escritorios.

A pesar de las dificultades, don Enrique nunca se detuvo
: no valieron las amenazas contra el periódico en los tiempos de violencia partidista; el incendio que consumió gran parte de la redacción en 1953; la censura de la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla, entre 1955 y 1957, ni las diferencias ideológicas o políticas, incluso con miembros de su propia familia.

“Discutimos por política: él, muy godo; yo, muy izquierdoso. Pero en lo periodístico siempre nos entendimos en algo clave: la pasión, la honestidad y la seriedad que este quehacer reclama”, anota Enrique Santos Calderón, quien dirigió el periódico durante una década.

Y su hermano Luis Fernando complementa: “Es bueno recordar esa dupla de él con mi tío (Hernando), uno desde la redacción y el otro en la dirección, ambos obsesionados con la información, con que el diario fuera el primero, independientemente de la política y del gobierno de turno. Ellos se esmeraban mucho en que las cosas salieran bien, a pesar de las ideologías políticas que tenía cada uno (mi padre era de centro derecha y mi tío, de centro izquierda)”.

Cuando no estaba al frente de la redacción, Santos Castillo no hablaba de noticias ni del periódico. Era un apasionado del golf y de su finca.

Sus dos hijos mayores, Enrique y Luis Fernando, se hicieron periodistas como él, y los menores, Juan Manuel y Felipe, se inclinaron por la economía y la administración.

“Él tuvo la buena suerte de estar en un periódico de la familia, a pesar de que no le tocó ni una sola acción cuando el doctor Eduardo Santos murió porque tuvieron diferencias ideológicas (dicen que su intención de unirse al ejército franquista durante la guerra civil española hizo que el expresidente lo desconociera en su testamento). Pero ese no fue motivo para retirarse, mi papá siguió dedicado al periódico”, destaca Luis Fernando.

El 25 de noviembre del 2001, año y medio después de perder a su esposa, Clemencia Calderón Nieto, con quien se casó en 1944, y tras unos pocos meses de retiro, el corazón de Santos Castillo se detuvo. Tenía 84 años.

“Enrique alcanzó a escuchar y a leer en vida todo cuanto se puede decir frente a su tumba. Nada nuevo, nada inmerecido, nada gratuito se le agrega (…). No obstante su carácter fuerte, jamás lastimó a sus subordinados, a sus iguales o a sus superiores. Tenía una manera tan agradable de comunicarse con sus semejantes que superaba cualquier desacuerdo con su interlocutor, para convertirlo en un consejo”, escribió en un emotivo texto de despedida para la revista Semana el expresidente Alfonso López Michelsen, su amigo, al día siguiente de su fallecimiento.

“Viendo hoy lo que circula por las llamadas redes sociales, con esa carga de frivolidad, verdades a medias o mentiras frontales, añoro la época de mi padre, en la que se investigaba, verificaba y editaba con más rigor. Me entristece mucho que los medios, aquí y en todo el mundo, tengan un serio problema de credibilidad ante el público. ¿Por qué el público ya no traga entero o por qué los medios han perdido el norte?, he ahí la cuestión”, señala Enrique Santos hijo.

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