¿Rendirse? ¡Nunca! ¡Jamás! / Opinión

¿Rendirse? ¡Nunca! ¡Jamás! / Opinión

Nadie puede prever el futuro, pero sí podemos decidir nunca rendirnos en el presente.

Alexandra Pumarejo regresa a EL TIEMPO

Alexandra Pumarejo tendrá nuevamente un espacio EL TIEMPO.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / Archivo EL TIEMPO

22 de agosto 2017 , 06:51 p.m.

Es de conocimiento popular, porque la severidad de los entrenamientos ha sido tema recurrente en las películas, que los Navy Seals son el cuerpo élite de la Marina de los Estados Unidos. Para ingresar a este selecto grupo de soldados hipercalificados, los aspirantes deben sobrevivir a un entrenamiento de seis meses, tan arduo que solo finalizan 250 de los 1.000 que empiezan. Las pruebas son emocional, psicológica y físicamente brutales, y están diseñadas para llevar a estos soldados a sus límites máximos en cada área.

Este entrenamiento y sus participantes han sido fuente de un sinnúmero de estudios, tanto para entender las características de quienes logran terminarlo como las de los que se rinden.

Los resultados son fascinantes. No me quiero detener mucho en los ganadores, soldados que tienen determinación, tenacidad, compromiso y fortaleza mental, física y emocional. Mejor resaltar un dato curioso de los desertores. Es frecuente que cuando un soldado ya no puede más, lo único que debe hacer es tocar una campana tres veces. No tiene que hablar con nadie ni dar explicaciones, simplemente coge sus cosas y se va.

La lógica diría que la mayoría toca la campana en uno de los tantos ejercicios intensos, desafiantes y muchas veces inhumanos a los que los someten… pero resulta que la mayoría se da por vencida a la hora del desayuno y del almuerzo.
¿Por qué? Los estudios demostraron que estos superhombres, que sin excepción son anormalmente fuertes, inteligentes y dueños de un tesón excepcional, se rinden anticipándose a lo que van a tener que enfrentar y no cuando están soportando el dolor y el sufrimiento de las pruebas.

Es decir que se dejan vencer por lo que la mente les dice que podría pasar más adelante, y no por lo que realmente están sufriendo.

Esto mismo nos pasa a diario. En la vida laboral, emocional y sentimental nos rendimos antes de meternos realmente en el meollo de los problemas. Nos preocupamos tanto de todo lo que podría pasar mal que olvidamos gozarnos lo que está pasando bien. Permitimos que la mente nos haga la mala jugada de anticipar el fracaso y el dolor, sin siquiera tener la certeza de que va ocurrir.

Muchos decidimos cerrar el corazón por la aprensión a que nos lo rompan, y nos negamos la oportunidad de enamorarnos. Otros no se lanzan a salir de su zona de confort en el plano laboral por miedo a fracasar. Muchas veces, incluso antes de que nuestros hijos salgan de casa, les cortamos las alas por pánico. Nadie puede prever lo que va a suceder en el futuro, pero sí podemos decidir nunca rendirnos en el presente.

ALEXANDRA PUMAREJO
@detuladoconalex

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