El poeta nigeriano Ben Okri estará en el Hay Festival
Por: DOMINIQUE RODRÍGUEZ DALVARD | 9:06 p.m. | 09 de Enero del 2012
Ben Okri tiene 52 años y vive en Londres. Además del Booker, ha publicado otros 16 libros, entre novelas, ensayos y poesía.
Foto: GettyPremio Booker de literatura por 'El camino hambriento', es un espejo de la naturaleza humana.
La lluvia. Fue la lluvia la que le señaló el camino y eso tiene que marcar. Tenía 14 años y todos estaban fuera. Él había preferido quedarse a pintar y a escribir en casa. Quizá fue la melancolía de Mozart, pero cuando miró los trazos de ese paisaje que tenía delante de los ojos, y luego leyó el poema que había saltado de sus dedos, tuvo muy claro que ese era su destino. "Era la expresión natural de mi ser". Esa fue la primera iluminación de Ben Okri. O, mejor, la segunda.
Es posible que no lo supiera en ese entonces, pero ya desde los 8 años había tenido el primer llamado de atención del mundo. En su país, Nigeria, había estallado la guerra civil. Biafra buscaba la independencia y esto fue sinónimo de sangre. Era 1967. "Me produjo un impacto muy grande, fui testigo de tanta brutalidad, de tanta rabia, de tanta cobardía, de repente desaparecían los vecinos... me preguntaba: ¿es verdad lo que vi?". Allí empezaron a gestarse las primeras preguntas sobre qué significa ser humano y que lo terminaron bañando de filosofía occidental, delicadeza oriental y sabiduría africana.
Su inglés, tan inglés como el de Shakespeare -ha vivido más en el Reino Unido que en su país de origen-, lo hizo merecedor de uno de los premios más importantes de la literatura en esta lengua, el Booker. En 1991. El libro se llamó The famished road (El camino hambriento) y le mereció un inesperado salto a la fama, a los 32. En la superficie, parecería una historia de corrupción y miseria en un país africano. Pero es mucho más que eso. Cuenta la historia de Ázaro, un abikú, el espíritu de un niño muerto antes de tiempo que, en lugar de partir hacia ese lugar idílico que le rehúye al sufrimiento, decide quedarse a acompañar a los suyos y a padecer la realidad de su pueblo, y de los suyos.
No es resignación. No es de eso de lo que habla su obra. Es una conciencia de la realidad que va más allá de las fronteras, no solo geográficas o políticas, sino míticas y espirituales. No podría hacerlo distinto.
La tradición africana aparece sin pedir permiso: es una suma de tiempos, confusión de pasado y presente, una danza de voces, de llantos, de injusticia, donde hay una melodía dominante que es la tiranía. Una especie de jazz experimental, cuyos ingredientes son la sangre, las guerras, las divisiones tribales, la confusión y el hambre. Todo en un marco espiritual, tan, pero tan poderoso, que permite que la vida siga. "Hay una puerta abierta entre el aquí y el más allá. Si remueve de su conciencia el mal sentimiento de la muerte, no hay nada de trágico en ella", dice. Se convierte en algo natural, en algo que nos acompaña. Será por eso que la crítica escribe sobre ese libro que "apela a la tentación de la muerte para dejar de sufrir o el aferrarse a un sueño".
Precisamente de sueños ha nutrido su obra.
-No en el sentido de Freud o Jung, sino el sueño como la base de la pregunta de dónde venimos. Desde mis tempranos días de escritor siempre me han interesado algunas cosas en mi investigación: ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿Y de la ficción? ¿Qué es una historia? ¿En qué consiste y para qué sirve? He pasado mucho tiempo tratando de descubrir lo que creo es el sentido y la naturaleza de la ficción y llegué a una conclusión: por una parte, es poesía; y por otra, sueño. Ese es el corazón del asunto.
Habla con serenidad, con el pausado ritmo de un verso que busca quedarse en el alma. Cada palabra parece serle entrañable. Y así suena. ¿Qué tenían de especial esos cinco versos que sobrevivieron a esa destrucción masiva cuando joven?, le pregunto. Ríe. Durante tres meses había escrito cien poemas y un día, así, sin más, los releyó y botó 95. "Me quedé con los cinco porque eran concretos y claros. Y porque me mostraron en ese momento elementos bellos de la escritura, una especie de verdad pura. Tenían la simplicidad de la línea, mientras que los otros estaban llenos de rabia y de sentimientos abstractos".
