‘Es una gran tontería pensar que lo único que existe es el reguetón’

‘Es una gran tontería pensar que lo único que existe es el reguetón’

A días de publicar su nuevo álbum con La Provincia, Carlos Vives revela las claves de su proyecto.

Carlos Vives Entrevista

“Claudia (su esposa) y yo sentimos adoración por esta tierra y nuestros dos hijos se han criado con eso”, dice Vives.

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Ruven Afanador

22 de octubre 2017 , 05:59 p.m.

“Yo no hago reguetón, no tengo la naturaleza para hacerlo”. Así responde Carlos Vives a quienes plantean, después de escuchar las cinco canciones que ya se conocen de su nuevo disco, que el samario está más alejado que nunca del vallenato.

Él seguramente vio venir las críticas y por eso en 'Vives', su primer álbum de estudio en tres años, las responde con 'El sombrero de Alejo', un vallenato “muy raizal” en el que declara que “contará la historia que el Valle triunfó, que el vallenato se volvió costumbre, se vistió de fiesta y se hizo rocanrol”. Y también con 'Nuestro secreto', “un anti-reguetón” con el que intenta demostrar que es posible contar historias de amor a ritmo de reguetón, sin recurrir a letras tan explícitas.

Después del éxito de 'Corazón profundo' y 'Más corazón profundo' (Sony Music), los dos discos que marcaron su regreso a las grandes ligas de la industria musical, todo está listo para el lanzamiento, este 10 de noviembre, del décimo álbum de estudio del cantautor costeño y La Provincia.

Por primera vez en más de 30 años de carrera discográfica, Carlos Alberto Vives Restrepo le pone su nombre a una producción. 'Vives', que se empezó a grabar hace año y medio entre Miami y Bogotá, reúne 18 canciones cuyas letras son suyas (en cinco la música también es 100 por ciento de él) e incluye colaboraciones con Shakira, Sebastián Yatra y Cynthia Montaño.

Veinticinco años después de haber fundado La Provincia, la banda que revolucionó la música colombiana, el autor de 'La Tierra del Olvido' conversó con EL TIEMPO en el estudio de grabación que inauguró hace unos meses en Gaira, en el norte de Bogotá.

¿‘Vives’ se grabó aquí?

Casi la mitad. Tenía muchas ganas de poner ‘Gaira Música Local’ en los créditos (risas). Lo empezamos a hacer el año pasado en Miami, con Andrés (Castro).

¿Por qué decidió ponerle su nombre al álbum?

Fue una idea del mánager (el argentino Walter Kolm). Es algo así como como: amas, sientes, lloras, ruedas… vives.

Vives

Portada de 'Vives', el décimo álbum de estudio de Carlos Vives y La Provincia.

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Ruven Afanador

¿Esperaba pegar tantas canciones antes de lanzar el álbum? El videoclip de ‘La bicicleta’ ha sido visto más de mil millones de veces en YouTube …

Hicimos canciones que son más radiales que otras, pero no pensamos cosas como “vamos a hacer un hit llamado 'La bicicleta' y vamos a llamar a Shakira”. Simplemente se hizo 'Vallenato desesperado', apareció Shakira, le cambiamos acenticos, ella le metió una letra a un arreglo mío de acordeón y se hizo la canción.

¿Cómo apareció Shakira?

El Presidente de Sony la visitó para convencerla de grabar un disco y una de las armas que usó fue decirle: “Ya Carlos va a terminar de grabar”. “Muéstrame cosas”, le contestó ella. Vieron como seis canciones y le encantó 'La bicicleta', que en mi cabeza se llamaba 'Vallenato desesperado'. Y me empezó a escribir: “Charly, quiero estar en 'La bicicleta' ”. Entonces supe que ya no se iba a llamar 'Vallenato desesperado'. Este éxito demoró la salida del álbum, porque me sacó del estudio.


Además de las piezas que ya han sonado, como ‘Al filo de tu amor’, ¿qué vamos a encontrar en ‘Vives’?

