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Philip Roth: una voz literaria prolífica y original

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Roth, ¿en la antesala del Nobel?

Roth es el gran cronista de la sociedad estadounidense del siglo XX.

Ganó el Premio Príncipe de Asturias 2012, ¿será la antesala de un Nobel de Literatura?

Philip Roth parece un personaje salido de sus novelas. Un ser coherente con muchos de los ámbitos que ha recreado y donde ha puesto en escena la mayoría de sus narraciones. Los tics y las manías de esos seres que habitan su extensa obra narrativa salen de su propia personalidad y su carácter.

Es, sin duda, el mayor escritor estadounidense vivo, el mismo que acaba de ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias 2012, un premio que hace justicia a una de las voces más prolíficas y originales de la actualidad.

Este premio viene a sumarse a una larga lista en la que aparecen el Pulitzer, el National Book Critics Circle Award, el Faulkner Award y el National Book Award, principales galardones literarios de Estados Unidos.

Un breve texto justifica la decisión del jurado: "La obra narrativa de Philip Roth forma parte de la gran novelística estadounidense, en la tradición de Dos Passos, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Bellow o Malamud".

Así, la patria lingüística del inglés vuelve a ser reconocida en las tierras de La Mancha. Hace un año el poeta y cantante Leonard Cohen agradecía este premio, justificando que todo, hasta la derrota y el dolor, debía ser expresado en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza.

Pero ¿quién es este entrañable personaje que acaba de ser premiado y cuyos lectores tan solo esperan que sea la feliz antesala del esquivo Premio Nobel?

Es Philip Roth el gran cronista de la sociedad norteamericana del siglo XX. Sus novelas y relatos configuran un fresco de la decadencia y desamparo del hombre moderno, que sobrevive a un tiempo adverso a cualquier apuesta humanista; el hombre que enfrenta la sociedad tecnócrata, del vértigo y el caos con su soledad e ironía.

En el corpus de su obra desfilan eventos y personajes que hicieron de los Estados Unidos la nación más vigorosa de Occidente, el país más caótico y controvertido de la edad moderna y la cultura más cercana y multicolor de este tiempo.

Desde la Gran Depresión hasta el gobierno de Roosevelt, desde la Segunda Guerra Mundial hasta Vietnam, desde la caída de Nixon hasta su funeral y desde el affaire Lewinsky hasta la globalización, allí están la desconfianza y escepticismo de los habitantes de un mundo "ancho y ajeno" frente al progreso y el derrumbe del sueño americano.

Roth nació en 1933, en Newark (New Jersey), en el seno de una familia de judíos que emigraron de Ucrania. En ese ambiente familiar cargado de exilio y desarraigo surgieron algunos de los motivos indelebles que lo llevaron a escribir. La incomodidad con un mundo que le fastidiaba, con las tradicionales metodologías de enseñanza en la escuela primaria y secundaria, lo volcó al maravilloso mundo de los libros. Reconocerse en Huckleberry Finn o Tom Sawyer o en la voz de Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne o Edgar Rice Burroghs o en muchos de los versos del poeta Walt Whitman fue definitivo para trazar un destino.

Esas ganas de escribir, de contar unas historias, de narrar una serie de hechos sobre un escenario concreto, fueron las que se impusieron a las limitaciones de la timidez y los complejos de fragilidad.

Tenía 18 o 19 años y sentía una poderosa atracción por la literatura, por aquello que leía y que comprendía mucho más que las matemáticas o la física. Fue ahí cuando la literatura se convirtió en un vehículo para comunicar unas emociones y volcar unas miradas particulares sobre un entorno donde no se amoldaba.

Ahí estaba naciendo una de las aventuras narrativas más fecundas y originales de la literatura norteamericana. El linaje de Mark Twain, Ernest Hemingway, William Faulkner, John Dos Passos y Scott Fitzgerald, entre otros, erigía así un heredero definitivo.

Sus personajes están cargados de un gran simbolismo y una profunda fuerza psicológica. Si bien se afirma que muchos son álter ego de Roth, el más famoso es Nathan Zuckerman, quien ya hace parte del imaginario de los lectores de literatura. Sin embargo, personajes como Syemour Levov, el sueco de Pastoral americana; Alexander Portnoy, el célebre protagonista de El lamento de Portnoy; Neil Klugman, de Goodbye Colombus; David Kepesh, de El animal moribundo; Bucky Cantor, de Némesis, y Coleman Silk, de La mancha humana, conforman una interesante cadena de la etnografía de la literatura contemporánea.

Pero es Simon Axler, el actor sexagenario para quien todo ha terminado, el personaje central de La humillación, uno de los más queribles y hondos personajes de la obra de Roth.

Desde Good Bye Columbus, su primer libro, en 1959, hasta Némesis, en el 2011, el conjunto de la obra de Philip Roth ha logrado insertarse en el canon de la letras contemporáneas por su talante y su capacidad de sintetizar los asuntos que tanto preocupan al hombre de hoy. Una prosa llena de significado y sentido gracias a la capacidad que tiene, entre otras cosas, de burlarse de lo demás desde la caricatura que tiene de sí mismo.

Así, la diáspora judía, la mediocridad de una clase media arribista, la corrupción de los poderosos, la inutilidad de las guerras y la fragilidad de un capitalismo en crisis muestran la realidad de una sociedad paranoica y llena de miedo.

Su Trilogía americana, conformada por Pastoral americana, Me casé con un comunista y esa joya que es La mancha humana, es uno de los momentos cumbre de su oficio creador. Esta saga constituye uno de los grandes desafíos narrativos de Roth, en los que su conocimiento de las técnicas, el manejo de los diálogos y la construcción del carácter de los personajes se ponen sobre la mesa con gran rigor y fluidez.

Pero fue El lamento de Portnoy la novela que lo puso sobre un escenario de polémicas ante una nación conservadora. Las confesiones sexuales de Alexander Portnoy en el diván de su psicoanalista escandalizaron en su momento a un país que ya había censurado a Henry Miller y había juzgado a Truman Capote por la crudeza y desenfado de sus prosas.

Philip Roth recibe la noticia del Premio Príncipe de Asturias en su apartamento del piso 12 del Upper West Side de Nueva York. Lamentó haberse enterado de este premio tan solo unas semanas después de la muerte de su amigo Carlos Fuentes: "Ojalá estuviera vivo para escuchar su meliflua voz al otro lado del teléfono ofreciéndome sus felicitaciones a su elegante manera".

¿Tiene miedo de morir?, le pregunta un joven periodista a propósito de esto: "La muerte la descubres cuando eres niño, pero no la comprendes. Solía asustarme mucho, sobre todo cuando me acostaba en la noche. Pero cuando llega la luz, el día... Con luz no puedes morir. Pero ahora la entiendo porque mis amigos han muerto y no hay nada que te convenza más de la muerte que la muerte de tus amigos. Conforme vas a sus funerales, te haces a la idea".

Acerca del autor

Federico Díaz-Granados es poeta y director de la Biblioteca de Los Fundadores y de la Agenda Cultural del Gimnasio Moderno de Bogotá.

Federico Díaz-Granados
Especial para EL TIEMPO

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