La conmovedora transformación de un habitante de calle

La conmovedora transformación de un habitante de calle

Josete, que deambula en España, quiere recuperar su vida. Su primer paso fue cambiar de apariencia.

Cambio de habitante de calle

Josete, de 55 años, cayó en depresión y cuenta que desde ese momento se "echó a la calle".

Foto:

Facebook La Salvajería

17 de marzo 2017 , 10:24 a.m.

José Antonio es un habitante de calle que ha pasado los últimos años de su vida cuidando carros en calle Costa i Llobera, en Palma de Mallorca (España).

A los 55 años, Josete, como es conocido por los vecinos de ese sector, recibió la ayuda de una peluquería del lugar tras conocer que él quería que su vida tuviera un giro.

La Salvajería, nombre de la peluquería, le ofreció un radical cambio de look para mejorar su aspecto.

Josete accedió, teniendo en cuenta que consideraba que esto podría ayudarlo a conseguir un trabajo como electricista, su oficio antes de convertirse en un habitante de calle, o mejorar sus condiciones de vida, pues lo poco que gana a diario apenas le alcanza para pagar la habitación donde duerme.

Salvo García, dueño de la peluquería, al comenzar el cambio de look de Josete le pregunta que si quería verse en el espejo que es adornado por unas puertas al estilo ventana. “Las cerramos para ver sí, cuando se vuelvan a abrir, es como si realmente se abriera algo más en mi vida”, dice el hombre.

El proceso de cambio de apariencia se intercala con imágenes de un día común de Josete trabajando en la plaza del Mercado, donde relata cómo empezó ese estilo de vida al entrar en un profundo estado de depresión.

“Es un estado depresivo. Tu ánimo, tu estado no es el más corriente y te echas a la calle”, cuenta Josete.

En el relato, Josete dice: “Yo soy feliz conmigo. Soy feliz conmigo porque me quiero mucho, pero no puedo ser feliz con la vida que tengo. Aparcar coches y estar así, no hace feliz a nadie”.

Para el cambio, cuenta que hay que empezar con la estética, aunque sabe que no solo va a transformar su vida con un nuevo look.

Luego de acabar con su cambio de apariencia, Josete abre las ventanas, se sorprende, se acerca al espejo y dice: “Dios mío, no me reconozco”.

Josete viste ropa nueva, lentes de sol, tiene el cabello pintado, se ve rejuvenecido y su sonrisa habla por sí sola. “No es José Antonio, no me van a reconocer”, narra.

ELTIEMPO.COM

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