Vas a encontrar vallenatos muy raizales, vas a encontrar mis inventos, que a lo mejor te recuerdan baladas de antes, y vas a encontrar cosas que se conectan con lo contemporáneo. Mis declaraciones de amor al país están ahí. Vas a encontrar 'El orgullo de mi patria', bambuco y champeta… 'La tierra prometida', que es un ‘porrock’ (porro con rock), una mezcla mía de esas entre Alejo Durán y Charly García.
Hay cosas diferentes a las de mis discos anteriores, porque los tiempos son distintos, pero vas a encontrar la misma esencia de 'Tengo fe' (1997), en el sentido de buscar diferentes cosas de nuestra diversidad; por ejemplo, trabajo con Cynthia Montaño, una rapera con mamá indígena amazónica y papá de Buenaventura...

¿En qué canción participa ella?

En 'Los niños olvidados'. No sé si recuerdas una ceremonia de mantas negras que se hizo en mayo en la Plaza de Bolívar. Ruth Chaparro, de la Fundación Caminos de Identidad, y otras mujeres se reunieron para llorar por los niños que habían muerto en La Guajira, porque parecía que al país no le importaban. Llevaron cajoncitos con los nombres de todos ellos.

Ese día vi en el noticiero a mi esposa (Claudia Elena Vásquez) llorando con mujeres guajiras y no guajiras, y eso me llevó a componer esta canción. Cuando la estaba haciendo, pensé: “Le hace falta como un rap tipo ChocQuibTown”.

Un tiempo atrás había llegado a nuestra oficina una invitación para una fiesta en la que Cynthia cantaba. Como me iba de viaje, les dije a los ‘pelaos’ que trabajan conmigo: “Bueno, aquí quedan las invitaciones”.

Un día, en una reunión de mercadeo, me dicen: “Estuvimos en el concierto. Oye: chévere esa rapera Cynthia Montaño”. Cuando la escuché, dije: “Esta es la que necesito”. Su rap es de denuncia, porque pertenece a una comunidad en la que mataron a todo el mundo. La vida la puso a cantar.

¿No siente que este es el momento en que ha estado más alejado del vallenato?

No. Recuerda que cuando hicimos 'Clásicos de la Provincia' (1993) todo el mundo dijo que eso no era vallenato, que me estaba ‘petaquiando’ el folclor. Y mi respuesta fue: “Tienen toda la razón, porque yo no hago folclor, sino proyecciones folclóricas”, y eso me lo enseñaron Guillermo Abadía Morales y Santiago García a comienzos de los 80.
Desde entonces entendí que soy industria. Si soy industria, lo que tengo que hacer es mi rocanrol. ¿Y de dónde lo saco? Los del sur de Estados Unidos lo sacaron de sus folclores, de su zydeco y de su ska y de su blues. Yo lo saco de la cumbia.

Yo soy lo que ya tú sabes: vivo en este barrio desde el año 72, en Bogotá fui a la escuela y a la universidad, oigo Charly García. No me iba a quedar de sombrero vueltiao y alpargatas, diciendo que soy el rey del folclor.
Con todo esto en mente empecé mi búsqueda, y hemos hecho un proceso muy lindo.

Pero su música parece cada vez más cercana al reguetón…

¿Te digo qué siento? Que los que querían crucificarme cuando hice 'Clásicos' son los mismos que hoy me dicen: “No has vuelto a grabar vallenatos”.

La verdad es que en ninguno de mis discos que no son de clásicos hay esquemas vallenatos puros, aunque todas las líneas melódicas son vallenatas.

Cuando nos fuimos a Miami a grabar 'El amor de mi tierra' (1999), yo montaba la canción normal y de repente Juan Vicente Zambrano (el productor) sacaba unos patrones, unos beats. Y yo, como buen corroncho, decía: “No me vas a poner eso, sácame esa vaina”. Y él lo empezaba a bajar y lo ponía abajito de todo lo demás. Y ponía play y tú no sentías la presencia del patrón, pero ahí estaba: amarraba la caja, la batería, la conga, la guitarra. Todo ese disco está hecho así.

Yo te diría que lo que ha cambiado desde 'El amor de mi tierra' es que esos patrones van subiendo todos los días. 

Te voy a hacer una pregunta: ¿Qué era 'El gato volador' (1999)?

…¿Un reguetón?

Jajajaja. Era una champeta.

