'India mon amour': dedicación de Lapierre al país que cambió su vida
Por: MARíA PAULINA ORTIZ |
Lapierre recorre en estos carruajes las calles de Parbakshi, a 50 kilómetros de Calcuta.
Foto: Archivo ParticularEl periodista Dominique Lapierre, es el autor de 'best-sellers' como '¿Arde París?'.
El periodista francés Dominique Lapierre es uno de los autores de best-sellers más reconocidos en el mundo, varios de ellos escritos a cuatro manos con su socio de oficio, el norteamericano Larry Collins. ¿Arde París?, Esta noche la libertad, O llevarás luto por mí son algunos de los títulos que hicieron conocido a este dúo que supo mezclar la investigación periodística con el suspenso. En solitario, Lapierre también ha batido récords de ventas, sobre todo con La ciudad de la alegría, que describe la vida de los habitantes de barrios de Calcuta.
Desde que visitó la India por primera vez, a principios de los años 70, Lapierre no ha podido desprenderse de ese territorio. Ni en cuerpo ni en alma. Ha escrito más libros sobre su experiencia en ese país -como India mon amour, que acaba de lanzarse en español- y desde hace años está concentrado en un trabajo humanitario para el cual destina sus derechos de autor. Desde Francia, Lapierre habló de su nuevo libro y de lo que es India para él.
¿A qué se debe la conexión que usted tiene con la India?
Encontré en la India un continente de miles de colores, de millones de divinidades religiosas, de gente diferente y maravillosa. Hay tantas emociones para encontrar allá que es un como un festival permanente del corazón, de los ojos, de los oídos, del olfato.
Todo eso lo describe usted en sus libros.
Te cuento que cuando escribo algo sobre la India, pongo un cartón frente a mi mesa que dice "Olores, colores, ruidos". Cada vez que describo una escena de ese lugar, me pregunto qué se puede oír, qué se puede oler, qué se puede ver. Es un país multidimensional y es lo que he tratado de plasmar en los libros que he escrito sobre él, Esta noche la libertad, La ciudad de la alegría, Era medianoche en Bhopal y, ahora, India mon amour, que es como la suma de mis años allá, las aventuras que he vivido y la gente fantástica que he conocido.
La India también lo llevó a ser un periodista comprometido con la realidad que narra, ¿no es así?
Después de pasar dos años en un barrio de chabolas de Calcuta, para escribir La ciudad de la alegría, entendí que no tenía que ser solo un escritor, sino también un actor en busca de cambiar las injusticias que denunciaba en mis libros.
En eso tuvo que ver mucho la madre Teresa de Calcuta...
En efecto, fue la madre Teresa quien me dijo: "Dominique, no basta con escribir libros de éxito. Es más importante trabajar en el campo de batalla de la pobreza". Fue como una voz que me llamaba a cambiar las injusticias. Yo la seguí por los barrios y fueron unos momentos fabulosos, descubrir a través de esa vieja señora una onda de amor. Encontré ahí las fuerzas de mi propia acción. Así que desde ese momento, hace ya 30 años, dedico los derechos de autor a organizar una acción humanitaria para cuidar niños leprosos, para construir pozos de agua potable, dar microcréditos, ayudar a mujeres a aprender a leer y escribir. En pueblos que ni existen en los mapas oficiales.
¿Esto tuvo que ver con su fe? ¿Usted es una persona creyente?
Soy creyente. Pero en esos pueblos he descubierto que musulmanes, hindúes, cristianos, los creyentes de todas las religiones, vamos en el mismo camino. La misma dirección hacia la salvación.
Usted escribe que hay dos Indias, que no se miran entre sí. Así es, está la India rica, la del 8 por ciento de crecimiento anual, la de la informática, la de los carros lujosos, la que exporta y se llama a sí misma país emergente. Pero está la otra India, de 200 millones de personas, que ni siquiera tiene acceso al agua potable. Una y otra no se conocen. La primera no se interesa en la segunda. Y me preocupa que venga un Gandhi nuevamente, no uno pacífico como el de años atrás, sino uno que llame a la revolución violenta. En ese caso, te digo que yo no quisiera estar allá.
¿Pero no se está acostumbrando la India pobre a recibir todo de ayuda, a cierto paternalismo?
Para nada. Es gente que lucha contra su situación. Allá me enseñaron un proverbio extraordinario, del poeta Tagore, que dice: "La adversidad es grande, pero el hombre es más grande que la adversidad". La gente de allá es gente que lucha, que trabaja, que tiene muchas limitaciones pero no duda en compartir con los más pobres entre ellos. Y que no se desespera. Ellos me dan a mí todas las vitaminas necesarias para continuar.