Así que la creatividad está relacionada con la destrucción, sentencia. "Si eres lo suficientemente fuerte para destruir, lo eres para crear".
Al oírlo, queda claro que la edad es algo relativo. "No es que fuera tan joven cuando escribí esa novela, había pasado por tantas cosas, crecí en medio de la guerra civil, perdí relaciones, había visto la pobreza, hacía parte de una familia real, así que combiné la naturaleza de la realeza con aspectos del sufrimiento propio de los guetos de Lagos. Hubo una época en la que también viví la carencia. Tenía muchos elementos en mi conciencia, las historias que mi mamá me contaba, la gran tradición de la literatura africana y además estaban Homero y Dickens, García Márquez y Borges, Graham Greene y Cervantes". La vida fue el andamiaje de su universo.
¿Qué significa ser humano?
Ser humano es un enigma, es una perpetua tarea de transformación. Estamos forzados a superarnos permanentemente, somos una de las mayores adivinanzas, una especie de magia inmortal y debemos aprender cómo encarnarla para enriquecer la raza humana. Ser humano es un llamado difícil, es una iniciación, es un sueño difícil y una esperanza.
¿El sufrimiento es el único lugar donde podemos estar juntos?
No, no lo creo, ni sospecho que el sufrimiento sea necesario. No lo siento así. El sufrimiento es uno de los grandes misterios de la vida, sin duda es desafortunado que no aprendamos sino a través del dolor, y es posible que ni siquiera aprendamos de él. Pero no creo de ninguna manera que sea necesario para estar juntos. Es algo que tenemos que vencer, no es una condición dada de la humanidad. Lo que hace sufrir se puede cambiar con la voluntad del hombre, con determinación y con educación. No tiene que estar entre nosotros. Con todo, el sufrimiento es importante porque despierta la compasión. A veces nos dormimos en la vida y el sufrimiento es lo único que nos despierta. Así que, verá, tengo sentimientos ambivalentes.
¿Qué nos une entonces como humanos, el amor?
Cierto sentido adentro nuestro de que somos más que sangre y carne. Todos lo tienen, sean católicos o musulmanes, cada ser humano ha encontrado y sentido esta fuerza de que hay una llama mágica. Tiene que ver con la conciencia, todos lo sienten y por eso somos capaces de sentir empatía con el otro. Llámelo empatía, compasión, imaginación, incluso amor, pero siento que algo nos conecta, algo invisible, por eso respondemos al sufrimiento de los otros, y a su felicidad. La catástrofe de los mineros chilenos, al otro lado del mundo, la sentimos todos. Hay algo en nuestro interior, que no le voy a poner nombre, que nos une porque todos lo tenemos. Justamente es lo que hace la literatura invaluable, sin ello no tendría sentido.
Cuentos de hadas con dientes. Así se le ha definido a su trabajo. No es tristeza lo que escribe. Es la vida, tan contradictoria como emocionante. Y enorme.
Los diez secretos y medio
Las claves de Ben Okri para volverse un lector1. Hay un camino secreto de libros escritos para inspirar e iluminar, encuéntrelo.
2. Lea más allá de cualquier nación, color, clase o género.
3. Lea los libros que sus padres odian.
4. Lea los libros que sus padres aman.
5. Tenga uno o dos autores entrañables y haga de sus trabajos su pasión secreta.
6. Lea con frecuencia, para divertirse, para estimularse, para escapar.
7. No lea lo que todo el mundo dice leer. Luego, revíselo, con cautela.
8. Lea lo que no debería leer.
9. Lea para su propia liberación y para ganar libertad mental.
10. Los libros son como espejos, no lea simplemente sus palabras, métase en él, pues es allí donde están los verdaderos secretos, adentro, detrás. Es allí donde los dioses sueñan. Y donde las realidades nacen.
Y el medio. Lea al mundo. Es el más misterioso libro de todos.
Dominique Rodríguez Dalvard
Redacción Domingo
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