Te hice la pregunta porque esa canción es el eslabón entre el final de una época y el comienzo de la era del reguetón. Si te vas a buscar la historia de este género, llegas a los puertos de Panamá.

Al final, ¿qué es el reguetón? ¿Por qué Calle 13 arranca 'Atrévete' con un clarinete a lo Lucho Bermúdez? ¿Y por qué el patrón de ese reguetón es la cumbia? Nadie habla del tema, pero el man que la escribió usa el poder de todo eso.

¿Entonces Carlos Vives no hace reguetón?

No. Yo no creo que haga reguetón. No tengo la naturaleza para hacerlo.

¿Y la música que graba con gente como Wisin y Daddy Yankee?

Cuando se me acercan artistas como ellos, lo que están buscando es que les ponga el sentimiento vallenato a sus vainas. ¿Te has pillado que Wisin ha ido a los dos o tres últimos festivales vallenatos? Y hace unas semanas, en Chile, Gente de Zona me entregó un CD con una idea. Toda esa gente está loca con Colombia.

Entonces uno se la juega, porque esos son los sonidos que están gustando. Y lo nuestro casa con esas cosas, es como un vestidito.

Pareciera que solamente les apostara a los sonidos de hoy, pero este nuevo disco te muestra que es una gran tontería pensar que lo único que existe es el reguetón, con tanta buena música que hay en todas partes.

Además de ‘Déjame robarte un beso’, con Sebastián Yatra, y de las que ya comentó, ¿hay alguna otra colaboración?

Hay una con Elena, mi hija (la menor), que se llama 'Monsieur Bigoté'.

¿Cuál es la historia detrás de esa canción?

Hace dos años nos fuimos a visitar a unos familiares en Montreal, donde se habla francés, y mi sobrinito se tomó un milo y quedó con bigote. Entonces yo, en mi francés inventado, le dije: “Monsieur Bigoté”.

Y él decía: “No, Monsieur Bigoté tú”. “No, tú”. Y empezamos a cantar: “Monsieur Bigoté, s’il vous plait, je ne parle français”. Y ella contestaba: “s’il vous plait, s’il vous plait”. Y eso se volvió una canción.

¿Cuántos años tiene Elena?

Nueve, y no te imaginas la personalidad: canta, toca el piano, es una cosa loca, está en clases de guitarra eléctrica, en el coro… Hace poco me dijo: “Papi, ¿puedo ser actriz de Hollywood y vivir en Bogotá?” (carcajadas)

Bueno, un poco como el papá, que es una estrella internacional y vive en Bogotá…

Tanto Claudia como yo sentimos adoración por esta tierra y ellos (Elena y Pedro) se han criado con eso.

¿Desde hace cuánto está viviendo en Bogotá?

Cuando me firmó EMI (a finales de los 90), me pusieron casi como obligación el puente ese de Miami. Y el final de ese contrato se juntó con el final de mi matrimonio (con la puertorriqueña Herlinda Gómez).

Cuando se me acaban la casa y la oficina allá, vuelvo aquí. Igual tenía que ir, porque mis hijos mayores (Carlos Enrique y Lucy) crecieron allá… Me tocó esa luchita. No fue una época tan bonita…

Pero nunca cerré nada acá. Tenía un pequeño estudio con Charlie (Carlos Iván Medina, tecladista de La Provincia) y siempre veníamos acá. Nunca me he desconectado de mi país, ¿sabes?

¿No es complicado proyectarse desde aquí?

Cuando me regresé, mucha gente con la que había trabajado terminó yéndose para allá, y eso me puso a pensar.

Fue la época en que Emilio (Estefan) empezó a llevarse a todo el mundo: Kike Santander, Martín Madera… Hasta a Ramón Benítez, que nos grababa los bombardinos, terminaron llevándoselo y ahora toca en una filarmónica.

Empecé a sentirme un poquito como ‘yo estoy aquí ahora y toda mi gente está allá’. De repente, todo el mundo triunfando en el extranjero. Entonces, de alguna manera, salió mi rebeldía y dije: “No joda, es aquí donde vamos a hacer la vaina”.

BERNARDO BEJARANO GONZÁLEZ
Editor - EL TIEMPO
Facebook: /bernardo.bejarano.75

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