Es autor de libros que se volvieron 'best-sellers'. ¿Cómo se siente al ser tan leído en el mundo?
El hecho de saber que tienes millones de lectores en todos los idiomas es una cosa extraordinaria. Durante mi vida de escritor he recibido más de un millón de cartas de personas que me dicen, entre otras cosas, que mis libros les han cambiado sus vidas, sobre todo La ciudad de la alegría. Eso para un escritor es maravilloso, y también un compromiso muy grande.
¿Para usted todo el que ejerce periodismo debe comprometerse con la realidad que narra?
Un periodista que es solo un espectador no vive la historia que describe. Considero que los que ejercemos este oficio también debemos ser actores en busca de modificar las situaciones que describimos en nuestros artículos. En un país como Colombia, que conozco y quiero mucho, me parece que eso es absolutamente importante.
Prácticamente ha recorrido el mundo. ¿Por qué su deseo tan temprano de viajar?
No quería ser un funcionario en un ministerio. Mi padre era diplomático y él pretendía que yo fuera lo mismo que él, pero me negué. Yo deseaba conocer el mundo. Y desde siempre tuve una cualidad que para mí es fundamental en el periodismo: la curiosidad. Quería viajar, conocer gente, descubrir historias. Tengo 81 años, y sigo preparado para continuar haciéndolo.
En ese camino se encontró con el periodista Larry Collins, su compañero en el oficio...
Con Larry fue una luna de miel de cuarenta años de trabajo. Una colaboración magnífica que enriqueció nuestros libros. Él era americano; yo soy europeo. Era la suma de dos culturas diferentes, de dos puntos de vista distintos sobre las historias, lo que ayudaba a hacer nuestro libros más potentes.
¿Cómo hacían cuando no se ponían de acuerdo? Porque seguramente eso pasó alguna vez...
Discusiones, muchas. Sí. Pero teníamos un truco magnífico para arreglar nuestras situaciones de conflicto: construimos un campo de tenis en la frontera de nuestras casas, en el sur de Francia, y cuando teníamos un problema que no podíamos soluciona de forma intelectual, jugábamos una partida de tenis. El que la perdía, perdía el argumento. Eran juegos muy parejos, de tres o cuatro horas, porque ambos teníamos la misma fuerza.
También ha escrito con otros autores, como el español Javier Moro, su sobrino.
Con Javier escribí en el 2001 Era medianoche en Bhopal, porque quise tratar de entender cómo es posible que en nuestro tiempo pudiera ocurrir una tragedia de esa naturaleza, la peor tragedia industrial del siglo XX. Mi sobrino quería colaborarme, y desde ese momento él también se interesó en la India.
Con su larga experiencia, ¿cómo ve el periodismo hoy?
Muy diferente al de antes, cuando tenías semanas enteras para escribir una historia. Hoy es esencialmente instantáneo, con el Internet, la televisión. Y esta forma instantánea de trabajar no exprime la realidad como corresponde. El periodismo necesita un tiempo de reflexión para confirmar, analizar, y hoy a veces eso no se puede hacer. A mí lo que me gusta es tomarme mi tiempo para escribir realmente sobre un episodio o un momento de la historia de una manera total.
¿Quiénes fueron sus maestros?
Nombraría a Ernest Hemingway o a André Malraux, para citar solo unos. Mis grandes maestros han sido grandes novelistas.
¿Cómo es su trabajo hoy?
Trabajo como en el antiguo tiempo. No tengo iPad, nada de eso. Tengo un bolígrafo con tinta azul y cuadernos en los que tomo notas. Lleno cuadernos y cuadernos. Después, escribo a mano y luego mi esposa, Dominique, lo pasa al computador. (Ella es 'la gran' Dominique; yo soy 'el pequeño' Dominique'.) Algo importante para quien me lee es que los derechos de autor de mis libros van para ayuda humanitaria de niños leprosos en la India.
Usted tuvo un cáncer. ¿Cómo sigue su salud?
Estoy bien. Y toco madera, como decimos nosotros. Acabo de regresar del sur de España, donde hice la Peregrinación del Rocío, montando a caballo, que es una de las grandes alegrías para mí.
Me gusta mucho la energía de estos encuentros donde más de cincuenta mil personas nos reunimos a peregrinar. Estoy pensando en hacer de ese tema una crónica o un libro. Quizá se llame Rocío mon amour.
María Paulina Ortiz
Redacción EL TIEMPO

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