‘Los niños están en la edad filosófica’: Brigitte Labbé

‘Los niños están en la edad filosófica’: Brigitte Labbé

La autora francesa participará en el Año Francia-Colombia y compartirá experiencias para niños.

Brigitte Labbé

En Bogotá, la escritora francesa durante una de sus actividades con estudiantes en colegios y bibliotecas.

Foto:

Archivo particular

25 de septiembre 2017 , 10:50 p.m.

A comienzos de este año, la escritora y filósofa francesa Brigitte Labbé le dijo en entrevista a El ABC del Bebé, revista de EL TIEMPO, que “debemos hablar con los niños sobre la guerra y la paz”.

Labbé es una convencida de que así como el ejercicio de la filosofía tiene un origen no académico, sino entre la calle y la plaza, en Atenas, el hacerse las preguntas centrales de la existencia, del mundo en que vivimos y del universo no es una tarea exclusiva de los adultos. En los niños encuentra esa perplejidad sobre las cosas que no siempre todos vemos.

Labbé estudió filosofía en la Sorbona. Fue su pequeña hija quien la inspiró a dedicarse de lleno a la escritura de filosofía para niños, al cabo de estudiar con el filósofo francés Michel Puech, experto en Kant.

¿Es más fácil hacer filosofar a un niño o a un adulto?

Si me lo permite, primero quisiera concentrarme en las palabras que utiliza en su pregunta. Yo reemplazaría sin duda ‘a un niño’ y ‘a un adulto’ por ‘con un niño’ y ‘con un adulto’. Tanto en mi trabajo con los niños como con los adultos, no soy quien hace una transmisión del conocimiento, no soy el adulto que lo sabe todo: nos cuestionamos juntos.

Además, ‘más fácil’ sugiere unas dificultades. Usted tiene razón: cuando hablamos de filosofía, de inmediato sentimos miedo de que sea algo complicado, poco sencillo de comprender. Sin embargo, no olvidemos que la filosofía nació en las calles de Atenas, en la calle, y tampoco que la filosofía no es una materia académica reservada a una élite o a un conjunto de conocimientos para crear frases bellas y parecer brillantes en las reuniones.

Entonces, para mí, la pregunta no se reduce en términos de ‘más o menos fácil’, sino de sentir placer e interés. Y en este momento, claramente, le respondo: siento un enorme placer filosofando con los niños, pues ellos están en la edad filosófica. Son curiosos, se maravillan, preguntan, confrontan… Tienen en su interior todos los ingredientes del espíritu filosófico. Todos los niños son filósofos, pero pocos seguirán ese camino… si no prestamos cuidado al no condicionarlos desde su más temprana edad.

Brigitte Labbé

Brigitte Labbé estará este jueves, a las 3 de la tarde, en la Biblioteca Virgilio Barco, de Bogotá.

Foto:

Archivo particular

¿Qué es lo ‘más filosófico’ que le ha escuchado decir a un niño?

Un día, durante un apasionante debate con unos niños, un muchacho exclamó, sonriendo: “Señora, usted me enreda la mente”. ¡Fue formidable! Ese es el objetivo: enredarnos, desestabilizar nuestras certezas, para ayudarnos a encontrar las respuestas nosotros mismos.

Cuando se habla de escribir filosofía para niños, ¿de qué se habla?

¡De una enorme responsabilidad! Y se trata de transmitirles a los niños unas cajas de herramientas para que construyan su espíritu crítico. Es todo lo contrario a un catálogo donde todas las respuestas están dadas.

¿Por qué la filosofía puede ser un ejercicio que despierta el pensamiento crítico?

Porque en el centro del cuestionamiento filosófico está la duda. Es en la duda donde los pensamientos pueden moverse, y permanecer así. Las certezas adormecen la mente y la paralizan.

¿En qué momento se nos restringe la capacidad de preguntarnos por las cosas fundamentales de la vida?


Ese momento puede estar en todo tipo de contextos: en la familia, la escuela… Los adultos que estamos en contacto con los niños debemos permanecer atentos a nunca cerrarles la puerta a las preguntas que formulan.

¿La filosofía no es como ciertos medicamentos, algo que se debe mantener fuera del alcance de los niños?

¿Ah, sí? ¡Nunca había pensado eso! Pero comprendo su pregunta: la libertad de pensamiento que la filosofía les aporta a los niños puede asustar; es más difícil dirigir personas que piensan, que cuestionan, que confrontan, al contrario de aquellas que solo siguen y obedecen. Recordemos que Sócrates, el padre de la filosofía, fue condenado a muerte.

¿Por qué es tan difícil, al llegar a la adultez, pensar por nosotros mismos?

¡Es difícil pensar por sí mismos incluso antes de llegar a la adultez! Esa es la aventura humana: construirse como un individuo libre e iluminado. Es un combate cotidiano que jamás se detiene, pues exige salir de las zonas de confort. A veces es más cómodo fundirse dentro de un grupo.

¿Será que los interrogantes de la filosofía aterran un poco a las personas?

Tendríamos que saber a qué llamamos ‘pregunta filosófica’. De hecho, es más que todo la forma de abordar la pregunta la que es o no filosófica. Si dejo de lado las respuestas fáciles, rápidas, aportadas desde el exterior, si intento pensar por mí misma, si busco, entonces en ese instante mi interrogación se vuelve filosófica. ¿Y eso asustaría? Me parece más bien emocionante, ¡a consumir sin moderación!

¿La pregunta quién soy o quiénes somos no es un poco aterradora?

¿Quién soy? Ah, sí, estoy de acuerdo con usted, esa pregunta es aterradora e incluso peligrosa si pensamos que somos lo que somos para siempre. El propio ser humano es un ser en construcción, tiene la posibilidad de inventarse día tras día.

Cuando le decimos a un niño “eres tímido” o “eres perezoso”, o “eres intelectual” o “eres gracioso”… ¡Cuidado! Corremos el riesgo de etiquetarlos para toda la vida y encasillarlos. ¿Qué adulto no tiene el recuerdo de haber sido marcado por un “tú eres…”? Es una buena noticia que los niños aprecien descubrir: nunca somos lo que somos para siempre.

Si un niño le pregunta: ¿Existe Dios?, ¿qué responde?

Evidentemente, cuestionaría su pregunta: ¿qué quiere decir para ti ‘existir’? Dices ‘Dios’, ¿quieres decir un dios? ¿O dos, tres o varios dioses? (al hablar, no ponemos mayúsculas, pues no excluimos de entrada el politeísmo).

¿Qué quiere decir para ti la palabra ‘Dios’? ¿Tú qué piensas? ¿Podemos saber que Él existe, como sabemos que 2+2=4 o que el agua moja? ¿O podemos creerlo? ¿Cuál es la diferencia entre creer y saber?

Y podemos continuar dialogando de esta forma con el niño… ¡eternamente! Es formidable, constructivo, alegre, mucho más que darle una respuesta rápida. La idea es enrollar la pregunta, desdoblarla, para caminar juntos en el cuestionamiento. Las preguntas de los niños son, con frecuencia, invitaciones a dialogar.

¿Cuál es el filósofo que más nos da ideas para introducir a los niños en el campo de la indagación filosófica?

¡Todos, cuando se trata de las ideas! Pero los niños no necesitan referencias. Pero, claramente, Sócrates, cuyo método de cuestionamiento les encanta a los niños.

¿Es posible enseñar a los niños a seguir pensando por sí mismos en un mundo bombardeado a diario con mensajes sobre lo que debemos pensar para ser ‘cool’ o para estar a tono?

Hay un presupuesto tan fuerte en su pregunta que no puedo responderla sin cuestionar antes ese presupuesto. Tendremos que pensar primero a su punto de partida: “mensajes sobre lo que debemos pensar para ser cool o para estar a tono con la tendencia”. ¿Mensajes de quién? ¿Qué es ser cool? ¿Esa palabra significa lo mismo para todo el mundo? ¿En el campo, en los barrios pobres, también existen esos mensajes? Reflexionar sobre la realidad que usted afirma es necesario, es una pregunta en sí.

¿Cuál es el campo más apropiado para trabajar con los niños: ética, estética, ontología, metafísica, axiología…?

Podemos conducir a los niños a que se interesen por todo… si somos entusiastas. Lo sabemos bien: casi todos tenemos en nuestra memoria a un profesor que nos hizo apasionar por una materia, incluso si era una que no nos gustaba. Pues él mismo era un apasionado. Entonces seamos unos adultos apasionados, ¡y los niños se apasionarán!

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor EL TIEMPO

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